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El juego de la percepción

por Bernardo Cuevas, alumno de la Escuela de Comunicación

Empecemos con un ejemplo; estás de vacaciones con tu familia en el bosque, no tienes señal, no hay nada que hacer, no hay nada cerca y te aburres, te pones a tomar fotos de todo lo que ves: árboles, animales, montañas a lo lejos, tal vez alguna que otra selfie con tus hermanos o con tus papás… De pronto las vacaciones terminan y regresas a casa.

Cuando llegas, lo primero que haces es subir las fotografías de tus vacaciones y nunca falta el amigo que comenta “qué bonito lugar, se ve increíble” a lo que tú respondes “es un gran lugar, hay tantas cosas por hacer y ver… Deberíamos ir algún día”.

¿Qué paso aquí? Te aburriste en el bosque, pero la percepción que tus amigos tienen de tu viaje es que te la pasaste muy bien.

Aunque suene extraño, esto es más común de lo que pensamos. Mucha gente tiende a manipular la información a su antojo. A veces sólo se trata de cosas insignificantes, exageran una cita, por ejemplo, y le hacen creer a la gente que fue la mejor cita del mundo. En estos casos no hay problema, todos tendemos a exagerar las cosas que nos molestan o entusiasman, el problema se da cuando se manipula la información que sí puede llegar a afectar a alguien o a algo.

¿Cuál es la necesidad de modular la información? Si nuestras vacaciones fueron aburridas ¿cuál es el problema con eso? Si nuestra cita no fue tan increíble ¿por qué no decirlo como es? ¿Por qué tendemos a cambiar las cosas, a decir verdades a medias y a exagerar?

Me pregunto si en la década de los años 50 o 60, la gente hacía lo mismo. La verdad es que no podemos afirmarlo o negarlo del todo, seguramente había gente que lo hacía, pero no a semejantes niveles. Hoy en día con internet es tan fácil manipular la información que cualquiera puede hacerlo, es más, Wikipedia, la página favorita de los estudiantes no es más que la manipulación descontrolada de la información, me refiero a que cualquier fulano puede entrar a Wikipedia y decir que Chuck Norris es el mesías, claro que la gente sabe que eso no es cierto, pero ¿qué tal si alguien cambia los años de algún acontecimiento? ¿Qué pasa si agrega o quita muertos de algún accidente? o si se inventa un altercado que no existo o tal vez no de la manera en que lo cuenta; en ese caso tal vez sí exista gente que se lo crea y lo asuma como cierto.

Otro ejemplo es Facebook, hay quien dice que nadie es tan guapo e inteligente como su perfil lo asegura y es cierto, Facebook es una plataforma a la que subimos lo que queremos que la gente sepa de nosotros. En Facebook todos somos intelectuales, simpáticos, extrovertidos, guapos, agradables etc. ¿Por qué jamás subimos las cosas vergonzosas o las cosas que no nos gustan de nosotros o de los demás? se supone que Facebook es una herramienta para compartir tu vida ¿cierto? entonces ¿por qué sólo compartimos una parte de nuestra vida? ¿A qué le tenemos miedo?

Existe un experimento muy interesante que realizó una mujer hace algunos años. Hizo creer a toda su familia que estaba de viaje en Asia, mediante fotos en Facebook, estados en WhatsApp y tweets. Durante varios meses esta mujer publicó cualquier tipo de cosas relacionadas con su viaje y mientras su familia pensaba que estaba en Asia, en realidad estaba en la misma ciudad a unas cuadras de distancia.

Esto sólo nos demuestra que es muy fácil hacerle creer a la gente lo que queremos que piense.

Hay estudios que afirman que se debe a una cuestión psicológica, ayuda la autoestima, nos hace sentir acompañados etc. en ocasiones manipulamos información para sentirnos mejor con nosotros y aparentar ser quienes no somos.

Dentro de las redes sociales la manipulación también puede ser peligrosa, es decir, hoy más que antes, internet se ha vuelto peligroso y no sólo por el cyber bulling, sino también por los secuestros y fraudes. No sólo se manipula la información para quedar bien, sino también para beneficio personal.

Hasta ahora sólo he hablado de casos personales, pero que hay de la manipulación de masas. ¿Qué pasa cuando se manipula dicha información con fines económicos, políticos, etc.? Digámoslo así, ya no hablamos de Wikipedia, hablamos de Wikileaks, ya no hablamos de Facebook de una estudiante de secundaria o prepa, hablamos de Facebook de Obama o de Peña Nieto o de Dilma Rousseff.

En estos casos la temperatura sube ¿cierto?

Cuando se trata de estos temas, la manipulación no sólo afecta a algunos sino a una sociedad completa; en muchos casos los políticos, empresarios y simpatizantes entre otros, modifican la verdad para cumplir con un objetivo.

El problema es que esto se ha vuelto una costumbre y hoy en día ya no podemos estar seguros de que información es verídica y cuál no lo es.

Claro que hay gente conocedora que indaga más allá, pero el común de la población se cree lo que se le dice, de este modo, vivimos en una sociedad de masas, en donde todos son seguidores.

Por ejemplo: los conflictos de Medio Oriente, en las noticias escuchamos las atrocidades que sufren los ciudadanos de aquellos países y lo crueles que son sus presidentes (y aunque no dudo que algo de eso sea cierto) la realidad es que de por medio hay muchos intereses políticos, económicos y sociales.

¿Conocemos el mundo o creemos que lo conocemos? Esa la pregunta de los 64 mil pesos.

Mediante estas técnicas, los líderes del mundo no sólo logran ajustar la percepción a su favor, sino controlar el pensamiento y en algunos casos controlar a ciertos grupos sociales. Algo así como control mental, sé que suena a película de espías, pero el control mental no es tan ficticio como creemos, hoy en día es muy fácil cambiar la percepción de alguien sobre algún tema y no sólo eso, sino llegar al grado en que la persona defiende completamente a dicha persona, hecho o postura.

El ex-analista de la CIA, Edward Snowden, reveló hace tiempo el método con el cual las agencias de inteligencia manipulaban información a voluntad con distintos propósitos. No debería sorprendernos que alguien más use estos mismos métodos. (Para más información http://www.viamm.com/2014/07/15/snowden-revela-herramientas-para-manipular-informacion-online/)

Nos queda claro que todos manipulamos la información para controlar algo o a alguien.

https://www.youtube.com/watch?v=_AQVnvHvty8

Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿qué tanto manipulamos la información? y ¿qué tanto podemos creer en lo que nos dicen?

Referencias

http://media-youth.org/index.php?option=com_content&view=article&id=15&Itemid=15&lang=es

http://www.viamm.com/2014/07/15/snowden-revela-herramientas-para-manipular-informacion-online/

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Formaciones futbolístico – empresariales

Por Ricardo Medina, director de Factor Delta y profesor del Doctorado de Administración.

Con la Copa Mundial de Fútbol casi omnipresente, se ha vuelto claro para todos que el evento ha traspasado las directrices comerciales de los organizadores para convertirse en un claro foro de expresión social.

Más allá de la fuerza física, habilidad técnica y entereza mental de los equipos que requiere el deporte, la Copa desata pasiones encontradas pues no sólo es un gran ejemplo como sucedáneo de pasión violenta para las mayorías (Huxley, 2007), sino también objeto de rivalidad explosiva (Roffé, 2010) y ahora espacio para la denuncia frente a la polarización social, la actividad criminal y la oposición ideológica. La atención concentrada genera noticias y asociaciones que nada tienen que ver con lo futbolístico, rebasan por medios sociales a cualquier línea editorial y se graban en la mente de las audiencias. Como ejemplos de ruptura del idilio están la niñez y los estadios. El evento ha permitido que muchos adultos descubran que la niñez sigue siendo explotada para mendicidad, prostitución, robo al transeúnte y espionaje por redes criminales, así como que es metódicamente asesinada por supuestos sanitizadores urbanos: realidad atroz, y sucediendo tan cerquita de una hermosa cancha de fútbol. Y por su parte las inversiones arquitectónicas provocan también encono, pues hay quien alega con justa razón que una escuela tiene prioridad sobre un estadio.

La implicación para la empresa es cada vez más clara. Como empresarios deseamos marcas impecables, rodeadas exclusivamente de asociaciones positivas. Pero el diálogo público pone de manifiesto que la realidad no puede ser soslayada más, ni siquiera con inversiones multimillonarias en infraestructura, diseño de producto y comunicación. Nos toca ahora decidir si nuestra empresa habrá de recluirse en el espacio controlado de la marca, responder con hechos a la realidad social resultado de su actividad o ubicarse proactivamente como agente transformador del entorno, aunque algunos problemas que vive no hayan sido generados por sí misma.  ¿Haremos cambios, o saldremos a la cancha del mercado con la misma formación?

Ricardo Medina es director de Factor Delta, un despacho dedicado a perfeccionar el crecimiento empresarial, haciendo uso entre otras cosas de herramientas de mercadotecnia científica.  Contáctalo por correo a ricardo@factor-delta.com o en Twitter a @rickmedinac

 

Lecturas adicionales:

Huxley, A. (2007). Un mundo feliz. Edhasa.

Roffé,M & Jozami, J. (2010). Fútbol y violencia. Lugar.

Shaw, W. (2008). Business Ethics. Thomson

 

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“Malala, una historia que apenas inicia

Por Patricia Ruiz, Coordinadora de la Escuela de Relaciones Internacionales

 

“LA ASAMBLEA GENERAL de las Naciones Unidas, proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.”

 

Bienaventurados aquellos que tienen educación y que tienen la oportunidad de conocer, entender e incluso, exigir el respeto y reconocimiento de sus derechos. Viviendo en un mundo donde el desarrollo social, el crecimiento de la economía, la desaparición de la guerra y la pobreza; y la unión de los pueblos, son deseables en toda agenda, y a veces parece olvidarse que, a pesar de los avances que el ser humano ha logrado, aún existen muchas naciones en donde estos anhelos son sólo utopías. Lugares en los que miles de mujeres, niños, hombres y ancianos simplemente se aferran a la ilusión de lograr despertar vivos un día más y, si es posible, al lado de sus seres queridos.

 

Es en este escenario donde el 9 de octubre del 2012, apareció en la primera plana de diversos periódicos del mundo, una historia real que parece sacada de un mal sueño. En un pequeño pueblo de Pakistán, una niña de apenas 14 años que vivía rodeada de ríos cristalinos y montañas, vio en una tarde cómo su vida, sus sueños y sus aspiraciones, se convirtieron en una pesadilla, cuando el régimen Talibán prohibió a las mujeres seguir estudiando.

 

Sin embargo, Malala Yousafza no estuvo dispuesta a aceptar la arbitrariedad y el abuso del fundamentalismo Talibán. Viviendo en el pequeño Valle de Swat, inspirada por el ejemplo que su padre le dio desde el día en que llegó a este mundo, se convirtió en una férrea creyente de la importancia que la educación representa para el desarrollo de la sociedad. Se convirtió así, en una activista digital que, teniendo como única “arma” una computadora con acceso a internet, encontró en la red el medio perfecto para gritarle al mundo lo que cada día en ese mismo valle se empezaba a vivir tras la llegada del Talibán. Malala se convirtió así en una voz valiente que se hizo escuchar, superando el miedo y los arteros atentados contra su propia vida. Encontró su causa, y estando dispuesta a dar la vida por ella, nos dejó a todos una lección de dignidad y valor.

 

Sin importar la raza, color de piel, creencias religiosas, sexo, idioma, opinión política, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición; Malala tiene la claridad de la que muchos carecemos, simplemente porque damos por sentados todos los beneficios de la libertad. A diferencia de nosotros, ella cada día se levanta con la necesidad imperiosa de luchar y trabajar desde su propia trinchera para hacer valer sus derechos, que a pesar de que en teoría son inalienables a todo miembro de la familia humana, no nos atrevemos a aceptar que no se reconocen de la misma manera y que no necesariamente se respetan en cada rincón del globo.

Bien dice la propia Declaración Universal de Derechos Humanos arriba citada, que se debe trabajar por “la defensa y promoción de los derechos de las personas y sus libertades fundamentales como condición necesaria para la paz, la comprensión y el desarrollo, distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de los territorios”. En pocas palabras, es deber, compromiso y obligación de toda persona, país y/o institución, el trabajar en línea con estos objetivos: por ellos y para ellos.

 

A su corta edad, Malala tiene clara una misión, y se ha dado a la tarea de fijarse objetivos para lograrla. Es por ello que su trabajo ha sido galardonado con diversos premios a nivel internacional, que sin duda reconocen la importancia de sus sueños y el valor que han tenido sus palabras y acciones, como un recordatorio para muchos de que la construcción de un mundo donde se respeten los derechos humanos no ha llegado a su fin, ya que la meta que los países miembros de la Asamblea General se propusieron hace ya 65 años para cambiar el status quo y poder llevar paz, libertad y justicia a todos, está aún lejos de haberse alcanzado.

 

Ya pasó un año del incidente que trajo la historia de Malala a la luz pública, ya muchos conocen su historia, pero esa notoriedad no significa que los cambios necesarios para evitar que ese tipo de acontecimientos vuelvan a ocurrir sean una realidad. ¿Trabajo de quién es? ¿En quién o qué recae la responsabilidad? En cada país y en cada Institución, pero también ¡en cada uno de nosotros! Tomando conciencia del peso de nuestras acciones, dejando la indiferencia al lado, y recordando que hay muchas Malalas afuera sin acceso a la educación. Y aunque ella hoy es un ejemplo para todos nosotros, no podemos ignorar que de igual manera existen otro tipo de “Malalas” con diferentes luchas diarias igual de difíciles, pero que tal vez no encuentran la fuerza, no tienen el apoyo, no cuentan con la fortaleza o las herramientas necesarias para darse a escuchar y enfrentar su lucha contra el hambre, o contra la violencia física, el abuso sexual, la discriminación racial o la pobreza. El mundo está lleno de Malalas que no tienen padres, que viven sin sueños, con hambre y sed de justicia, sin un techo, sin que nadie se preocupe por su futuro y sin que se respete su dignidad.

 

Hoy somos testigos y se nos da la oportunidad de escuchar y aprender del testimonio y la historia de la persona más joven en ser nominada al Premio Nobel de la Paz. Y aunque el 2013 está por llegar a su fin, no podremos olvidar las lecciones que la vida y lucha de Malala nos dejan. El 2013 se convierte en un año importante para las Relaciones Internacionales, ya que nos trajo a una pequeña niña, de ahora 16 años, que se atrevió a levantar la voz y luchar por sus derechos y su dignidad. Con ello, logró renovar en muchos de nosotros el compromiso por retomar las bondades de nuestra profesión como internacionalistas: el hacer de este mundo un mejor lugar para vivir, a través de la búsqueda de la paz, la libertad y la justicia para todos.

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