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Archive for the ‘Filosofía – Humanidades’ Category

Ciencia y religión conviven en Magdala

A través del análisis de residuos químicos obtenidos en las excavaciones del Proyecto Arqueológico Magdala se ha logrado nueva información sobre las prácticas religiosas judías del siglo I en Israel.

El Proyecto Magdala inició en 2009 cuando la Autoridad de Antigüedades de Israel descubrió en la antigua ciudad de Magdala, en Galilea, Israel, una sinagoga fechada para el siglo primero. Desde 2010 la Universidad Anáhuac México Sur, a través de la arqueóloga y académica Marcela Zapata, dirige las excavaciones en convenio con el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Con una visión científica y una metodología interdisciplinar, Cranteenfoques rituales, brindando informacie cumple durante dos años se llevaron a cabo excavaciones extensivas, invirtiéndose posteriormente dos años más en el análisis de materiales y muestras. Uno de los objetivos del proyecto consiste en identificar y conocer los patrones de conducta de los habitantes de Magdala, distribución de actividades, usos y costumbres de rituales domésticos.

Dentro de los descubrimientos hechos hasta ahora destaca un espacio que se compone de 3 baños rituales (miqwa’ot), un piso de mosaico y  dos cuartos conectados entre sí por un pasillo con mampostería de basalto trabajado con gran técnica y detalle. Cerca de 160 muestras de tierra fueron tomadas durante las excavaciones de este contexto y se han analizado en el Laboratorio de Prospección Arqueológica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a cargo del Dr. Luis Barba Pingarrón. Los resultados de los análisis químicos fueron presentados como tesis de Licenciatura del Mtro. Rodrigo Ortiz, donde expone una serie de mapas interpretativos (Fig. 1), a partir de la distribución espacial de los residuos orgánicos e inorgánicos, con los que desarrolla la teoría de un patrón de circulación dentro del área ritual y el consumo de ciertos alimentos antes y/o después de la purificación.

Gracias a los análisis químicos se obtuvieron resultados de presencia de fosfatos, residuos proteicos, residuos grasos y carbonatos. En la interpretación del área ritual los altos valores de carbohidratos pueden estar relacionados a alimentos ricos en celulosa, almidones y azúcares, tales como cereales (cebada, centeno y avena) y bebidas fermentadas procedentes de frutos como uva, higo, dátil o granada. Los valores de ácidos grasos se relacionan a los desechos del cuerpo en el rito de purificación-limpieza, ya que en la antigüedad parte de la rutina de higiene consistía en untar aceite en el cuerpo antes de la inmersión en un baño. En el caso de ser una inmersión ritual, cómo sucede en Magdala, el patrón de circulación de lo puro y lo impuro debe estar delimitado. De esta forma la interpretación de los análisis químicos aporta información al contexto arqueológico de Magdala y también se suma a la evidencia arqueológica de sitios tan destacados en la religión judía del Siglo primero cómo lo son Jerusalén y Qumram.

El conocimiento de la distribución de espacios, el uso que se le daba en la antigüedad y el orden de circulación dentro del área ritual confirma, arqueológicamente, lo que es conocido en los textos antiguos judíos como la Mishnah y la Tanaj, donde se relata la construcción, mantenimiento y uso de los baños rituales, y brinda nueva información sobre las costumbres religiosas del Siglo Primero en Israel.

Más información sobre el Proyecto Magdala:

Tel. 5628 8800, ext. 117

Marcela Zapata, marcela.zapata@anahuac.mx

Rosaura Sanz, rosaura.sanz@anahuac.mx

Laicidad y laicismo, una encrucijada cultural

Por: Maru Cárdenas, profesora del departamento de Humanidades

Dos visiones en pugna

Una madre finlandesa molesta e indignada invocó la laicidad del estado en pleno siglo XXI para pedir que removieran todos los símbolos religiosos de los salones de clase en la escuela donde estudiaban sus hijos en Padua. El problema tuvo eco internacional y se resolvió con la decisión del Consejo de Estado Italiano, en una sentencia que afirma que el crucifijo no viola la laicidad del Estado pues se considera un elemento cultural, acorde a las costumbres del Pueblo. Algunos celebraron la decisión, otros enfurecieron aún más.[1]

En septiembre de 2009, el Senado Francés, votó casi por unanimidad por el veto de la burka en lugares públicos. Después de seis meses de pedagogía, las mujeres serán multadas con $150 euros y  quien las obligue a llevarla será llevado a prisión. Más del 80% de los franceses apoyaron esta iniciativa. “Este apoyo se explica por la forma en la que los franceses consideran la cuestión de la laicidad”, explica Stéphane Rozès, politólogo y profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París. “La laicidad que entiende que cada uno existe como individuo y no como integrante de una comunidad o etnia”. Este es, de hecho, el principal argumento político defendido por la ministra de Justicia, Michelle Alliot Marie, al inicio del debate celebrado en el Senado. “El velo integral disuelve la identidad de una persona en la de una comunidad, expresa la voluntad de poner en marcha una visión comunitaria de la sociedad”.[2] Estados Unidos a través del informe anual de la Secretaría de Estado sobre la libertad religiosa en el mundo en noviembre de 2010 criticó a Francia por la medida tomada.  Michael Posner, secretario de Estado adjunto para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo,  opinó que la intolerancia religiosa es un problema creciente en Europa, se refirió a la prohibición del burka  en Francia e insistió que EEUU apelará e irá “a tribunales para hacer cumplir el derecho de las mujeres y niñas musulmanas a llevar un burka, también en la calle y en las escuelas”.[3]

En México el debate no es menos acalorado, con la redefinición de libertades y nuevos derechos propuesto por el PRD se ha avivado la discusión en torno al estado laico. En un foro organizado por el Gobierno del Distrito Federal Lorenzo Córdova, investigador y catedrático de la UNAM afirmó:

Benito Juárez rompió con el monopolio de la Iglesia y su intromisión en los asuntos del Estado, para heredarnos un verdadero México libre y soberano, donde se pudieran dar las condiciones de igualdad y equidad que hoy gozamos, en un marco de respeto a las diferencias y a la pluralidad de pensamiento.  La defensa de la laicidad es fundamental en nuestro días, pues el debate sobre la despenalización del aborto, y el matrimonio entre personas del mismo sexo nos ha mostrado en tiempos recientes el rostro más iracundo e intolerante de la Iglesia católica, que ha convertido a sus verdades sobre el tema como el motivo de esta nueva cruzada que raya continuamente en la ilegalidad, como ha ocurrido con las amenazas francas, abiertas e impunes en contra de quien piensa distinto a ellos”[4]

Hace unos meses la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de reforma al artículo 40 constitucional para declarar que la República Mexicana es laica. Falta la ratificación del Senado. ¿Qué entiende el poder legislativo por tan importante adjetivo? La discusión en el pleno ha sido larga y complicada. Parece que unos se aproximan más a al laicismo, otros a la laicidad.

Turquía, España, Holanda, Canadá y muchos países más, cada uno desde su identidad cultural se plantea y debate cómo vivir el estado laico. Parece que en medio del caos dialectico subyacen dos visiones en pugna, una propuesta por la laicidad, otra por el laicismo. En el fondo son dos propuestas antropológicas, cada una opta por una filosofía que necesariamente atropella la otra. Entre acusaciones mutuas de intolerancia, imposición ideológica, bajo la misma bandera de la libertad, hombres y mujeres libran hoy una batalla cultural.[5] Bajo la apariencia de un discurso con miras trascendentes que invoca el progreso, el bienestar, el desarrollo se presenta una mentalidad inmediatista. El debate a nivel legislativo y político suele quedarse en la superficialidad, en la mayoría de las participaciones es irrelevante la opinión del pueblo o la búsqueda de una verdad.  Es curioso que aunque la experiencia cotidiana muestra que ningún ser humano puede vivir sin algún horizonte trascendental, la agenda política de algunos consiste en recortar las miras e interpretar la realidad de un modo inmanente. En un simulacro de dialogo, las distintas posiciones se radicalizan y la tolerancia desaparece. De no tomar otro rumbo el problema terminará reduciéndose a un problema de derecho, poder y autoridad.

El primero de enero de 2011 Benedicto XVI señalaba en su mensaje de paz a todo el mundo “hoy existen dos tendencias opuestas, dos extremos negativos ambos: por una parte el laicismo, que de forma a menudo oculta, margina la religión para confinarla a la esfera privada; por otra el fundamentalismo, que en cambio querría imponerla a todos con la fuerza”.[6]

Es conveniente buscar partir de la realidad humana, atreverse a llamar a las cosas por su nombre, definir con claridad qué se entiende por laicidad, qué se entiende por laicismo, y qué consecuencias tiene una y otra postura. Que cada persona apueste por lo que mejor le parezca con la congruencia debida. No da igual impulsar una visión o la otra. En un mundo multicultural como el actual la falta de puentes que permitan el dialogo auténtico y el desarrollo de la propia libertad es fuente de serios problemas como la violencia, y la desesperanza.

*** Sigue leyendo aquí:http://ols.uas.mx/a/pdf/Laicidad_y_laicismo.pdf


[1] El crucifijo en la escuela no viola la laicidad. Zenit. org 028/06

[2] El País.com Francia veta el ‘burka’ en la calle con un respaldo abrumador ANA TERUEL – París – 15/09/2010

[3] El Pais.com EE UU llama la atención a Europa por sus restricciones a la libertad religiosa AGENCIAS – Madrid – 18/11/2010

 

[4] “Festeja GDF 150 años de la libertad de culto” Nota de Silvia Arellano en el Periódico Milenio Diario el 5 de Diciembre de 2010 pág. 37

 

[5] Según Luis Garza Medina en la conferencia titulada La batalla por el alma del mundo, dictada en la Universidad Anáhuac México Sur en 2007 se puede entender la cultura como “el conjunto de acciones, reacciones, pensamientos y concepciones de un grupo de personas que llega a formar cierta clase de subconsciente colectivo (…); no solamente es lo que sucede, sino también el modo como la gente evalúa lo que sucede”.

[6] Benedicto XVI: la libertad religiosa, reto dramáticamente urgente Zenit 1 de enero de 2011..

El éxito o fracaso del oráculo o por qué el que busca no siempre encuentra

Por: Maru Cárdenas, profesora de Humanidades

 

“Juzgo a un hombre por sus preguntas

en lugar de juzgarlo por sus respuestas”.

Voltaire

En la antigua Grecia, el oráculo de Delfos era visitado por personas de toda edad y condición. En el recinto sagrado de Apolo, ricos y pobres, reyes y campesinos,  buscaban  respuestas y certezas. Las preguntas no eran consideraciones banales, abstractas, sino interrogantes vitales que esperaban una “indicación” para decidir el rumbo a tomar.  Tenían tanta fe en el oráculo que creían en su infalibilidad, si el futuro salía contrario a lo predicho, atribuían el problema a la pregunta o la interpretación, no a la respuesta dada. Es conocido el caso de  Creso, rey de Lidia que ante la duda de atacar a Persia recibe la sentencia “Poderoso imperio  será destruido”. Con la confianza de que el destino está de su lado, se lanza al ataque y pierde. Su imperio fue el destrozado. ¡Lástima! Fue un error de interpretación.

El ser humano busca, pregunta y las preguntas importan mucho. Sea que ponga su confianza en la familia, en un amigo, en un adivino, en un científico o en Dios, el hombre no lo sabe todo y experimenta la necesidad imperiosa de buscar las respuestas. Siendo esta una actividad tan natural y habitual uno pensaría que todo ser humano pregunta y pregunta bien. Sin embargo, la experiencia, la historia muestra que no es siempre así.  A veces no se busca, a veces se busca mal.

El pensamiento débil, la indiferencia posmoderna, desanima a las personas en la búsqueda de la verdad.  Al niño preguntón se le ve como una molestia y pronto, con “educación”, modera sus preguntas a lo estrictamente necesario. El imperio de lo urgente prima sobre lo importante, lo práctico sobre lo teórico, lo que “me afecta directamente” lo enfrento, lo pregunto, lo demás se deja para la especulación de un ratón de biblioteca. La vergüenza del desconocimiento, el miedo al qué dirán o al ridículo, estanca a las personas que no se atreven a preguntar. Parece que en ciertos medios es mejor socialmente aparentar indiferencia que mostrar ignorancia. Se necesita interés y humildad para preguntar y no esconder las propias dudas e inquietudes en una fachada de conocimiento. Lo grave no es no saber, sino no preguntar.

En numerosas ocasiones el problema no es que no se pregunte, sino que se pregunta mal. La veracidad de la respuesta no garantiza nada si la pregunta no es atinada, pertinente. Actualmente en la red contamos con millones de datos, información desbordante; sin embargo, no es raro encontrar jóvenes que tras navegar en la red varias horas no encuentran la respuesta. ¿Sabemos buscar? En las universidades se escuchan muchas preguntas, que hablan más del que pregunta que del que responde. Alumnos que genuinamente quieren aprender, y también alumnos que quieren distraer la atención del tema, mostrar su inconformidad o su personalidad.  A algunos les encanta escucharse y después de una larga intervención el entrevistado no consigue identificar cuál fue la pregunta, si es que la hubo. Hay preguntas inteligentes, profundas y otras superficiales o evidentes, hay preguntas genuinas y otras intrigantes. Preguntas que ayudan a esclarecer el camino y preguntas manipuladoras que confunden más. “Disparar preguntas unas tras otras no tiene sentido si no se sabe lo que se quiere saber. Oír respuestas, por muy buenas que sean, de nada sirve si no se logra darles significado.” (Juan Morales)[1]. Cuando después de una clase no hay preguntas, lo más probable  es que el entendimiento haya sido escaso o el desinterés sea grande, a preguntas superficiales, entendimiento superficial.

 Sócrates era un experto en el arte de preguntar. Formulaba las preguntas correctas. Su método todavía influye en la cultura actual.  Sócrates provocaba con sus preguntas, no se podía tener un encuentro con él y quedar indiferente.  Era un experto en preguntas esenciales, con su método solía llegar al meollo de la cuestión, al corazón del asunto. A preguntar se aprende preguntando, conociendo más del tema, mejorando en el propio pensamiento exigiéndonos rigor, solidez y la mayor objetividad posible. Es imprescindible saber lo que se desea conocer y formular la pregunta con el menor número de palabras. La idea es generar un diálogo, no confundir al que responde.

La universidad es el lugar privilegiado para hacerse preguntas. Es el laboratorio de ideas por excelencia, es un momento y lugar importante pero no el único. Parte de la vida es crecer, conocer y solo estamos abiertos si preguntamos, si escuchamos, si nos interesamos. La calidad de las preguntas repercutirá en la calidad del pensamiento, y la calidad del pensamiento repercute en la calidad de vida. No cuestionarse implica jubilarse intelectualmente antes de tiempo. Animémonos a preguntar, a sacudirnos la indiferencia y la ignorancia, preguntemos y preguntemos bien.


[1] Morales Agüero , Juan. El arte de preguntar. Consultado en http://www.cubaperiodistas.cu/columnistas/juan_morales_aguero/17.htm el 30 de mayo de 2012.

Mexicanos al grito de paz

Por Víctor Hugo Cabrera , profesor de Humanidades

Mucho decimos al mundo que somos un país pacifista, quizá refiriéndonos al hecho cierto  de que en las últimas décadas no hemos tenido guerra o guerrillas tan contundentes y amenazadoras como en otros países, sin embargo, existen hacia el interior del país otros tipos de violencia bien conocidos por cada uno de nosotros ya que la vemos manifestada casi todos los días.

Aseguramos que queremos la paz, el problema surge con la inconsistencia a la hora de actuar. Las agresiones individuales de todos los días que saben a discriminación y las “pequeñas” injusticias que forman parte de la cotidianeidad son las contradicciones que deben hacernos reflexionar, ya que donde no hay congruencia de las actitudes personales no hay credibilidad hacia el exterior. Cabría preguntarse ¿qué prácticas deberíamos tener cada uno de los mexicanos para poder afirmar que amamos la paz?

La paz para Michael Ryan es “el estado de seguridad y orden de una comunidad apoyado por la ley…condicionada por factores que la fortalecen; la familia, el respeto a la vida, la defensa de la verdad y la solidaridad”. Así y reflexionado sobre ello, es que nadie se puede llamar pacifista si no práctica ciertas actitudes fundamentales basadas en el reconocimiento y respeto de ciertos principios que en definitiva garantizan el bien común entre los seres humanos, a saber: el respeto por cada vida humana, la promulgación y defensa de la verdad que parte de la certeza y de la evidencia de un hecho, la disposición de ayudar al que por alguna situación resulta el más desprotegido, procurándole lo justo y lo equitativo por su simple condición de persona perteneciente a una comunidad humana solidaria y civilizada, y una actitud más, la disposición para la confrontación de las ideas cuando existan desacuerdos o diferencias a través de un diálogo: maduro, intelectual, sereno y realista, ya que no podemos violentar a la persona por pensar diferente, pero si se vale disertar sobre sus ideas para darnos cuenta si conllevan errores de juicio que sobre la base de la realidad, invariablemente, perjudicarán el derecho de otros.

Consolidar una cultura de orden y seguridad exige educación, cuánta razón hay en la sentencia de Concepción Arenal cuando nos dice “Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”.

No nos permitamos el desánimo ante la encomienda de formar a las nuevas generaciones de mexicanos -nuestros niños y jóvenes- para que el día de mañana valoren el estado de derecho y el estado de procuración de bondad común al que todos estamos llamados. Si desde pequeños les desarrollamos hábitos de apertura amistosa en las relaciones interpersonales, amor a la patria, convivencia tolerante con responsabilidad social, les estaremos iniciando en el camino de la actitud pacífica.

Debemos también enseñarles la prudencia, entendida como el arte de saber medir las consecuencias de los propios actos, si se actúa con agresión o injusticia acabaré mal. Se debe reconocer que el límite de mi libertad es siempre la dignidad y el derecho de los demás, cuando atento gravemente contra mi propia integridad física, psicológica y espiritual o la de otros, estoy siendo imprudente, derivándose consecuencias para sí mismo, la familia y la sociedad.

Debemos darles ejemplo de personas justas, la justicia es darle a cada quién lo que le corresponde según sus méritos y esfuerzos, pero además procurando la salud, educación, protección y oportunidades de desarrollo a todo aquel que sin saberlo lo merece. La justicia y la equidad son los mejores medios para la paz social ya que cuando se suprimen con toda intención, las personas perdemos la confianza en la legalidad porque surge la exclusión de lo legítimo: el engaño, la traición, la manipulación, la omisión, el maltrato y el abuso son los medios predilectos de la desesperación y la inconformidad. “Cuando uno no sabe ser justo, no tiene derecho a ser severoLamartine

Parece que la acostumbrada violencia del más fuerte sobre el débil y el no querer renunciar a nuestro propio egoísmo para salir al encuentro de otros,  son el campo fértil para la indiferencia que tanto lacera la solidaridad humana. La centralidad en la persona y no en las cosas, el respeto de lo ajeno, el ver no sólo los derechos del otro sino también sus necesidades, el afán de hacer el bien a toda persona por la dignidad que posee serían el antídoto.

Otro grave problema, e insisto en la educación como la gran Vía della Conciliazione, es la falta de autodominio de sí mismo, debemos enseñar a los niños y jóvenes y nosotros mismos a controlar enojos que pueden llevarnos hacia la descarga iracunda contra aquel que nos ofendió, enseñarles a superar las frustraciones inevitables de la vida y a doblegar los sentimientos negativos mediante una inteligencia iluminada por razones y una voluntad fortalecida para actuar el respeto y la tolerancia. Este autocontrol o autodominio de sí mismo es madurez que se logra actuando de manera libre, pero con principios de eticidad y responsabilidad social. Es más inteligente y maduro aquel que no cae en provocaciones que el que responde impulsivamente a una agresión sin medir las consecuencias.

Dialogar y negociar son buenas alternativas si de acaso el conflicto o la divergencia aparecen en las relaciones humanas, muestra apertura y no necedad, realismo y no escepticismo. 

Por último, enseñemos la actitud del perdón que no significa olvidar la ofensa ya que naturalmente tenemos memoria, es dominar el deseo de herir, de lastimar, de cobrar venganza o humillar al que me hizo daño, en el entendido que casos muy difíciles es todo un proceso que necesitará de ayuda. La venganza empequeñece al que la práctica “el débil puede que nunca perdone. El perdón es atributo del fuerte” Gandhi.

Ya muchos han dicho que el perdón nace del amor, el grado máximo de solidaridad  que como humanidad podemos tener es cuando hacemos consciente que si amamos al prójimo como a nosotros mismos, la convivencia y la paz están aseguradas, “Aquel a quién el amor no toca, camina en la oscuridadPlatón

Dice Juan Pablo II: “La paz exige cuatro condiciones esenciales: verdad, justicia, amor y libertad”. Recordemos que en nuestras raíces como noble nación siempre han existido estos valores, simplemente ha llegado el momento de re-significarlos, educarlos y asumirlos cada uno de nosotros con responsabilidad. Somos más las personas que queremos la paz que los que generan la violencia.

Suena todo esto a un compromiso definitivo con nuestro querido México y es así, !Somos un país pacifista! quedaría fundamentado y las nuevas generaciones podrán gritarle al mundo con confianza y orgullo ¡Mexicanos al grito de Paz!

Entrevista al Dr. Mauricio Beuchot

Por el Mtro. Martín Hernández, director de la Facultad de Derecho, Facultad de Filosofía y Escuela de Relaciones internacionales de la Universidad Anáhuac México Sur

Mauricio Beuchot Puente es un destacado filósofo mexicano, fundador de la propuesta llamada Hermenéutica analógica. Es responsable del Proyecto Hermenéutica analógica y filosofía de la religión del PAPIIT UNAM, miembro de la Academia Mexicana de la Historia y también de la de la Lengua, investigador del Sistema Nacional de Investigadores y autor de más de 40 libros que versan sobre Filosofía medieval y novohispana, Filosofía del lenguaje, Filosofía analítica, Estructuralismo y sobre Hermenéutica.

El próximo 13 de marzo, Mauricio Beuchot recibirá el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Anáhuac México Sur.

Dr. Beuchot, ¿cuándo nace en usted la pasión por la filosofía?

En mis estudios en el Seminario. Primero se estudiaba la filosofía y luego la teología. A muchos de mis compañeros no les atraía la filosofía, sino la teología; en cambio, a mí la filosofía me cautivó. Claro que tuve que estudiar la teología, pero siempre conservé mi gusto por la filosofía. Por eso a ella me he dedicado expresamente.

¿Cómo se adhiere a la hermenéutica?

Curiosamente, lo debo a la teología. Al terminar mis estudios teológicos realicé un trabajo sobre el pecado original en Paul Ricoeur, y eso me hizo darme cuenta de que no solamente para la exégesis bíblica era importante la hermenéutica, sino también para la filosofía misma. Además, por ese entonces, un primo mío, Ricardo Sánchez Puente, se había doctorado en la Universidad de Lovaina con una tesis sobre el problema del mal en Ricoeur, y él me orientó hacia él, con la lectura de su tesis y de otros materiales. Gracias a Ricoeur me di cuenta de que la hermenéutica se aplica a las ciencias humanas. Tal vez también a otras ciencias, pero sobre todo a las Humanidades, en las que nuestro principal trabajo es interpretar textos (ya sea escritos, orales o actuados, como se ve en la literatura, en la historia, en la sociología, en la antropología, etc.).

¿Se puede decir que Mauricio Beuchot siempre se acogió al tomismo?

Sí, efectivamente. El tomismo fue lo que estudié en el Seminario, y es mi sistema filosófico de referencia. Desde él he entablado diálogo con las corrientes contemporáneas, una de ellas ha sido la hermenéutica. Primero realicé mi diálogo desde el tomismo con la filosofía analítica, cuando estuve en el Instituto de Investigaciones Filosóficas, de la UNAM, donde ha sido la corriente predominante. Pero después, cuando pasé al Instituto de Investigaciones Filológicas, de la misma universidad, mi diálogo cambió, y, desde el tomismo, se dirigió a la filosofía posmoderna. En ella el principal instrumento conceptual es la hermenéutica, y por eso dirigí mi diálogo principalmente hacia ella.

¿Cómo nace y qué es la hermenéutica analógica?

Es precisamente un intento de dialogar desde el tomismo con la filosofía actual. En la filosofía más reciente, la de la posmodernidad, el instrumento conceptual ha sido la hermenéutica. Vattimo la llama el lenguaje koiné o común de la filosofía posmoderna. Por eso me puse a dialogar con ella. Y encontré que la hermenéutica está distendida entre el univocismo y el equivocismo, y que hace falta la analogía. La hermenéutica unívoca es la de los que quieren copiar para la interpretación el cientificismo del positivismo, y la hermenéutica equívoca es la de los que han hecho demasiado relativista la interpretación, como los teóricos posmodernos. Hacía falta un término medio, que evitara esos extremos viciosos, y se daba en la analogía, por eso una hermenéutica analógica. Era algo que ya pedía a gritos la hermenéutica actual.

Además, en el Instituto de Investigaciones Filológicas me tocó coordinar el Centro de Estudios Clásicos, donde algunos de los investigadores me pidieron que, ya que yo era filósofo, les enseñara método, sobre todo para la traducción. Me di cuenta de que lo que les podía servir más era la hermenéutica, pues una de sus etimologías de “hermeneuta” es la de “traductor”. Me di cuenta, además, de que algunos querían traducir al pie de la letra, con el mismo número de palabras, si se pudiera, mientras que otros traducían de una manera completamente libre. Vi que los primeros hacían una traducción unívoca, en tanto que los otros una traducción equívoca; había que lograr una traducción analógica. Es decir, una hermenéutica analógica. Fue como surgió, y después se fue ampliando a diversos campos.

¿Qué relación hay entre la ontología clásica y la hermenéutica analógica?

Hay una relación muy estrecha entre la hermenéutica analógica y la ontología clásica que ha sido analógica también, como la de Aristóteles y la de Santo Tomás. Porque ha habido una ontología unívoca, como la de Escoto, Descartes, Spinoza y otros. Y una ontología equívoca, como la de los posmodernos, que pretenden tener una ontología débil, pero es tan débil que se diluye en las manos.

La ontología de la modernidad fue unívoca, por eso los posmodernos la atacaron como prepotente y monolítica; pero en la posmodernidad se han ido al otro extremo, el de una ontología equívoca, sumamente débil, relativista, la cual se evapora pronto. En cambio, Aristóteles y Santo Tomás tuvieron una ontología analógica, no tan fuerte o rígida como la moderna, pero tampoco tan débil o blanda como la posmoderna; había un sentido de equilibrio prudencial.

¿Se puede decir que la hermenéutica analógica es una filosofía acabada?

Claro que no. Le falta mucho trabajo, tanto en el aspecto teórico o sistemático como en el práctico o de aplicación. En el aspecto teórico hay muchas objeciones que le han planteado buenos filósofos actuales. En el aspecto práctico se han hecho muchas aplicaciones: a la filosofía, a la literatura, al derecho, a la historia, a la psicología. Pero siempre se necesitan más, porque es en la práctica donde se ve si la teoría funciona.

Fuera de la filosofía, ¿la hermenéutica analógica puede aplicarse a otras áreas humanistas?

Claro que sí. De hecho ya ha tenido aplicaciones a casi todas las disciplinas humanísticas, y sigue dando frutos en ellas. En efecto, en las humanidades es donde más se necesita una hermenéutica analógica, porque en ellas no se alcanza la claridad y el rigor de una hermenéutica unívoca, y ya conocemos las crisis que ha habido por querer imponerle una así. Pero tampoco es válido derrumbarse en una hermenéutica equívoca, con la ambigüedad y falta de rigor que muchos posmodernos han querido adjudicarle. Eso acaba por desprestigiar a las Humanidades.

¿Por qué la hermenéutica analógica ha logrado entrar en diálogo con otras filosofías dominantes?

Porque las mismas filosofías dominantes, que son dos: la filosofía analítica y la filosofía posmoderna, se dan cuenta de que están en los extremos viciosos. Ya en un impasse. La filosofía analítica está en el extremo del univocismo, de hecho es una hermenéutica unívoca, y la filosofía posmoderna de hecho es una hermenéutica equívoca, con el relativismo tan excesivo que promueve. De esta manera, al proponerse la hermenéutica analógica, muchos la han acogido, ya desde la filosofía analítica, ya desde la filosofía posmoderna, y la han aprovechado para dar una mejor salida a algo más fecundo. Para romper ese impasse en el que se encuentra la filosofía actual (entre analíticos y posmodernos), el cual y ya está cansando a muchos, que quieren algo más positivo.

¿Cómo deben ser enseñadas o transmitidas hoy en día las humanidades y en concreto la filosofía en un mundo al que parece no importarle más que las ciencias naturales?

No hay que plegarse al paradigma de las ciencias naturales, porque las ciencias humanas son distintas, tienen otra epistemología. Precisamente es algo que mostró la hermenéutica. Por eso sería muy iluminador que se enseñaran las humanidades, sobre todo la filosofía, al trasluz de la hermenéutica, particularmente de la hermenéutica analógica. Ella, con la noción de analogía, puede llevar a respetar las diferencias de cada disciplina, sin perder la capacidad de colaborar en la interdisciplinariedad.

¿Qué papel debe jugar la filosofía en las universidades?

Creo que debe ser el mismo que tuvo siempre. El de ser la conciencia, sobre todo moral, de la sociedad. Y dar a las ciencias una estructuración más humana. En la época medieval, que es donde propiamente surgen las universidades, éstas eran el órgano de consulta de los gobernantes, tanto civiles como eclesiásticos. Asesoraban moralmente en las cuestiones difíciles. Claro que no siempre fueron escuchadas, pero cumplían con su obligación, como lo hicieron Francisco de Vitoria en España y muchos otros. En la actualidad los políticos la escuchan menos, pero son los que más necesitan atenderla.

¿Cuáles considera que son los retos que debe enfrentar la filosofía?

Tiene que enfrentar el reto del ser humano, decirnos qué y quién es el hombre, con la antropología filosófica. Pero ésta requiere de la ontología o metafísica, por eso es otro reto. Y eso desemboca en la ética (la cual se plasma en la filosofía del derecho y en la filosofía política). Y queda el reto de explicar las ciencias (con la filosofía de la ciencia o epistemología, la lógica y la metodología). Y como el reto principal de la filosofía es comprender la realidad, la que se ocupa de la comprensión es la hermenéutica, por eso es importante para ella.

¿Qué opinión tiene sobre la nueva visión de los derechos humanos en México?

Me parece que, aun cuando hay urgencias muy inmediatas, como evitar sus violaciones y presionar para su adecuada aplicación, hay una conciencia cada vez más aguda de que es necesario fundamentar los derechos humanos con una base filosófica. No se trata únicamente de positivarlos, sino de darles lo que Eduardo García Máynez llamaba la “razón suficiente” de cada derecho.

¿Qué pasos debe seguir la hermenéutica analógica para su desarrollo?

Tomar más en cuenta la ética y la filosofía política. Para eso debe escuchar más a los juristas y a los políticos. En el entrecruce de todos ellos es donde se dan los derechos humanos. La hermenéutica analógica debe seguir ayudando en la reflexión sobre derechos tan fundamentales. Lo ha hecho ya, y debe continuar haciéndolo.

¿Qué consejo les daría a los humanistas contemporáneos?

No perder la especificidad de las humanidades. Durante mucho tiempo se quiso copiar a la epistemología de las ciencias naturales para incorporarla a las ciencias humanas. Pero estas últimas tienen su propio carácter, su propia episteme, que es la hermenéutica.

¿A qué atribuye el impacto, prestigio y buena acogida de la hermenéutica analógica en la filosofía contemporánea?

A que fue elaborada con mucho tiempo y cuidado. Primero en su vertebración teórica, tratando de tomar en cuenta las principales corrientes hermenéuticas; y luego, en sus aplicaciones prácticas, que son las que hay que ampliar ahora.

¿Cuál sería su mensaje para la juventud universitaria actual?

Que cumplan con el espíritu con el que surgió la idea de universidad, que fue la de la búsqueda de la verdad. Eso es lo que debe animarnos siempre.

Sabemos que conoce a la Universidad Anáhuac México Sur, ¿qué consejo nos daría?

No dejar nunca las Humanidades, que son las que dan presencia de pensamiento a las universidades. Y seguir con los estudios sobre los derechos humanos, los cuales son los que manifiestan el verdadero humanismo que todos deseamos.

¿Algún mensaje final?

Solamente mi agradecimiento para la Universidad Anáhuac México Sur, y a todos ustedes.

Encuentro Interdisciplinario sobre Objeción de Conciencia

Texto extraído de la publicación Dux Inveritate de la Universidad Anáhuac México Sur, por la Mtra. María Eugenia Guzmán, Coordinadora de la Facultad de Filosofía

El Instituto Mora y la Universidad Anáhuac México Sur a través del Centro Anáhuac Sur de Derechos Humanos llevaron a cabo el Primer Encuentro Interdisciplinario sobre Objeción de Conciencia para detonar una serie de reflexiones en torno a esta  figura controversial y actual y abrir el debate a propuestas viables a solucionar las necesidades sociales, jurídicas y éticas que apremian a nuestra sociedad en el tema de los Derechos humanos.

La Objeción de Conciencia es un tema delicado y difícil que involucra principios tan importantes como la libertad religiosa, la vigencia, la vigencia y obligatoriedad de la ley y la obligación que tiene toda persona a seguir su conciencia.  La objeción de conciencia parte de lo más íntimo de la persona y pudiera oponerse en ocasiones al orden jurídico que debe regir una sociedad, el cual no debe romperse pues está en riesgo de trastocar el bien común y la paz social.

La objeción de conciencia se define, en un primer momento, como la negación de una persona concreta o de un determinado grupo social al observar una conducta ordenada por la ley, alegando para ello motivos de conciencia.  Es preciso considerar que la conciencia es un atributo del individuo y que el juicio sobre la bondad o maldad de una acción puede diferir entre personas.  De hecho, esta percepción diversa se encuentra muy presente hoy en la sociedad.  Así mientras un  individuo muestra una posición casi indiferente frente a cuestiones morales, otro reacciona de manera extremadamente sensible y escrupulosa.

La objeción de conciencia se presenta, por tanto, como la oposición entre la ley y las convicciones personales de aquél que se niega a cumplirla.  Considerado así, parecería, en primera instancia que el problema de la objeción de conciencia no tiene solución, razón por la cual resulta de capital importancia reflexionar y dialogar sobre el tema.

Haremos relato de las principales ideas que se expusieron, de los puntos que se debatieron y de los temas que quedan en la mesa  para su profundización.

El  debate sobre la figura de Objeción de conciencia inició con una fundamentación filosófica y jurídica de ella.  Se reflexionó sobre la validez ética de la objeción de conciencia haciendo hincapié en que ésta debe asentarse en una fundamentación antropológica basada en el respeto a la persona y a su dignidad.  La  conciencia no puede ser vista más que en la relación:  individualidad  –  colectividad.  El bien individual y el bien colectivo guardan una relación íntima ya que el individuo no puede definirse sin su relación con la sociedad. La expresión moral del individuo se realiza entre la Ley y la conciencia demostrando que hay un vínculo ético-jurídico. Es el Estado quien tiene el poder de regular la conducta del individuo y por lo tanto, de sancionar. El individuo al objetar una ley que va en contra de su más profunda obediencia interior, no se opone a la norma jurídica sino a la violencia de ésta.  En esta reflexión filosófica se enfatiza la relación ética del individuo y la colectividad por la justicia. 

La Objeción de Conciencia a la luz del Derecho debe partir de una ciencia jurídica basada en la filosofía.  Debe desprenderse de la reflexión del hombre en la comunidad.  Su obrar toca varios ámbitos normativos como el orden religioso, el jurídico, el social y el moral.  Sin  embargo, la conducta de la persona es unidad de todos estos ámbitos, que aunque cada ciencia estudia el acontecimiento desde su propio objeto de estudio, representa una unidad.  Su hacer y su obrar son ámbitos de la persona que deben tener unidad y congruencia.  Ahora bien, el dato preponderante que el Derecho juzga es primeramente externo y secundariamente interno.  Su interior lo despliega en el obrar. Al ser el acto humano un principio de responsabilidad, la Conciencia y la Libertad se ponen en juego.   El Derecho, quien juzga el obrar del individuo, es uno, sin embargo, debe recurrir a la historicidad jurídica, es decir, a la aplicación del derecho en tiempo y lugar, caso por caso, ya que la ley es sólo un instrumento, más no es el Derecho.  No puede aplicarse la norma por la norma, la línea a seguir sería por la filosofía, la filosofía del derecho, el derecho natural, el derecho positivo y finalmente la aplicación de métodos jurídicos.

La Objeción de conciencia plantea una tensión entre la justicia y la libertad. ¿Hasta dónde puede llegar el Estado y hasta dónde la persona?  Al aplicar la ley universal a casos particulares, ¿cómo se ajusta la Libertad ante la Ley?  ¿Cuándo puede un individuo estar por encima de la ley?  Si bien es cierto, la objeción de conciencia se basa en el ejercicio de la libertad individual, ésta tiene un impacto social que tiene consecuencias y que no se debe desdeñar y es el Estado quien lo regula.  Se debe respetar la libertad más intrínseca del ser humano al objetar, pero con un ejercicio de retribución al Estado, dándole a éste el lugar que le corresponde.

En cuanto a la objeción de conciencia y el estado de derecho, hay Estados que reconocen la objeción de conciencia, y otros que no le han dado cabida, como es el caso mexicano. En las democracias modernas el orden jurídico debe dar protección a la libertad de religión y pensamiento y la objeción de conciencia fortalece el estado de derecho porque resguarda al individuo.  La tolerancia religiosa no sólo hay que tolerarla sino promoverla. Aquí se abre un gran campo por trabajar.  Hay que abrir el debate para que la objeción de conciencia sea reconocido en el orden jurídico.  En cuanto al debate internacional  se planteó la perspectiva del constructivismo social en la que la realidad no existe per se, sino que es un constructo social, la aprendemos por las interacciones que se tiene.  Por lo tanto la realidad es un producto construido. La propuesta que se plantea desde esa perspectiva es el constructivismo educacional donde se construya el reconocimiento de los intereses de los Estados, se ordene el ambiente internacional a través de los tratados internacionales y se construya socialmente una conciencia internacional para no violentar un tratado internacional.

En el aspecto sociológico, la objeción de conciencia debe estar observada no sólo para grupos minoritarios, sino también para los grupos mayoritarios.  El Estado debe respetar la libertad. Las leyes deben regular la convivencia apelando a los casos particulares definiendo las fronteras entre el espacio público y privado.  Las leyes, al ser un reflejo de las sociedades que las construyen, tienen que estar abiertas a la heterogeneidad y no sólo eso,  sino  entablar un diálogo concluyente creando condiciones e instituciones que la soporten.

La libertad religiosa y la objeción de conciencia son conceptos que no sólo se entrelazan sino que son indisociables.  El derecho a la libertad religiosa es una inmunidad de coacción de profesar creencias en público y privado, individual o colectivo que se funda en su misma naturaleza, creyentes o no.  El hombre se cuestiona sobre el fundamento y el sentido de la vida aunque no sea creyente.  Sin embargo, históricamente ha sido desconocida por el abuso del derecho.  La libertad religiosa se encarna en el Estado que puede ser hostil, neutro, no promotor del derecho de libertad religiosa.  Podemos hablar también de una laicidad positiva donde se garantizan los Derechos humanos y la libertad religiosa y una “laicidad inteligente” donde el Estado y la Iglesia están “condenados” a entenderse.

Desde la perspectiva de la Comisión de los Derechos Humanos en el DF, es en la segunda mitad del siglo XX que se rompe el paradigma de los Derechos humanos que se dan como una alternativa al autoritarismo del Estado.  Son derechos que se construyen en relación con víctimas de este autoritarismo como los derechos sociales o derechos de solidaridad.  Hay un cambio en la relación Estado – Ciudadanía donde éstos últimos ya no serán vistos como súbditos del Estado. Se iniciará el proceso de reconocer la idea de la diversidad y se planteará la necesidad de los Derechos Humanos  como un eje de unidad dentro de la diversidad, asumiendo la multiplicidad moral y religiosa. 

 

Ciencia ¿y? Fe

Por Arturo Mota Rodríguez, profesor de tiempo completo

 Uno de los problemas contemporáneos que ha despertado un interés especial por parte de académicos científicos, filósofos y teólogos, es el de la relación entre Ciencia y Fe, sobretodo porque se ha generado un imaginario según el cual la Fe y la Ciencia se ocupan de asuntos completamente ajenos, incluso opuestos, pues en sus enunciados aparecen términos que parecen  manifestar tal oposición, como trascendente (fe) e inmanente (ciencia), subjetivo (fe) y objetivo (ciencia).

Sin embargo, tal relación no siempre sugirió un problema. En efecto, el pensamiento griego antiguo,  al que debemos un modo de explicación de la realidad, distinto al mito, articuló un procedimiento estrictamente racional que permitía “dar razón” de las cosas, lo que incluía, como en el caso de Aristóteles, hacer distinciones esenciales entre las mismas y clasificarlas de acuerdo con criterios específicos, esto es, una etiología, muy usada en ciencias contemporáneas, como la biología, la física o la psicología. La etiología implica una explicación causal de los fenómenos que ocurren, en tal suerte que podemos agrupar una serie de fenómenos teniendo como referente una misma causa que los explica, lo que, por ejemplo, permite al médico diagnosticar, en razón de los efectos que aprecia, la causa de una enfermedad, y procurar el tratamiento que la sana. Ahora bien, tomando la etiología en un sentido más amplio, es posible vislumbrar una causa más general de la realidad, y así, Aristóteles propuso que una realidad divina podía tomarse como causa que explica el cambio o movimiento de todas las cosas que existen en el mundo. De ahí la noción más tradicional de ciencia: “conocimiento cierto de las cosas por sus causas”, y por lo mismo, la explicación causal no era opuesta a admitir una causa última y hasta divina del mundo.

Más adelante, el pensamiento judeo-cristiano incorporó a occidente una idea radicalmente innovadora, la idea de un Dios creador. Esta idea sugería que un Dios único creó el mundo sin tener referente alguno previo. Igualmente esta idea implicaba que debía existir una relación entre el Creador y su creatura, misma que se expresaba ya en textos que podían ser leídos, y que exigían ser comprendidos y respetados en sus contenidos, pero que carecían de explicación precisa de la naturaleza de las cosas. El cristianismo añadió una idea más especial, la del “amor al prójimo”. Es una idea simple pero muy sugerente, por sus alcances más allá de la palabra, de mayor universalidad y amplitud de contenido, pero, al mismo tiempo, imprecisa en su orden práctico; de ahí que los primeros cristianos, que comenzaron un diálogo con los pensadores de su tiempo, se enfrentaron a un doble problema: primero, explicar cómo debía vivirse el amor en la vida social, política, económica, cultural, etc. (v. gr. San Pablo y San Agustín de Hipona); segundo, generar una explicación racionalmente aceptable sobre la naturaleza del hombre y la naturaleza del mundo, sin contradecir lo expuesto en los textos bíblicos (v. gr. San Basilio, Clemente de Alejandría, Orígenes, Boecio, etc.).

A este respecto es ineluctable enunciar el quehacer de San Alberto Magno, el que fuera maestro y tutor de Tomás de Aquino. Hombre de su tiempo (s. XIII), San Alberto buscó nuevos modos de explicación de la naturaleza de las cosas, más allá de las herramientas estrictamente especulativas, propias de la filosofía. Recuperando la idea aristotélica de una etiología como criterio científico de conocimiento, San Alberto incorporó la observación y la descripción para establecer nuevos parámetros de explicación causal, que permitieron el ejercicio de la  clasificación, y así, por ejemplo, concluyó nuevas propiedades que ayudaban al conocimiento de los animales, como la simetría, y el conocimiento de nuevos minerales, como el arsénico. Sin renunciar a los principios orientadores de la fe cristiana, San Alberto fue capaz de desarrollar un saber con herramientas independientes, pero en relación armónica.

Fue en el siglo XVI, especialmente con la figura de Galileo, en que aparece un ímpetu por desarrollar nuevos métodos de conocimiento de la realidad, independientes de las especulaciones filosóficas y teológicas. Los avances de Galileo y las conclusiones a las que llegó, parecían contradecir algunos principios enunciados en las Sagradas Escrituras, fuente de la fe cristiana. Con ello comenzó a conformarse el imaginario de que la Ciencia debía proceder con absoluto rigor racional para obtener conclusiones objetivas, que pudieran afirmarse con total independencia de las creencias, convicciones o sentimientos religiosos personales. Al parecer se suscitó un doble error: la creencia de que la lectura literal de las Sagradas Escrituras exigía un modelo científico que no contradijera tal literalidad; y la creencia de que la Ciencia debía proceder con absoluta independencia de cualquier saber teológico o metafísico, creencia reforzada también por movimientos intelectuales como el Positivismo francés de A. Comte (s. XVIII) y el positivismo lógico (s. XX), que reducía la verdad de las proposiciones científicas a la verificación empírica. Es la convicción que prevaleció y fortaleció una perspectiva de la ciencia como atea.

Actualmente existen esfuerzos por mostrar que entre Ciencia y Fe es posible una relación, no necesariamente de oposición; que el saber que proporciona la Fe admite principios científicos compatibles. Por ejemplo, en lo que respecta a la evolución biológica (conclusión científica), no existe una oposición con el relato bíblico del Génesis sobre la creación del hombre, propuesta desarrollada ampliamente en los trabajos del P. Theilhard de Chardin, SJ; o que, en torno al mismo tema, la perspectiva teológica cristiana de la historia implica una comprensión lineal del tiempo, misma que es afirmada por la perspectiva evolucionista de la biología, comentada también por el científico Dr. Antonio Lazcano Araujo en sus trabajos de biología sobre el origen de la vida.

En América Latina es sobre todo necesario avanzar en el replanteamiento de ese imaginario de oposición entre Ciencia y Fe. Debemos admitir, pues, una independencia de saberes entre la Ciencia y la Fe; pero debemos igualmente procurar, con una actitud crítica y rigurosa, la búsqueda de diálogo inteligente entre estos saberes. La ganancia es importante, y es ya expuesta por un importante teólogo francés, Henri de Lubac, en su texto “el drama del humanismo ateo”, y en una importante Carta Encíclica de Juan Pablo II (Fides et Ratio): la Fe puede humanizar el quehacer científico, y la Ciencia puede coadyuvar, con la Filosofía, en el refinamiento de la Fe. De ello parece depender una mejor comprensión de la realidad, y la generación de mejores políticas y cursos de acción, más humanos, para orientar verdaderamente nuestros esfuerzos en el cumplimiento de las expectativas de desarrollo que nos piden la Dignidad de la Persona, la Justicia, y el Bien Común.

  • La Facultad de Filosofía de nuestra Universidad recibió el pasado mayo a 60 participantes de diversas Universidades en el Seminario Interinstitucional Ciencia y Fe, convocado por siete  instituciones de educación superior. La Conferencia Magistral “Galileo y la condena del saber: una bifurcación de la ciencia y la fe” fue impartida por el M.C. Rafael Martínez Enríquez. El evento continuó con la participación del Dr. Alexandre de Pomposo con el tema “La evolución en el sentido fuerte.  Bergson y lo que mueve a los científicos”, el Lic. Jorge Piedad Sánchez quien habló sobre la explicación de la creación desde la mitología semítica para posteriormente dar paso a la exposición, “Creacionismo y Evolucionismo, una perspectiva teológica” a cargo del Lic. Daniel García Chavarín.
  • En su objetivo de formar profesionales con sentido crítico, alto nivel de madurez de pensamiento y gran interés por la investigación y divulgación del conocimiento, la Facultad de Filosofía de nuestra Universidad oferta la Maestría y Doctorado en Filosofía, el Doctorado en Filosofía del Derecho, además de diversos cursos y diplomados.