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Sobre las decisiones del espacio público

Por Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas

El pasado lunes 16 de septiembre la AMPE (Asociación Mexicana de la Publicidad Exterior) convocó a una rueda de prensa en el Piso 51 de la Torre Mayor, con el motivo de dar a conocer algunas acciones que dicha asociación emprenderá próximamente para mejorar el estado de las cosas alrededor de la industria y de su impacto en la ciudad. “Buscar que la actual legislatura se interese en la revisión de una ley joven (se hizo en 2010) que no se aplica o se aplica mal, o que simplemente no ha funcionado bien; allí están los nodos que no se han materializado ni cercanamente en un escenario que AMPE vaticinaba”. Fui invitado a dicha rueda para hablar sobre el proyecto del Nodo Publicitario que presenté con alumnos de nuestra Escuela de Arquitectura por encargo de la misma AMPE a la Comisión de Nodos de la Sduvi en marzo de 2011, y así lo hice. El discurso del proyecto (un gran cilindro publicitario que emerge naturalmente sobe la Estación del Metro Insurgentes) presentado hace dos años y que en su oportunidad fue calificado de “elegante” por la Seduvi y por la Autoridad del Espacio Público, no ha cambiado nada. Escribí hace casi dos años cuando iniciaba esta columna: “La rehabilitación o el mantenimiento de parques y árboles de la zona, la señalización y el mobiliario urbano, o inclusive propuestas de nuevos usos de suelo en los edificios preexistentes y predios circundantes (…) refrendan la tesis de que la publicidad exterior debe traducirse en regeneración urbana”… lo que tenemos hoy en la Glorieta Insurgentes es obviamente una copia barata y una malinterpretación de aquel proyecto promovido por AMPE en colaboración con nosotros como escuela de arquitectura.

¿Qué pasó? Lo mismo, “esto es lo que hay”. Un océano rojo de intereses y de compromisos que ante la voracidad cancelan la menor posibilidad de mejoramiento urbano; la opacidad. El tema acaso más recurrente de este espacio en la actualidad o de los blogs y de las redes sociales de arquitectura –entiéndase los espacios de reflexión y de crítica que también construyen-  han oscilado en el reclamo urgente de la transparencia en la asignación de los proyectos públicos. “La Autoridad del Espacio público debería ser “La Defensoría del Espacio Público”, afirmaba muy afortunadamente hace unos días el Arq. Raúl Peña. Y esta idea -que no simple ocurrencia- se fragua agregando que el espacio público no sólo es el urbano (las calles las banquetas o las carreteras inclusive).

Así, sobre la tragedia derivada del encuentro de los huracanes Ingrid y Manuel en nuestro territorio nacional, aparecen un sinnúmero de perspectivas de la realidad –aquí sí sin comillas- de México; una inevitable sobreexposición en imágenes y en estadísticas del acontecimiento, evidencian en una histórica exhibición el saldo resultante de una larga suma de equivocaciones –conscientes o inconscientes, léase corrupción o informalidad – de nuestra política hasta la fecha. Pero no viene a cuento reiterar lo sabido y más que cierto de la opinión predominante de la gente. “Lo que ha matado a cientos es la calamidad de lo público”, escribe con agudeza Jesús Silva-Herzog Márquez en su columna del pasado lunes 23 en Reforma. Lo acontecido es justamente eso, un ajuste de cuentas con la corrupción, en el que mayormente han pagado justos por pecadores y donde “esto es lo que hay”, podemos juzgar y postear pero. ¿Y qué más hay? Los acontecimientos que suceden cotidianamente, en lo que toca a la arquitectura (vivienda, habitabilidad…) y al espacio público, se exacerban en el último fenómeno meteorológico, acaso apurando al repensamiento de la profesión y de nuestro papel en el desarrollo de México; pero desde otra perspectiva forzada por la reciente y lamentable contingencia, la visión “integrada”, optimista, acaso aspiracional, sería esperar que el Gobierno en su conjunto se decidiera a aprovechar esta invaluable e irrepetible oportunidad de hacer las cosas de una mejor manera en la tareas de prevención, planeación o reconstrucción que se avecinan.
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Muchos Méxicos

Por Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas

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Conocí a la Chef Margarita Carrillo en su restaurante “Turtux” en Av. de la Paz hace algunos meses, y el miércoles de la semana pasada estuvo impostergablemente invitada a nuestra Escuela de Arquitectura a dar una charla que en realidad fue una maravillosa conferencia magistral. La primera parte de su ponencia consistió en la proyección del video que se presentó a la Unesco cuando la Cocina Mexicana fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por el Comité Intergubernamental para la salvaguardia de dicho patrimonio, en Nairobi, Kenia en noviembre del 2010. “Hacer esto fue un trabajo arduo de años”. Un documento excepcional sin duda que presenta a nuestra gastronomía como un ciclo cultural que va mucho más allá de la técnica culinaria o la elaboración de ciertos platillos. Una fiesta de imágenes de diversos Estados, de nuestra historia y de nuestra gente, de nuestros ingredientes y del campo que ya prácticamente desconocemos los urbanistas.

Terminada la proyección del video (espléndidamente musicalizado por cierto), Margarita nos dio un mensaje -ayudada de tarjetas para no olvidar nada de tanto que quiso transmitirnos- sobre la importancia de salvaguardar y de procurar nuestra cultura desde el reconocimiento de la Unesco, con vehemencia, en el que insistía reiterativamente sobre la importancia de la superación personal como sistema de superación colectiva nacional: “…como arquitectos mexicanos ustedes deberán destacarse en el mundo recordando que “también en San Juan hace aire!””.

Compartió su experiencia como “Chef ejecutiva del G-20” y con emoción recordó las palabras que dirigió particularmente a los integrantes de esa organización en el la cumbre de Washington en 2008, “dejaron todos los platos limpios”.

Seguidamente proyectó una presentación preparada con esmero, en la que explicó justamente el ciclo cultural que va desde la milpa (el agro-ecosistema maíz – frijol – calabaza – chile) y la sabiduría de nuestros campesinos, hasta nuestra mesa; desde lo prehispánico hasta nuestros días “hoy cualquier mexicano puede comer la misma tortilla que comía Moctezuma”; el proceso del nixtamal, o el del pulque, o la dieta prehispánica “con la que se pudieron construir perfectamente ben tantas ciudades y centros ceremoniales, sin la menor duda nutricional”; qué aportamos al mundo y que recibimos en los intercambios comerciales de la “Nao de China”; la condición comunitaria de la siembra, de la cosecha, de la preparación de la comida y de la comida en sí como un evento que en México siempre ha sido particularmente de convivencia. La parte final de la conferencia fue coronada por una serie de máximas, reflexiones y frases célebres alrededor de lo que representa cocinar o simplemente comer, en el desarrollo humano.

El sabor de boca que nos deja la presentación es el de un embriagante orgullo por México. ¿Por qué? ¿De dónde viene? ¿Dónde está? ¿Por qué contrasta tanto con lo que vemos en el espacio público, por ejemplo? ¿Percepciones distorsionadas? En el complicado contexto del México reciente, vale la pena preguntarse…buscar explicaciones. Juan Villoro alude a “mexicanos singulares, no uniformados transgénicos” en la película “Hecho en México” del director Duncan Bridgeman. Hay muchos Méxicos, diversos y ajenos entre sí. No solo estados, ciudades o municipios. Oficios, sectores, grupos. Sin embargo el término “tradición” que puede hilvanar todo, acaso darnos sentido, remite a usos y costumbres, valores y creencias, proviene del verbo latino tradere, que significa «entregar», alude a lo que se trasmite, y en ese sentido inclusive la modernidad sería tradición en potencia -por qué no- en tanto sea entregable o transmisible a las siguientes generaciones. Nuestro actual contexto histórico debe entenderse como la necesidad de repensar a México, no con el espejo retrovisor –tomando la afortunada expresión Adrián Ruiz de Chávez- que simplemente refleja el pasado, sino desde la tradición y la modernidad como posibilidad de un futuro mejor. Cada día será más urgente.

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Sobre la enseñanza de arquitectura

Por Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura

Anteayer tuvimos el desayuno semestral con profesores de Arquitectura; mensaje de bienvenida a quienes se integran al claustro docente, relatos de anécdotas y recuentos sobre lo recién terminado, sobre lo que va en proceso, revisión de la estructura académica, y, acaso lo más relevante: el repensamiento sostenido de lo que enseñamos -o enseñaremos- en las aulas durante el siguiente semestre. Bajo el riguroso principio de la libertad de cátedra, la reflexión y el repensamiento resultan medulares. Ayer -acto seguido- se llevó a cabo la Bienvenida Integral Universitaria, un evento ya tradicional de la Universidad Anáhuac en el que recibimos a los alumnos de primer ingreso; allí me toca dar un mensaje de bienvenida a nuestros nuevos estudiantes de arquitectura. “Seré breve” (¡tenía que escribir esta columna!) y recordando la máxima del orador que cuando dice que será breve anuncia lo contrario, di una bienvenida más bien breve, pero vehemente (según yo). Estos dos eventos con sus respectivos mensajes, remiten a estas líneas que oportunamente toman forma de buenos deseos.

 

Leía el muy interesante y reciente artículo de Arturo Ortiz Struck para PortaVOZ “¿Escuelas de Arquitectura?, educación para la profesión inútil”, encontrando eco -y utilidad- en las preguntas que plantea sobre el futuro de la arquitectura, al terminar su texto aludiendo a México como el país con más escuelas de arquitectura y estudiantes de arquitectura del mundo. Viene muy bien el artículo tanto para académicos como para profesionales (para cualquier estudiante de arquitectura también), o para ambos, que cuando menos en nuestra escuela somos mayoría (dando clase y practicando profesionalmente). Exhibe el estatus de nuestra profesión y cierta “descolocación” de los arquitectos como gremio en relación a la sociedad y la vida pública del país. Sin duda las escuelas tenemos una responsabilidad mayor. ¿A quiénes y a cuáles arquitectos estamos formando? Es imposible separar “quién” de “cuál”; “cuántos” estaría en tercer término desde mi perspectiva, aunque el pronombre (cuántos) remita por inercia a la posibilidad laboral del futuro arquitecto. En este sentido la disciplina de la arquitectura es muy extensa y pensar que lo único que puede hacer un arquitecto es proyectar (por las tardes) y construir (por las mañanas) ya es anacrónico. La creatividad -el “make art” de Seth Godin- en un mundo híper conectado es una divisa que el arquitecto de nuestros días debe entender desde el ámbito del espacio habitable. Por eso coincido en que la profesión se debe reinventar, prácticamente día a día, atendiendo a las condiciones de velocidad de la revolucionada conectividad. La zona de confort, digamos “proyecto y construyo (propio o ajeno)”, ya no es la zona de seguridad de los arquitectos necesariamente.

Pero hay valores o principios que difícilmente cambiarán. Tanto la arquitectura, como la música, otra disciplina que se antoja igualmente “inútil”, están vivitas y coleando. Hace algunos años tuve un encuentro fugaz con el Arq. José Hanhausen (coautor con Vadimir Kaspé de la Escuela de Nacional de Economía de la UNAM), y recuerdo bien la frase que me dijo: “la práctica profesional es como un viento que te lleva por derroteros insospechados…” Mejor imposible; en ese sentido, muy recientemente el arquitecto José María Gutiérrez me preguntaba con sobrada razón: ¿por qué insisten en enseñarles a hacer “cosas imposibles” -para unos poquitos-, cuando por todas partes se percibe la urgencia de una arquitectura socialmente responsable?, ¿por qué no enseñan mejor a hacer lo posible, lo necesario? Más de acuerdo imposible, también.

 

Entrevistado cuando recibió el premio Pritzker en 2005, el arquitecto australiano Glenn Murcutt dijo: “La arquitectura debe ser una respuesta. No una imposición”. Con sin par aseveración y convencimiento les dejo mis mejores deseos para este semestre a profesores y alumnos de nuestra escuela de arquitectura.

 

Un “viaje arquitectónico” la semana entrante y mi siguiente columna el 14 de agosto.

 

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Categorías:Arquitectura

Sobre Intercambios

Por Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas

El intercambio académico para los estudiantes de licenciatura es una posibilidad que podríamos calificar como reciente; para el que escribe aquello no pasó por la mente hace más de 20 años cuando era verdaderamente “raro” el que tenía la suerte de vivirlo, y pocos los “visionarios” que apostaban por una maestría o un posgrado en el extranjero. Si bien el intercambio todavía se considera un privilegio por el costo económico que supone, ya es una alternativa menos lejana, o más viable (vía becas o financiamientos educativos) para cualquier alumno de nuevo ingreso si lo vemos desde la perspectiva natural de la “globalización”. Arquitectura hoy tiene un particular matiz en esto.

Para cualquier arquitecto viajar es parte de nuestro trabajo (“experimentos y ejercicios de habitar”), de nuestra “educación continua” y de nuestra formación, suponiendo que en eso nos parecemos a los cineastas o a los chefs que necesitan experimentar sabores de todo el mundo (“Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia” definía Enrique Jardiel Poncela). Visto así, la elección de la universidad para estudiar arquitectura temporalmente en el extranjero, uno o dos semestres, está supeditada a la elección de la ciudad para vivir. Se trata de una decisión acaso más vivencial que académica, las aulas con sus profesores, por mejores que sean, son sólo parte de la experiencia formativa implícita en el paquete de habitar en otra ciudad, de “beber de sus atmósferas”. En ese sentido, la modalidad del taller de verano o el “workshop” cambiará el juicio de valor. Allí lo primero sería el nivel académico y la ciudad quedaría en segundo término, aunque por lo general los workshops de verano internacionales se llevan a cabo en ciudades atractivas: Barcelona, Cartagena o Chicago, por citar sólo algunos de los mejores casos en los que ya hemos tenido presencia particular. Sucede algo similar con las mejores posibilidades para realizar un intercambio académico internacional: las ciudades atractivas tienen por lo general buenas escuelas de arquitectura: Madrid, Santiago de Chile o Sídney, además de las más famosas como Nueva York, Londres, Oporto, o Milán, entre muchísimas otras.

Diego cursa actualmente 8º semestre en la Universidad Técnica de Aquisgrán, en Alemania. Dominar un tercer idioma ensancha el mapa, claro. Aquí la ciudad y la escuela forman un binomio perfecto. Aquisgrán se localiza en la parte occidental de Alemania y dada su cercanía con varios países de Europa Central se puede decir que se encuentra en el corazón de Europa.  Es la ciudad natal del arquitecto Mies Van der Rohe y “la presencia de Carlo Magno es visible en toda la ciudad. Panaderías, librerías, papelerías y demás establecimientos propagan la imagen del monarca para vender mejor”. Su reporte no me deja mentir, amén de que posteriormente menciona la excelencia académica de la institución por igual.

En una entrevista reciente al arquitecto Teodoro González de León (realizada por Archdaily,  muy recomendable) menciona –como casi siempre lo hace- su paso por el taller de LeCorbusier apenas terminó sus estudios universitarios. En su caso queda subrayada la aparatosamente afortunada decisión de trabajar en el extranjero con un gran arquitecto –algo que no se impulsa mucho en las escuelas de arquitectura a las que Teodoro González de León siempre cuestiona: “arquitectura es experiencia”, – y aunque sea post-academia, su experiencia es otra modalidad de intercambio desde la formación internacional, digamos. Ahora bien, si intercambio significa “cambio mutuo entre dos cosas, reciprocidad y relación,  ¿a quienes parecería atractivo México para visitarnos en intercambio? ¿Somos acaso una apuesta que presupone formación y entrenamiento para futuras generaciones que alcanzarán un nivel de profesionalismo globalmente competitivo? El futuro es presente inminente, ya no queda de otra.

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México y la Bienal de Arquitectura en Venecia

Por Jorge Vazquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas.

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El pasado 8 de enero apareció en la página de ArchDaily la nota “Al parecer los rumores eran ciertos. El directorio de la Bienal de Venecia acaba de confirmar que Rem Koolhaas será el Director de la próxima Bienal de Venecia en 2014… Koolhaas ha comentado que: “Queremos dar una nueva mirada a los elementos básicos de la arquitectura – usados por cualquier arquitecto, en cualquier lugar y en cualquier momento – para ver si podemos descubrir algo nuevo acerca de la arquitectura”. Hace pocos días @otrootroblog de Alejandro Hernández (autor del blog de arquitectura “OTRO”) twitteaba sobre la expectativa de lo que pudiera ser la participación de México en la próxima Bienal, advirtiendo con suficiente razón que lo peor sería la designación directa del director de lo que México mostrará. Estamos nuevamente frente a la necesidad de un concurso –bienal en este caso- pero desde una perspectiva distinta a la de los proyectos públicos…amén de que las bienales son concursos que siempre producen superación profesional que destila a su vez superación colectiva.

En la pasada Bienal de Arquitectura de Venecia dirigida por David Chipperfield bajo el tema “Common Ground” la participación de México sonó por la polémica de nuestro novedoso pabellón permanente en el atrio de la Iglesia de San Lorenzo (a partir de cierto convenio en comodato que garantiza el uso del histórico inmueble como pabellón de México por los siguientes 9 años; un edificio superdotado acústicamente, a saber polémico por su lejanía de los Giardini pero bien ubicado entre el Arsenal y la Plaza de San Marcos…), y porque el trabajo arquitectónico mostrado, aunque fue de indiscutible calidad, no conquistó suficiente interés en un jurado más bien ávido de discurso y propuestas sociales de búsqueda, por lo visto en las propuestas premiadas de Toyo Ito y Urban Think Tank (ahora habría que ver la respuesta de los visitantes a la actual exhibición sonora “Cordiox” de Ariel Guzik –www.mexicobienal.org- en el mismo recinto de San Lorenzo, que se antoja muy recomendable por lo que se ve y se escucha en el video del hipervínculo arriba).

La muestra de Venecia consiste en una invitación Institucional -como País- a participar en un repensamiento sostenido de innegable universalidad e indiscutible estatura (invitación que se da a través de la propia Presidencia de la Bienal desde Roma), del ámbito del Conaculta, y representa necesariamente la oportunidad de concursar tanto la curaduría (el discurso que ofrezca la mejor respuesta a la temática de la convocatoria) como la coordinación logística de nuestra participación nacional. Sería lo natural y lo correspondiente si capitalizamos cierta experiencia obtenida desde el Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México en el pasado reciente. Con trayectoria y vocación gremial, el Arq. Toño Gallardo -ex secretario general del Colegio y coordinador de la Bienal en el año 2008- insiste con razón y convencimiento que lo ideal sería que la invitación se canalizara a un “órgano colegiado” que a su vez gestionara un concurso incluyente. En la oportunidad del 2008 se designó curador al Arq. Javier Sánchez por las credenciales obtenidas en su destacada participación de la bienal del 2006. El INBA aportó un millón de pesos y el resto lo consiguieron curador y coordinador con patrocinios en un tiempo corto…y con un resultado muy satisfactorio. Después, en 2010 llegó la invitación nuevamente al Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México (me pregunto si no debería ser la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana la instancia organizadora correspondiente), pero desafortunadamente la acertada propuesta -a cargo del Arq. Jose Castillo- de mostrar proyectos de intervención urbana en Cd. Juárez no tuvo eco y se canceló lamentablemente por supuestos motivos de sensibilidad social. Su propuesta de curaduría buscaba aprovechar la inercia de la estrategia “Todos Somos Juárez”, que además resonaba rotundamente con el tema de aquella XIII Bienal “la gente encuentra la arquitectura” que buscaba fomentar el encuentro entre arquitectura y sociedad bajo la dirección de la arquitecta japonesa y premio Pritzker 2010 Kazuyo Sejima. A la espera de noticias para el 2014, sirva lo reseñado arriba por vía de mientras como antecedente de una iniciativa para instaurar un concurso nacional de coordinación y/o curaduría para la participación de México en las subsiguientes Bienales de Arquitectura de Venecia.

 

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El destino del Polyforum

Por Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas

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Sustituyendo el término Patrimonio Arquitectónico del siglo XX por el de “Arquitectura” simplemente, sirva el lamentable caso de la demolición del Mercado de Arriaga en Chiapas la semana pasada, para concientizar sobre la suerte de los edificios dignos de llamarse Arquitectura: una caída del veinte sobre la condición azarosa de su impredecible futuro.

El pasado lunes apareció en las redes sociales la penosa especulación –que no noticia, quisiera pensar- de que demolerán el Polyforum Siqueiros para levantar allí un centro comercial, pero ahora, con la lección de arriba deberíamos pensar algo así: ¿”quien se prestaría a semejante sacrilegio”? o mejor aún: pues a quien le paguen por eso, ¿o no?, es decir, ¿seguiremos creyendo que a alguien le importa? ¿Solo a arquitectos, pintores, “fans” de Siqueiros?. La reflexión puede trascender al Súper-Servicio Lomas de Vladimir Kaspé y al Conjunto Manacar de Enrique Carral, a cualquier cantidad de casas de Attolini en el Pedregal, o a muchos otros ejemplos menos conocidos quizás, para caer en la cuenta de que, aunque sea caso por caso, casi nunca hay ni explicaciones convincentes ni autoridad que defienda suficientemente el valor patrimonial de nuestra Arquitectura. Su destino es incierto, por más testigo insobornable de la Historia.

Un ejemplo para subrayar la delicadeza del tema: Hace no mucho tiempo, unos colegas experimentados comentaban que se sentían muy comprometidos porque no encontraban la forma de salvar una casa buenísima de Attolini. No pudieron sensibilizar a su cliente o inversionista (¡sólo bastaba con ver la obra!) y su razonamiento fue –respetable- que si no lo hacían ellos lo haría otro felizmente, así que unas buenas fotos para documentar la casa y doloroso adiós. ¿Qué tan culpables son nuestros colegas en este caso? ¿O no es trabajo al fin y al cabo? ¿El cliente o el inversionista debería tener sensibilidad, acaso mayor visión? Sería bueno, pero ¿quien debió proteger la obra? ¿Podemos determinar un “mejor no prestarse”? Son aún peores los ejemplos donde la ignorancia (de no saber lo que se tiene o lo que se va a intervenir) se convierte en estupidez que destroza obras originales de valor, pero lo mismo pasa todo el tiempo, desde el siglo XVI hasta el XX. ¿Esto seguirá pasando siempre?

Al sobrevolar la ciudad -con perspectiva de arquitecto- resulta recurrente percibirla como un fichero donde los “tabiques urbanos selectos” aludidos como Arquitectura son ostensibles por ser minoría. Con esta perspectiva, estéril quizás, o tremendamente cualitativa si se quiere, la “sustitución” de un Vladimir Kaspé por un Teodoro González de León abona en otro aspecto más allá del cualitativo: sustituir. Naturalmente sería mejor sustituir lo malo por lo bueno y no lo bueno por algo acaso mejor, más nuevo o más grande, aunque lo relevante sea la introducción del concepto de re-densificación, en estos casos. Entonces, ¿Se podría re-densificar respetando la Arquitectura preexistente? ¿Por qué no? Falta de mantenimiento, falta de vocación para el re-uso, falta de estacionamiento!…¿Son justificantes? (…”bueno, ya que vamos a demoler, ¿nos redimimos poniendo algo mejor, en vez de…”?) Es reduccionista visto así, pero pensar que la Arquitectura (con mayúscula), en sus valores y su calidad aporta algo mucho mayor a la ciudad es expansivamente razonable. Restaurar, reciclar, revitalizar, recuperar con visión abona sosteniblemente al desarrollo urbano de cualquier ciudad. Los centros históricos o los mejores barrios urbanos son ejemplo de esta visión positivamente conservadora.

El enigma sobre si hemos aprendido o no la lección en el pasado reciente se resuelve en la frase de arriba: ¿a quién le importa?, ¿Cual es el juicio de valor para determinar una política de salvaguarda de la Arquitectura y del patrimonio cultural de cualquier siglo? Depende de a quién le importa.

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Honestidad académica y ética profesional

Por Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas.

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Esta semana concluyó el semestre académico enero–mayo en la mayoría de las escuelas de Arquitectura y aprovechando la semana de exámenes y el tiempo de entregas finales que terminaron en nuestro caso el pasado lunes, dejo una reflexión sobre temas que típica y particularmente florecen en estas temporadas: “honestidad académica y ética profesional”. Sirva el texto como mensaje de buenos deseos para los alumnos que terminaron exitosamente la licenciatura de arquitectura.

Al igual que la de un banquero o la de un político, la honestidad de un estudiante, de un profesor o de cualquier profesionista  no es ninguna virtud o mérito loable: es lo menos que se puede esperar de alguien al que le dejas tu dinero o de alguien por quien votaste para que nos gobierne, es lo mínimo presentar exámenes con exigencia académica, o que quienes enseñan evalúen objetivamente si las metas de equis o ye curso académico se cumplieron o no. No hay mérito allí, es lo menos que uno espera. Ahora bien.

El Arq. Antonio Attolini Lack decía: “después del gobierno, en donde más se puede robar es en la construcción” (Attolini fue un arquitecto que proyectó y construyó todas sus obras con un índice altísimo de calidad y de clientes felices y eternamente agradecidos), y así es, vivimos en un país aquejado gravemente por la corrupción. En diciembre de 2012 ocupábamos el lugar 105 de 176 clasificados y el 22 de 31 países evaluados en América, y… ¿aquí nos tocó vivir? ¿Así no más? Tratando de evitar todas las minas moralinas y los callejones sin salida contenidos en la pregunta ya respondida por Cristina Pacheco –aquí nos toco vivir- es mejor estar advertido de que la corrupción se puede reducir –no creo que eliminar- en buena medida. El otro día un amigo decía que la “propina” era una especie de forma doméstica de corrupción: “no le des propina y a ver cómo te va la próxima (si es que hay próxima)”. Su percepción puede ser afortunada porque incorpora además cierta “consecuencia peligrosa”, que es otro tema derivado de la corrupción: el de la falta de consecuencias…En cualquier caso no existe la “ausencia de corrupción”. Los primeros lugares -en una escala de cero (percepción de muy corrupto) a cien (percepción de ausencia de corrupción)- ocupados por Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda tienen 90 puntos sobre 100, y Canadá tiene 84 siendo el más alto de América. Al hablar de reducir se produce una reacción de movimiento hacia una mejor dirección: por lo menos que las cadenas de corrupción no inicien con uno mismo. “Sus documentos jefe”, aplica tanto para la construcción como para la policía de tránsito (allí la corrupción empieza en uno mismo). Estar al corriente ayuda mucho, es lo menos, aunque no siempre sea posible, pero hay otra forma de movimiento muy útil e incipiente quizás gracias a las redes sociales que es la cultura de denuncia. Habría que denunciar siempre, pero todavía no lo hacemos por miles de causas, la primera acaso sea porque pensamos que no sirve de nada, y, ¿no es peor no hacer nada? Cuando pegan en alguna obra sellos de CLAUSURADO, por ejemplo, los sellos exultan que allí hubo una crisis de corrupción, “se necesitan dos” pensamos: incumplió con el reglamento o con el pase de charola, “si tiene para construir tendrá para pagar”, ¿hasta cuándo? ¿Por qué no los dejan trabajar? ¿Por qué los dejaron iniciar? ¿Porqué no derriban entonces?…

El pasado 18 del presente salió publicado en el diario El País una entrevista a la catedrática Adela Cortina titulada “Competir o convivir”, a propósito de su nuevo libro “Para qué sirve realmente la Ética” (Paidós). El valioso contenido de la entrevista (…”La educación no puede consistir en formar personas competitivas, sino en educar ciudadanos justos”…) ayuda para reflexionar sobre el estado de las cosas alrededor de la Arquitectura mencionadas arriba, además de que el citado libro presupone mucha sustancia para “codificar” en cierto sentido nuestra práctica profesional: un tweet reciente con una fotografía aparatosa de una construcción que se vino abajo matando a sus habitantes invitaba a proponer un “Juramento Hipocrático” para la arquitectura. Cuando hay que decir adiós a los alumnos que egresan de la escuela, (me) resulta urgente transmitírselos, pero no existe aún.