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La teoría de la responsabilidad social de las empresas: evolución y límites

Por Benjamín Núñez, Aspirante al Doctorado de Administración

Mucho se ha escrito en la última década acerca de la responsabilidad social de las empresas haciendo pensar que fue en los últimos 10 años en los que dicha teoría ha surgido. Sin embargo, esa idea es equivocada pues de la teoría de la responsabilidad social de las empresas (TRSE) hay ya referencias desde principios de la década los 70.
Por otro lado, muchos piensan que el mayor, pero insuficiente, grado de responsabilidad social que tienen hoy las empresas se deriva de una mayor consciencia de los empresarios respecto a la necesidad de cuidar el medio ambiente natural y el entorno social. Tal situación parece poco clara pues en realidad tal responsabilidad debe derivarse de un análisis profundo de las funciones que las empresas juegan en la sociedad y no sólo en el mercado.
En 1958, Theodore Levitt escribía que “La función de las empresas es producir un continuo alto nivel de utilidades…..El bienestar y la sociedad no son un asunto de las corporaciones. Su asunto es hacer dinero, no música dulce” (p. 48). En el mismo sentido que Levitt, en septiembre de 1970 en un interesante y seminal artículo publicado en la New York Times Magazine, Milton Friedman argumentaba que “hay una y solamente una responsabilidad social de los negocios: utilizar sus recursos y participar en actividades diseñadas para incrementar sus beneficios siempre que se mantenga dentro de las reglas del juego, es decir, se involucre en la competencia abierta y libre sin engaños o fraudes” (p. 126).
Tanto Levitt como Friedman, consideraban que la función de las empresas es la de generar riqueza en el mercado y entienden que éste es el espacio social por excelencia en el que los individuos y grupos se realizan decidiendo y ejecutando actos de oferta y demanda de bienes y servicios. Pero hay valores sociales como la autoestima, la dignidad, la justicia y la preservación de la especie humana en el planeta que no se adquieren en el mercado ni se explican con la lógica de éste.
Pronto la postura de Friedman encontró respuesta en los planteamientos de M. Anshen (1970). Él argumentaba la existencia de un contrato social implícito entre la sociedad y las empresas en el que estas últimas actúan y fijan sus objetivos de acuerdo a las normas –escritas o no– que la sociedad establece. Él reconocía la existencia de una obligación moral de las empresas con la sociedad (no con el mercado) y que su función no podía ser exclusivamente la de generar riqueza maximizando utilidades. Proponía la modificación de dicho contrato implícito en uno en el que las empresas asumieran los costos que generan para la sociedad.
Pero tal modificación no iniciaría sino hasta mediados de la década de los 80. Como resultado de los desastres ocurridos en Bophal, India (1984) y en Chernobil, Ucrania (1986), las presiones de diferentes grupos sociales harían que algunas naciones generaran leyes que incluían nuevas obligaciones sociales de las empresas y que eran de carácter legal y ya no sólo filantrópico como en el pasado. Por un lado, los accidentes mencionados hicieron que los ciudadanos y consumidores tomaran parte activa en el inicio de la transformación de la RSE filantrópica del pasado a una de carácter legal. Por otro, en oposición al concepto friedmaniano de que las empresas eran responsables ante sus propietarios y frente a la Ley, R. E. Freeman (1984) proponía el concepto de stakeholders (grupos de interés) y lo definía como “cualquier grupo o individuo que pueda afectar o ser afectado por los logros de la organización” (p. 46). Hoy este concepto es guía de las acciones de responsabilidad social de una gran cantidad de empresas y organizaciones.
También en la década de los 80, los resultados del trabajo de la Comisión Mundial de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, conocidos como Informe Bruntland (1987) y publicados bajo el nombre de “Nuestro Futuro Común” señalaban que “…el camino que la sociedad ha tomado está destruyendo medio ambiente y dejando a cada vez más gente en la pobreza y la vulnerabilidad” (p. 46). Más aún, el mismo informe amplía implícitamente el concepto de stakeholders incluyendo entre ellos al medio ambiente natural al definir al desarrollo sustentable como “…el desarrollo que responde a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de responder a sus propias necesidades” (p. 8). Así, la responsabilidad social de las empresas no se consideraba ya sólo frente a sus accionistas (propietarios) o grupos de la sociedad, sino también frente a la especie humana y a su futuro en el planeta.
Además, la resolución número 119 de la 96ª Sesión Plenaria de la Asamblea General de Naciones Unidas celebrada el 11 de diciembre de 1987 reconoce que “El desarrollo ambientalmente racional…. Requiere también la participación de otras entidades, en particular, organizaciones industriales, no gubernamentales tanto ambientales como de desarrollo, así como de la comunidad científica (p. 162). Al referirse a las organizaciones industriales se incluye a las empresas en la tarea de lograr un desarrollo sostenible asignándoles una función en la sociedad más allá de la que planteaban Levitt y Friedman.
En síntesis a finales de la década de los 80, resultaba claro que los planteamientos de la responsabilidad social de las empresas habían evolucionado y que ahora involucraban a nuevos y numerosos actores que incluían no sólo a empresas y grupos de consumidores sino también a científicos, jefes de Estado, ONG´s y organismos internacionales.
En ese nuevo contexto, la TRSE que se produjo en la década de los 90 y hasta nuestros días sería abundante y variada, Garriga y Mélé (2004) la clasifican en cuatro grandes grupos, a saber: las instrumentales, las políticas, las integradoras y las éticas.

La RSE es un simple medio para la obtención de utilidades. Es una herramienta estratégica para generar riqueza.
Políticas
Entienden a la empresa como una organización con poder de decisión que se ejecuta a través de su gobierno corporativo que interactúa con una ciudadanía corporativa.
1. Constitucionalismo corporativo. Davis (1960, 1967).
2. Integradora del contrato social. Anshen (1970) y   Donaldson & Dunfee (1994, 1999).
3. Ciudadanía corporativa. Wood & Lodgson (2002) y  Andriof & McIntosh (2001)
La RSE es aceptar deberes y derechos sociales así como la obligación de hacer aportes a la sociedad más allá del empleo y los bienes y servicios que produce.
Integrativas
Estas teorías resaltan que las empresas y las organizaciones dependen de la sociedad para su sobrevivencia, crecimiento y existencia
1. De aspectos administrativos. Sethi (1975), Ackerman (1973), Jones (1980), Vogel, (1986) y Wartick & Mahon (1994).
2. De responsabilidad pública. Preston & Post (1975, 1981)
3. De la administración de los stakeholders.
4. De desempeño social corporativo. Mitchell et al. (1997), Agle & Mitchell (999), Rowley (1997), Carroll (1979), Wartick & Cochran (1985), Wood (1991) y Swanson (1995).
La responsabilidad social de las empresas y organizaciones es la de integrar y resolver las demandas sociales de los stakeholders.
Éticas
Resaltan que la relación de las empresas con la sociedad es de tipo ético
1. Normativa de los stakeholder. Freeman (1984, 1994), Evan & Freeman (1988), Donaldson &
Preston (1995), Freeman & Phillips (2002), Phillips et al. (2003).
2. Derechos Universales. The Global Sullivan Principles
(1999), ONU Pacto Global  (1999).
3. Desarrollo sustentable. Brutland Report (1987) y Gladwin & Kennelly (1995).
4. El bien común. Alford & Naughton (2002), Melé (2002) y Kaku (1997).
La RSE consiste en que las empresas en su acción pongan por encima de cualquier otro criterio lo que es correcto para la sociedad y el bien común.

Fuente: Elaboración propia con base en Garriga y Melé (2004).
No obstante la gran producción teórica, el creciente número de actores involucrados y la mayor consciencia que hoy hay respecto a que en un entorno social efervescente e inestable las empresas no prosperan, la RSE en los hechos avanza más lento de lo deseado. Ello obedece a diferentes limitantes tanto teóricas como empíricas: primero, el no reconocimiento de que las empresas surgen, funcionan y alcanzan sus metas en la sociedad y no en el mercado solamente, ella determina todas sus características; segundo, las funciones de las empresas y los principios de su desempeño exitoso, sólo pueden derivarse de las causas por las que surgen en la sociedad y ello no ha sido aún abordado por ninguna de las TRSE; tercero, el planeta en el que habitamos cuenta con recursos limitados y nuestra idea de crecimiento ilimitado a largo plazo no es sustentable; cuarto, la RSE implica costos explícitos que los propietarios y accionistas de las empresas, en el afán de generar riqueza, prefieren no asumir; quinto, algunas de las obligaciones sociales de las empresas mantienen aún un carácter jurídico voluntario y no vinculatorio; sexto, los sistemas legales y de justicia están más orientados a proteger derechos individuales que los de la especie humana y séptimo, la crisis económica internacional ha detenido su avance.
Así, como especie humana, nos queda por delante el reto de encontrar el equilibrio entre la necesaria generación de utilidades de las empresas que creamos y cierta justicia social que garantice no sólo mejores niveles de vida sino la preservación a largo plazo del planeta que es nuestra casa.
Bibliografía.
Anshen M., (1970). Changing the social contract: A role for business. Columbia Journal of World Business, 5, (6), pp. 6-14.
Disponible en: http://connection.ebscohost.com/c/articles/5539203/changing-social-contract-role-business.
Consultado el: 9 de septiembre de 2013
Friedman M., (1970). The Social responsibility of business is to increase its profits. New York Times Magazine, 13th September, New York: pp. 33, 122-126.
Disponible en: http://highered.mcgraw-hill.com/sites/dl/free/0073524697/910345/ Appendices.pdf.
Consultado el: 8 de septiembre de 2013.
Garriga & Mele (2004). Corporate Social Responsibility Theories: Mapping the Territory. Journal of Business Ethics. 53, pp. 52 a 71.
Levitt, T., (1958). The Dangers of Social Responsibility”, Harvard Business Review, septiembre-octubre 1958, pp. 41-50.

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