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Eucaristía: tiempo y eternidad

Por Roberto Betanzo, maestro del Instituto Regina Apostolorum

En este año en que la Iglesia pide que renovemos nuestra Fe, uno de los pilares de la Fe católica es la creencia en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

El propósito del presente artículo es mostrar cómo se ha interpretado el significado de las palabras de Cristo en la última cena “Este es mi cuerpo y esta es mi sangre” a través de la historia, empezando con los apóstoles y discípulos, siguiendo con los Santos Padres, a través de los diferentes concilios, hasta nuestros días y cómo esta interpretación ha sido coherente durante toda la historia de la Iglesia.

1)      Presencia real de Cristo en la Eucaristía.-

a)  En la Sagrada Escritura.- Desde un inicio, aparecen las palabras de la transubstanciación en los evangelios sinópticos  Mt. 26, 24-29; Mc. 14, 22-25; Lc. 22, 8. y en San Pablo 1 Co. 11, 24-ss., pero es en el evangelio de Juan Jn, 6, 60-ss  donde más claramente aparece el verdadero significado literal de las palabras y no como signo o símbolo como se pretende interpretarlo.

La interpretación del significado de una misma oración puede variar dependiendo del lenguaje corporal del que la emite. La sentencia “te voy a matar” puede tener un significado literal, -en cuyo caso más vale ponerse a salvo- o en un sentido de broma, todo depende de la intención de la persona que la emite que se trasluce por el lenguaje corporal con que se emite.

¿Cómo podemos apreciar, después de más de 2000 años, el lenguaje corporal con que fueron emitidas las palabras “porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida…si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre [1]?. Simplemente por la reacción del auditorio que las oyó. Se escandalizaron de tal modo que prácticamente todos lo abandonaron y hasta sus apóstoles murmuraban a tal punto que Jesús se vuelve y les pregunta si ellos también lo iban a abandonar y a continuación viene la hermosa confesión de Pedro: “Señor, con quién vamos a ir, sólo tú tienes palabras de vida eterna”.

Por la reacción de los oyentes podemos concluir que Jesús no estaba hablando simbólicamente sino literalmente. Había que verdaderamente comer su cuerpo y beber su sangre para tener vida eterna.

b) En la tradición.- Los Padres de la Iglesia reconocen la presencia real de Cristo en la Eucaristía, el más categórico y que recalca la presencia de Cristo en su cuerpo glorificado es San Ireneo de Lyon :

“Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía, constituida por dos casos, una terrena y otra celestial, así nuestros cuerpos que participan en la Eucaristía ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección” [i]

Aquí, S. Ireneo ya nos anticipa que al participar de la Eucaristía  somos asimilados en el cuerpo glorioso del Señor, por lo tanto somos incorruptibles mientras duren las especies.

c) En el magisterio.-

i) Concilio de Trento: “En el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y el vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre bajo apariencia de aquellas cosas sensibles especies de pan y vino”[ii] (DS 1636).

Ante los ataques del protestantismo de Lutero y Calvino el concilio de Trento define como artículo de fe la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El que la Iglesia no se viera en la necesidad de hacerlo antes se debió a que no había una impugnación sobre dicha verdad. Hasta la reforma protestante el consenso era de que en la Eucaristía estaba Cristo en cuerpo alma y divinidad.

Por lo tanto podemos ver que tanto en la Sagrada Escritura como en la Tradición y a lo largo del la historia de la Iglesia se ha mantenido la creencia firme que a través de la transubstanciación las especies de pan y vino se convierten en el Cuerpo Sangre y Divinidad de Cristo Nuestro Señor de manera objetiva sin importar el que se le reconozca o no.

2) La Eucaristía, sacramento de unidad en el Cuerpo Glorioso de Cristo.

Así mismo mantiene la Iglesia que el que participa de la Eucaristía es asimilado por el cuerpo glorioso de Cristo en unión a todos los que están activos, por medio de la gracia santificante, al Cuerpo Místico de Cristo, ya sea Iglesia triunfante, purgante o peregrinante.

Es el sacramento de unidad que permitirá en la parusía, cuando esté completo, que Cristo se lo presente al Padre.

a) Sacramento de unidad en la Sagrada Escritura.- En la parábola de la vid y los sarmientos (Jn 15, 1-17) Cristo nos ejemplifica cómo pegados a la vid, que es Cristo, nosotros los sarmientos viviremos en unidad alimentándonos de su savia que es la gracia santificante.

b) En el magisterio de la Iglesia.-

i) Concilio de Trento: “Nuestro Salvador dejó la Eucaristía en su Iglesia como símbolo de su unidad y caridad con la que quiso que todos los cristianos estuvieran entre sí unidos y estrechos” ( DS 1635)[iii].

ii) En la actualidad, tanto en el Catecismo de la Iglesia Católica como en el Concilio Vaticano II se recalca el aspecto de la unida y comunión de los fieles en gracia a través de la Eucaristía:

–          Catecismo de la Iglesia Católica:

  •  “En el caso de la Eucaristía, por la cual, compartimos realmente el Cuerpo del Señor que nos eleva hasta la comunión con Él y entre nosotros”. (CIC 790)[iv]
  • (La comunión de los santos) “Es más propio de la Eucaristía… porque ella es la que lleva esta comunión a su culminación” (CIC 950)
  • “ La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios” (CIC 1325)
  • “Fracción del pan… con el que se quiere significar que todos los que comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con Él y forman un solo cuerpo con él 1Co 10 16-17” (CIC 1329)
  • “Nos une ya desde ahora a la Iglesia del cielo, a la Sma. Virgen María y a todos los santos” (CIC 1419)

–          En el Concilio Vaticano II.-

  • “En la fracción del Pan Eucarístico participamos realmente del Cuerpo del Señor, nos elevamos a una compenetración con Él y entre nosotros mismos.” (Lumen Gentiun No7 )[v]

3) Sacramento que anticipa la eternidad.-

Al participar en comunión por medio del Cuerpo de Cristo con Él y a través de Él con el Padre y con nuestros hermanos estamos ya participando en la Fe del modo como participaremos en la eternidad. Estamos con un pie en el eschaton.

Esto nos lo afirma S. Ireneo de Lyon en el párrafo antes citado al decirnos que somos incorruptibles en la esperanza de la resurrección.

Así mismo el magisterio de la Iglesia nos lo recalca continuamente:

a) Concilio de Trento:

i) “Quiso también que fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad y juntamente, símbolo de aquel solo cuerpo del que es Él mismo la cabeza y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrecha conexión de la fe, la esperanza y la caridad (DS 1638)

b)  Concilio Vaticano II:

i) “ Eucaristía, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera” (Constitución sobre la Sagrada Liturgia No 47)

c) Catecismo de la Iglesia Católica:

i) “Alimentados en la Eucaristía con su cuerpo, nosotros pertenecemos ya al Cuerpo de Cristo” (CIC 1003)

ii) “Finalmente por la celebración Eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos. Cfr 1 Co 15 28 “ (CIC 1326)

iii) “Si por nuestra comunión en el altar somos colmados de gracia y bendición, la Eucaristía es también la anticipación de la gloria celestial” (CIC 1402)

Es en este sacramento del amor de Dios en que Cristo elige poner su tienda entre nosotros y acompañarnos en el devenir de la humanidad hasta el final de los tiempos en que ya veremos cara a cara.

Mientras la parusía no se realice y sigamos en calidad de peregrinantes en el mundo, reavivemos nuestra fe como nos lo pide la Iglesia en este año de la Fe culminando nuestro encuentro con el Señor en el sacramento de su amor.


[1] Jn6 52 y ss


[i] Sn Irineo de Lyon , vs haereses 4, 18, 4-5.

[ii]  Denzinger HEl Magisterio de la Iglesia (2000) Herder, Barcelona

[iii] Denzinger, idem

[iv] Catecismo de la Iglesia Católica (1992) Librería Juan Pablo II, Sto. Domingo

[v] Documentos Completos del Vaticano II (1965) El Mensajero del Corazón de Jesús, Bilbao

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