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Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos

Por Valeria López Vela, Coordinadora del CASDH

APREU2

 

“Cada yo es un tú: un Nosotros”.

El siglo xx dejó un halo de desencanto en el corazón de los habitantes del mundo; el cinismo no se hizo esperar. Las grandes guerras, el vuelco de la ciencia contra la humanidad, el límite de la convivencia entre las naciones, pintaban un escenario complejo que abría una encrucijada: el desencanto de la razón y de la humanidad. Así, muchos autores se dedicaron a señalar los estragos y las consecuencias que el siglo pasado nos dejaba. Aún más, no hemos terminado de pagar la factura de tantos y tantos excesos.

Imré Kertész, Premio Nobel de Literatura 2002 y sobreviviente del Holocausto ha explicado al siglo pasado en los siguientes términos: ¿Habéis observado que en este siglo XX cada cosa se ha vuelto más verdadera, más auténticamente ella misma? El soldado se ha convertido en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en gran industria exterminadora de hombres y equipada con crematorios; la ley, en regla para el juego sucio; la libertad universal, en cárcel para los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio”.

Acierta Kertész en la descripción: en efecto, el siglo XX tuvo momentos llenos de sombras –el Holocausto sea, tal vez, la más oscura– pero frente a éstos apareció con fuerza un discurso renovador, optimista, con ganas de solucionar las cosas: el fortalecimiento de los Derechos Humanos.

Los derechos humanos luchan contra la barbarie, contra los estados totalitarios, contra la deshumanización del mundo. Un poco idealistas, un tanto ingenuos, pero sin esa dosis de candidez las relaciones entre las personas pierden su significado, carecen de compromiso.

La visión en la que se sustentan los Derechos Humanos busca rebasar la lógica del dominio, del beneficio o del placer, e insiste en la dignidad de todas las personas más allá de las circunstancias históricas, por encima de los contextos: se trata de encontrar un faro que ilumine las relaciones humanas –entre las personas y las instituciones–.

En la Declaración Universal de 1945 y en los Tratados subsecuentes, los hombres y las mujeres de nuestros días vemos una nueva apuesta por los valores más nobles que han acompañado a la humanidad durante veinticinco siglos. De esta forma, la cultura de los Derechos Humanos busca poner en el centro de las acciones –políticas, económicas, culturales– la libertad personal de los ciudadanos del mundo. No podemos negarlo, el siglo XXI –nuestro siglo– está marcado por la defensa de los derechos humanos.

Sin embargo, hay dos nubarrones que pueden oscurecer este esfuerzo: la trivialización de los Derechos Humanos, convirtiéndolos en una lista interminable de buenos deseos; o la ideologización que los aparta del afán de verdad y los pone al servicio de causas políticas. Solamente el esfuerzo intelectual continuo puede superar estos peligros.

Por ello, el compromiso universitario no puede ser ajeno a este afán. Así, la Universidad Anáhuac México Sur fundó en 2010 el Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos con la intención de colaborar en la creación de nuevo conocimiento y aportar nuevas soluciones manteniendo el espíritu original. Pensamos que el conocimiento debe estar orientado al servicio de la persona con el fin de mejorar las condiciones de la convivencia humana.

La academia aislada, “químicamente pura”, es propiamente dicha una contradicción. El académico del siglo XXI –todavía más, el mexicano– es una persona que hace ciencia pero que no cree en corsets puristas sino que contribuye en el análisis, en el mapeo de los problemas, y que busca dar líneas a posibles respuestas con el fin de mejorar la vida social de nuestro país.

Por ello, en el CASDH no creemos ni en las ideologías, ni en los discursos altisonantes pero carentes de contenido; tampoco en la academia vertical. Nuestro espíritu es el del trabajo académico del más alto nivel para encontrar soluciones a los problemas críticos de los Derechos Humanos a la luz de la dignidad y la libertad de las personas.

Decidimos concentrarnos en dos líneas de investigación prioritarias: Migración y Derechos Económicos Sociales y Culturales.

De esta forma, creamos un Observatorio Universitario en Derechos Humanos desde donde estudiantes siguen y analizan problemas que cambiarán la vida de las personas involucradas. Así, seguimos de cerca la reforma constitucional, el derecho al agua, la situación del arraigo domiciliario. Medimos el pulso a las reacciones de los medios de comunicación y señalamos los puntos clave desde los que pensamos que pueden resolver o empantanar la cuestión.

Además, nuestra red de interlocutores es muy amplia. Discutimos con académicos de todos los centros de investigación en Derechos Humanos que hay en la ciudad y codirigimos un grupo de investigación en Derechos Económicos Sociales y Culturales –DESC– que desde la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Distrito Federal analiza las posibilidades y las condiciones de establecimiento de estos derechos, los cuales se centran en establecer las condiciones de convivencia humanas en sociedad: derecho a la salud, derecho a la vivienda, incluso derecho a las vacaciones. Todos ellos suenan como posibilidades lejanas a la mayoría de la sociedad pero son una suerte de horizonte, una meta a la que debemos aspirar.

También impulsamos la investigación mediante la creación de nuevo conocimiento a partir de nuestros seminarios de investigación y nuestro sello editorial en el que, actualmente, tenemos un libro publicado y dos más en edición. El libro que inauguró nuestro sello fue el del Dr. Mauricio Beuchot, “Derechos Humanos y Filosofía, desde una hermenéutica analógica”, sobre la fundamentación de los Derechos Humanos. Actualmente, nuestros académicos preparan un segundo texto “Objeción de Conciencia y Libertad Religiosa”. El tercer libro es sobre Migración –tema de especial importancia por las condiciones geográficas de nuestro país– y estará listo el próximo año.

En conclusión, tratamos de crear una comunidad de estudio comprometida con la verdad, con la equidad, con la justicia, con la paz. Esa es la responsabilidad del CASDH y la aportación que podemos hacer. Frente a la vorágine del mundo de nuestros días hay que creer, hay que defender las convicciones éticas, hay que crear mejores escenarios sobre los que las generaciones siguientes puedan construir su destino. Los Derechos Humanos son una vía, un camino transitable que puede hacer del mundo un lugar más humano.

Referencias

KERTÉSZ, Imre, Yo, otro, crónica del cambio, Barcelona: Acantilado, 2002, pág.80.

Contacto

Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos

Tel. 5628 8800, ext. 187, 261 y 161

derechoshumanos.uams@anahuac.mx

*Artículo de la Revista Integra, si quieres verlo completo visita la versión digital en http://issuu.com/revista-integra/docs/integra-18

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