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Martín Hernández: Querido maestro

Por Jose Pozón, Investigación y Calidad Académica

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Martín Hernández representa con excelencia la esencia de nuestra Universidad. Académico apasionado, poseedor de una genuina y contagiosa vocación docente, y promotor, tanto en discurso como en testimonio de vida, de los más altos valores humanos, Martín es actualmente Director de la Facultad de Derecho, de la Facultad de Filosofía y de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac México Sur.

Cuando una persona es respetada, valorada y querida de forma unánime y consistente a través del tiempo, sin importar que pasen las generaciones o que la referencia venga de un alumno, de un profesor, de un egresado o de un compañero, no queda más que quitarse el sombrero y tratar de aprender el ejemplo. Este es sin duda el caso de Martín, el querido maestro, a quien les invitamos a conocer un poco mejor a través de la siguiente entrevista.

 

Martín, quienes te conocemos sabemos que eres una persona completamente volcada con tu trabajo en la Universidad, ¿por qué decidiste hacer carrera académica?

Pienso que se debe a dos circunstancias: una que puedo llamar vocacional o inherente y otra que he venido adquiriendo con el paso de los años. Respecto a la primera, desde mi época de estudiante me sentí fuertemente atraído por las humanidades, la historia, la literatura, la filosofía, entre otras; y sentía una necesidad de trasmitir lo poco que iba aprendiendo. Desde el inicio de mis estudios universitarios me involucré en proyectos académicos en mí querida Facultad de Derecho de la UNAM, desde ayudar a calificar exámenes, cuidar a los alumnos durante la aplicación de los mismos hasta llegar a ser catedrático de la Facultad. Como verás, recorrí todos los peldaños de la academia. Así la vida me fue llevando a lo que más me gustaba. La otra circunstancia es mí gran curiosidad. Soy una persona demasiado curiosa, nunca he podido quedarme con una duda, siempre he buscado resolverlas. Esa curiosidad intelectual me ha llevado a seguir conociendo y darme cuenta que me falta mucho por conocer. La conjugación de vocación docente y curiosidad han sido las piedras angulares de mi pasión por la academia.

¿A qué sientes que has renunciado al optar por tomar este camino?

Hoy te puedo decir que no siento que haya renunciado a nada, por el contrario, me siento bendecido pues siempre me he encontrado haciendo lo que me gusta, lo cual en estos días es muy difícil. Una de las quejas que más frecuentemente escucho es cierta inconformidad con la vida, observo que muchas veces la gente está a disgusto con lo que hace, creo que hay una grave carencia de sentido de la vida y eso es muy grave para todo hombre. No te miento, en determinadas etapas de mi vida, con el orgullo propio de la juventud, el renunciar a mi ejercicio de la abogacía, y por qué no, el dejar una fuente más lucrativa que la academia, me llevó a cuestionarme. Sin embargo, hoy te puedo afirmar que tomé el camino correcto.

Es común ver a alumnos saludarte con mucho cariño y respeto. Además, año con año tu nombre aparece entre los docentes mejor valorados por sus estudiantes. ¿Cuál es tu secreto para ser un profesor tan querido?

No creo que exista secreto alguno al decir que el alumno, como todo joven, busca seguridad; en este caso, seguridad en lo que se le enseña. Él debe percibir primeramente que su profesor domina lo que enseña, tanto a nivel teórico como práctico, esto lo lleva a admirar a su profesor, y digo admirar no en un sentido soberbio, sino en su más sencillo significado, esto es, mirarlo detenidamente, y si en esta admiración encuentra dos características fundamentales de todo profesor, el alumno se volcará sobre su maestro y le concederá y reconocerá como eso, como su maestro. Estas dos características son la justicia, entendida como el conocimiento y aplicación de reglas claras y objetivas; el alumno rechaza el subjetivismo y la incertidumbre de depender del estado de ánimo del maestro. La otra es el cariño y entrega del profesor, el cual busca dejar en cada clase lo mejor de él, hacerse entender, trasmitir y vivir su conocimiento. Llevo años mencionándolo: la distinción entre un buen maestro y otro que no lo es, resulta de que el primero ama serlo y al otro le mueven otros intereses, si bien legítimos no tan nobles, como el prestigio, el ánimo de poder y muchos otros.

Aunque eres tan querido, tus alumnos dicen que eres muy exigente, ¿cómo logras que el alumno esté conforme con ese nivel de exigencia y responda a ella?

Simplemente mostrándole el fin, darle a conocer que cada regla, cada tema, cada examen, tiene una razón de ser. Hoy en día nos hemos olvidado del: ¿para qué? Nuestro mundo gira en torno sólo al: ¿qué? Así vemos muchos maestros que se afanan en enseñar o trasmitir un conocimiento, pero nunca muestran la finalidad del mismo, es aquí que debemos recordar que el hombre es un ser de fines y que mientras no mostremos el fin de un saber, ese saber carece de sentido y ante esa carencia pierde importancia el adquirirlo. Siempre debemos tener presente que la justicia no es enemiga de la exigencia, por el contrario se complementan, una exigencia que se basa en una injusticia, en subjetivismos y sin razones, es autoritarismo, y eso no le gusta a nadie. Por el contrario, cuando las reglas son claras y cada uno de los sujetos de la relación se somete a ellas y aquéllas son expuestas en razón de dar a conocer el fin bueno que buscan, las personas generan una relación exigente, pero cordial. Se sabe lo que se debe hacer y también se sabe que de no hacerlo hay una consecuencia previamente expuesta, sin sorpresas. Pienso que cuando la justicia es perfeccionada con la comprensión, el respeto a la dignidad del otro, la paciencia que debe tener el que sabe ante el que no lo sabe, podemos encontrar relaciones exigentes y con cariño.

Además de la labor docente te toca también la labor directiva y de gestión, ¿cuáles son los principales retos que representa dirigir una Facultad?

El mayor reto es lograr formar a personas íntegramente. Memorizar una norma es fácil, más complejo es interpretarla, mucho más es aplicarla y aún más vivir conforme a ella. De eso se trata la integralidad. Por ejemplo, yo busco que mi alumno al estudiar en la materia de derecho civil el tema de alimentos aprenda cuál es su contenido y alcances de los alimentos en la ley, que sepa hacer valer este derecho ante un tribunal y logre una sentencia justa para su cliente, pero también que comprenda que él cuando sea padre cumpla con ese deber alimentario con su familia. Busco formar al mejor abogado, pero también al mejor ciudadano, al mejor padre y al mejor amigo.

¿Cuál es tu visión o ejes centrales para las áreas que te toca dirigir?

Para mí hay dos ejes fundamentales. Por un lado comprender que el profesional del derecho o de las relaciones internacionales descansa en un ser personal, que profesionista y persona son uno mismo, por lo que el enriquecer al profesionista con un conocimiento sólido es enriquecer a la persona y que dignificar a la persona es dignificar al profesionista y a la profesión que representa. El segundo es resaltar que ambas profesiones se desarrollan en la dimensión social del hombre en la que dependemos los unos de los otros, que ante la complejidad de las relaciones internacionales que el mundo presenta es necesario tomar conciencia que una relación la hace el otro, que si bien es diferente resulta necesario para la relación y que por ello se debe buscar la comprensión y el diálogo, y que partiendo de lo común las diferencias sean cada vez menos.

Centrándonos en el mundo del derecho, éste muchas veces no cuenta con muy buena opinión pública, ¿cómo crees que se debe combatir esto?, ¿cómo formar abogados rectos e íntegros?

Es verdad, el actuar de algunos colegas no ha ubicado como una profesión poco confiable, nunca falta el mal chiste del abogado, algunos muy buenos, para amenizar una charla. Sin embargo considero que la abogacía es una profesión muy noble en la que los valores manejados  – libertad, vida, patrimonio– son los más altos para el hombre. Es por ello que afirmo que la abogacía no es mala, lo que hay son malos abogados. Para combatir esto he optado por el modo de enseñanza más eficaz, el testimonio. Hemos implementado un programa denominado Abogado Integro en él que exponemos el testimonio de abogados exitosos que tanto en su vida profesional como personal dan testimonio de rectitud y coherencia. Le mostramos al joven que el éxito profesional no se consigue únicamente con sobornos, mordidas, arreglos por debajo de la mesa, entre otros muchos medios ilícitos, sino que así como hay profesionistas –si así les podemos llamar– corruptos, también los hay honestos y comprometidos con las cusas justas.

En tu caso además eres una persona sumamente comprometida con tu condición de católico. ¿Qué consideras que debe caracterizar a un abogado católico?

Lo que debe caracterizar a todo católico es la caridad, hacer cada acto de la vida con caridad, la cual implica un compromiso con los demás, descubrir en cada rostro a Cristo. Caridad entendida rectamente, pues no se trata de solapar la injusticia sino de imponer la justicia; no se trata de castigar sin más, sino de corregir y enmendar; no se trata sólo de juzgar sino de acoger; no se trata sólo de sancionar sino de comprender.

Otra de tus grandes pasiones es la filosofía, ¿por qué te atrae tanto?

Porque ahí encontré el camino a “mi curiosidad” de la que ya he hablado. Se trata de buscar, cada día, respuestas al sentido de la existencia, de luchar por encontrar la mejor respuesta al derecho, a las relaciones internacionales, a la misma vida, y poner nuestros hallazgos al servicio de los demás. La filosofía es pasión y  refresco a esa sed de saber a la que se refiere Aristóteles en las primeras líneas de su metafísica.

¿Qué crees que aporta la filosofía a una Universidad?, ¿qué papel debe jugar?

Yo no puedo comprender una verdadera Universidad sin filosofía. En una analogía puedo decir que la filosofía es a la Universidad lo que el alma es al cuerpo, es ese principio vital que hace que una Universidad lo sea. Es ese ingrediente invisible y determinante para el desarrollo del viviente. La Universidad nace a la luz de los estudios filosóficos. La Universidad encuentra su fundamento y razón de ser por y en la filosofía, es la generadora de pensamiento y base de todo saber. La filosofía da sentido a las ciencias particulares y corrobora su validez epistemológica y su sentido ético. En mi opinión, una Universidad sin filosofía dista mucho de ser lo que es.

En la Facultad de Derecho una de sus apuestas académicas más firmes en este momento es el Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos, ¿por qué?

La Universidad debe atender a una realidad concreta, no concibo una institución educativa de este tipo encerrada en cuatro paredes o un laboratorio, es su deber atender a las exigencias sociales. En este sentido los derechos humanos se nos presentan hoy como una oportunidad de diálogo, de acercamiento entre los hombres y sobre todo la oportunidad de vivir plenamente la dignidad de las personas. Para nosotros los derechos humanos no es sólo un tema demagógico, sino es una esperanza para que el hombre viva más plenamente, para acortar esas grandes diferencias entre los hombres, para vivir en una sana igualdad en donde haya oportunidades para todos y una convivencia verdaderamente humanas. Hace tres años apostamos por este proyecto que de manera modesta ha venido logrando la obtención de espacios en el diálogo actual y ha abonado en la promoción y difusión para lograr que sean respetados los derechos humanos. ¿Por qué un Centro en Derechos Humanos? No cabe más que la respuesta que es debido a un sentido de compromiso y responsabilidad de nuestra Universidad.

En el mundo actual, ¿cuáles crees que son las mayores amenazas u obstáculos en materia de derechos humanos?

El obstáculo es desterrar una cultura que si bien habla de derechos humanos no los conoce, el reto más allá de ser legislativo es cultural. Nuestra historia nos muestra que en México no ha existido una cultura de los derechos humanos, esto nos ha llevado a ver estos derechos radicalmente bajo dos lentes. Bajo la lente de la impunidad, pues no es extraño el comentario de ver a estos derechos como un medio para evadir la justicia o bien de extender su sentido y alcances y ver a todo derecho como derecho humano. Por exceso o por defecto, lo cierto es que en la realidad mexicana  no contamos con una adecuada educación en derechos humanos, pues bien no existen o bien lo son todo. Necesitamos formar culturalmente en derechos humanos, es una labor que las Universidades no podemos dejar para después, la sociedad necesita conocer los límites, alcances y peso específico de estos derechos, sólo así serán respetados y garantizados verdaderamente.

¿Y las mayores oportunidades o signos de esperanza?

Dos cosas: la importancia que el Estado le está dando a los mismos a través de una serie de reformas siguiendo la visión internacional. Debemos aprovechar este momento para salir al paso con propuestas concretas que hagan realidad la vivencia de estos derechos. También contamos con el cada vez mayor involucramiento de la ciudadanía en este tipo de temas. El ciudadano debe asumir su responsabilidad y aprovechar la intención que hoy se tiene de cambiar paradigmas jacobinos y arcaicos en torno al derecho y atreverse a cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Finalmente, ¿por qué te sientes tan identificado con la Anáhuac?

Más que de una identificación quisiera hablar de un agradecimiento. Muy pocas instituciones logran cambiar vidas, la Universidad Anáhuac cambió la mía. Encontrar un lugar en donde te puedas desarrollar intelectualmente y espiritualmente son muy pocos. Encontrar un lugar en donde cada uno es valorado como persona integralmente es una bendición. Tener un espíritu de formador y encontrar el lugar que comparta ese compromiso hace que uno deje de buscar y vuelva cada día a los brazos siempre abiertos del bien, el cual por bien se difunde, como la Universidad Anáhuac México Sur difunde la verdad.

*Entrevista de la Revista Integra, si quieres ver la entrevista completa visita la versión digital en http://issuu.com/revista-integra/docs/integra-18

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