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La partida del caudillo y sus consecuencias

Por Walter Astié-Burgos, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales. Destacado internacionalista y diplomático para el periódico El Universal.

 Al estilo del Kremlin de los “años dorados” de la extinta Unión Soviética,  los gobiernos de Cuba y Venezuela mantuvieron en el  más pavoroso silencio, secreto y ocultamiento, primero la gravedad de la enfermedad de Hugo Chávez, y luego su muerte. La comparación no es malintencionada, pero tampoco es ociosa. Finalmente  se ha informado oficialmente que el caudillo latinoamericano nos ha dejado y, obviamente, su partida deja detrás de sí muchísimas interrogantes, tanto sobre el futuro del chavismo en la propia Venezuela y en América Latina, como en las relaciones internacionales contemporáneas en la cuales fue un actor muy protagónico.

Ante todo, Chávez fue un personaje sumamente polémico, que despertó amores y odios. Para unos, fue un gran líder que enarboló las  causas de los desposeídos y marginados, para otros no fue más que un muy folklórico populista… un demagogo tropical. Sea como fuera, lo que  no es discutible,  es que su actuación tuvo un gran impacto en la América Latina de la posguerra fría. Teniendo como telón de fondo los profundos cambios que el mundo ha  experimentado a raíz del fin de la guerra fría, la perdida de influencia de Estados Unidos en América Latina, la insatisfacción de los latinoamericanos con los partidos y los políticos tradicionales, y con las políticas neoliberales en boga, emergió la figura de un nuevo tipo de caudillo que, apuntalando su febril  activismo y muchas veces desmedido protagonismo, en la riqueza petrolera de su país, impulsó una clara corriente ideológica y abrió imprevistos espacios para las relaciones de América Latina con el mundo.

El record de su “diplomacia petrolera” no es nada despreciable. La anteriormente bastante discreta Venezuela, de repente se encontró fuertemente posicionada y visible en América Central, en el  Caribe y en América del Sur. Incluso fue mucho más allá de su entorno geográfico inmediato,  acercándose a Rusia, a Bielorrusia, a Irán, a Siria y a China. De igual manera y como Cuba perdió liderazgo en los asuntos regionales e internacionales con el retiro de Fidel Castro de la palestra, Chávez   llenó ese vacío impulsando su socialismo del siglo XXI. Todo lo anterior, inevitablemente, tuvo un costo político, puesto que el presidente venezolano también remplazó a Fidel como principal antagonista de Estados Unidos; papel que no le costó ningún trabajo desempeñar, pues lo ejecutó con gran entusiasmo, dedicación y gusto. Sin duda sabía bien lo que hacía, porque a diferencia de la Cuba de Castro, la Venezuela de Chávez es un importante proveedor de petróleo de la superpotencia. Siendo el hidrocarburo el talón de Aquiles del Coloso del Norte, ello en mucho explica la enorme tolerancia y paciencia de Washington hacia su crítico más acérrimo de los últimos años.

Sin embargo, ya antes de su enfermedad Chávez había comenzado a perder  el brillo y la popularidad que  tuvo entre sus seguidores originalmente. En efecto, tras más de 13 años en el poder -merced a sus continuas reelecciones que no dejaban bien acreditadas sus credenciales democráticas-,  se registró un desgaste natural. Adicionalmente, perdió  a  dos grandes “demonios”  o “villanos favoritos” que le brindaban la oportunidad de   ser escuchado urbis et orbis: George Bush hijo fue remplazado por el afroamericano   Barak Obama, y Álvaro Uribe también fue sustituido por un nuevo mandatario mas proclive a  negociar con la guerrilla colombiana. En este mismo sentido, con mucha mayor discreción y seriedad, el Brasil de Lula obtuvo  mejores resultados con un socialismo más eficiente y menos estridente, que contrasta enormemente con el pésimo saldo que Chávez deja en la encomia y en la seguridad publica  de Venezuela. Como todo en esta vida, el momento del caudillo venezolano ya estaba pasando, y concluyó abruptamente con su fallecimiento.

Lo más probable es que el “chavismo bolivariano” no morirá con la partida de su autor, pero obviamente ya no podrá ser el mismo, puesto que mucho se edificó de acuerdo a las circunstancias y el momento que permitieron la ascensión al poder  de don Hugo, y conforme a su  carisma personal y sus grandes dotes histriónicas y mediáticas que atrajeron a  múltiples seguidores. Para bien o para mal, Chávez deja un gran vacío que difícilmente podrá ser llenado por otros mandatarios de izquierda como Evo Morales de Bolivia, Rafael Correa de Ecuador o Cristina Kichner de Argentita. Por ende, lo que  puede preverse es un cierto realineamiento de fuerzas y de equilibrio ideológico en America Latina. De la misma forma que muchos  gobernantes cercanos a Chávez, inevitablemente,  sufrirán las consecuencias de la disminución del apoyo político, económico y petrolero de su gran  mentor, otros tendrán  la oportunidad de encontrar nuevos espacios para posicionarse: obviamente, ni Estados Unidos ni Brasil dejarán pasar dicha oportunidad. Respecto a México, cabe  recordar que, al tiempo que Hugo Chávez  se convertía en un figura central en los asuntos regionales, nuestro país comenzó, triste y lamentablemente, a  retirarse del escenario latinoamericano, al grado que Caracas ocupó espacios que tradicionalmente eran mexicanos, como en América Central y el Caribe. Esta es, sin duda alguna, una excelente oportunidad para el nuevo gobierno mexicano de revertir la contraproducente tendencia de los últimos años.

En síntesis, ni América Latina, ni la posición de nuestra región en el mundo, ni mucho menos Venezuela,  serán las mismas sin Hugo Chávez. El cambio  es inevitable, pero el que  sea  para bien o para mal, en mucho dependerá de la visión, audacia y compromiso que los gobernantes actualmente en el poder asuman frente a las nuevas realidades que se nos presentan. Al margen de las opiniones de  quienes glorificarán o satanizarán  al caudillo venezolano, su paso por la historia latinoamericana deja muchas lecciones que hay que   tener muy en cuenta. ¿Cómo fue posible que un exgolpista, bastante populista y egocéntrico,  llegara al poder y se perpetuara en él por la vía democrática?  Simple y sencillamente porque  entendió las  frustraciones y el gran malestar de los millones marginados y olvidados que abundan en nuestra parte del mundo, lo que no siempre es el caso de nuestros gobernantes. Los detractores de Chávez, que no quieran ver a otro igual al frente de un gobierno latinoamericano, mal harían en no recoger la  muy sabia enseñaza que nos legó.

 

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