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El círculo vicioso de la democracia y la violencia

Por Valeria López, coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos para el diario La Razón.

Los mexicanos sabemos que la violencia en nuestro país es la más cruel y sanguinaria de los últimos cien años. Hace tiempo que nos hemos despertado con noticias que dan cuenta de la inseguridad que hay en el país: desde las fosas de San Fernando hasta los descuartizados de Cadereyta, todos ellos suman una cifra más a los incontables desaparecidos y los 60 mil muertos que nos dejó el calderonismo.

Pero, ¿a Latinoamérica le va mejor? Hace apenas unos días, Latinobarómetro publicó los resultados 2012 sobre violencia en Latinoamérica y los resultados son ensombrecedores: Latinoamérica es la zona más violenta y desigual del mundo.

Aquí algunos datos. Para quienes todavía creen en el sueño boricua, que tanto ha denostado Foreign Affaires, las cifras son poco favorecedoras: cinco de los 10 países más desiguales del mundo están en América, entre ellos Brasil.

En América Latina el 20 por ciento más rico de la población tiene el 57.8 por ciento del ingreso. Al mismo tiempo, tenemos el 9 por ciento de la población del mundo y el 27 por ciento de los homicidios y 10 de los 20 países con mayores tasas de homicidios del mundo son Latinoamericanos.

Los ciudadanos mexicanos perciben que su país es altamente peligroso y lo colocan como el cuarto país más peligroso de la región.

Y aunque la pobreza ha disminuido, la desigualdad y la violencia han aumentado.

Así las cosas, la construcción de la democracia se vuelve una empresa que nació quebrada: no es posible consolidar la igualdad y la libertad —promesas democráticas— sin un mínimo de paz social que permita la convivencia entre los ciudadanos.

Y, por ende, la reducción de la violencia tampoco parece tener fin, pues sin un gobierno legal y legítimo, fuerte, que pueda hacer frente a los problemas de seguridad no es posible alejarse de la violencia.

En este preciso momento histórico no alcanzo a ver cuál de ellos es la causa y cuál es el efecto. No sé si la violencia en México se desató por causa de malos gobiernos, si hemos tenido malos gobiernos a causa de la violencia o si, en realidad, son inseparables y querer dividirlos es más una quimérica epistémica que una realidad política.

De lo que estoy segura es que la opción del silencio, la complicidad, no es benéfica para la nación. La democracia mexicana está en riesgo por la violencia.

Y que nos hayamos acostumbrado a este clima no significa que sea una manera buena de vivir: la violencia que ha sufrido esta generación de mexicanos es inhumana y hemos de esforzarnos por erradicarla, lo más pronto posible.

politicaltriage.razon@gmail.com

Categorías:Derechos Humanos
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