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No ceder ante el terror

Por Valeria López, Coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos para el diario La Razón

En el origen del pacto social se encuentra el tema de la violencia. Como quería Hobbes, cedemos ciertas libertades para obtener ciertas seguridades. La primera, la vida.

Por ello los casos de violencia dirigida afectan tanto la estabilidad social. Más aún, dañan la cohesión social y lastiman —profundamente— a la sociedad.

El ataque de ayer a la escuela judía en Toulouse es inadmisible. No hay motivo alguno que justifique la violencia en contra de los niños; mucho menos la violencia por convicciones religiosas.

La primera libertad es la de conciencia y habremos de defenderla por todas las vías.

La escuela, el lugar de nuestros recuerdos seguros de la infancia, se ha convertido en un punto de debilidad que aprovechan los terroristas; ya para secuestrar, ya para asesinar. Sólo hay un adjetivo para describir esto: abominable.

Pero coincido con Sarkozy: el Estado no puede ceder frente al terror. Y esto reclama un impecable ejercicio de búsqueda y deslinde de responsabilidades. Como cualquier ciudadano espero la dureza de la ley y la justicia del Estado para encontrar a los culpables, castigarlos y detener —definitivamente— este modus operandi que tanto daño hace a las familias, a las comunidades.

El gobierno mexicano no ha terminado de entender que gran parte del reclamo social frente a la guerra contra el narco se refiere a las víctimas colaterales.

No es creíble pensar que haya 60 mil sicarios.

Y no es posible perder de vista que todos ellos —delincuentes y no delincuentes— son miembros de una familia cuyo deceso representa una pérdida para un grupo.

La muerte de los caídos en la guerra contra el narco es nuclear —pues afecta a familias implicadas o no con el crimen organizado— y expansiva —pues siempre daña a alguien más.

Y así como los ciudadanos franceses confían y esperan que el Estado responda con eficacia frente a la muerte de los niños y el profesor del colegio Ozar Hatorah, los mexicanos necesitamos volver a creer en nuestro Estado.

Calderón no ha cedido frente al terror, pero tampoco ha logrado contundencia en su lucha. Pareciera que apuesta para perder.

La credibilidad del régimen calderonista —que nació con bastantes cuestionamientos— pende de un hilo desgarrado: o la estrategia da frutos o se condena al fracaso histórico.

El fantasma de la violencia afecta tanto el clima electoral francés como el mexicano. Lo sabemos todos. Es indispensable tener previstos escenarios difíciles el día de las elecciones; que el Estado sea eficiente —al menos— en salvaguardar la democracia.

politicaltriage.razon@gmail.com

Categorías:Derechos Humanos
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