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El lector electrónico… ¿el fin del libro impreso?

Por Genoveva Hernández Ruiz, Biblioteca

Durante milenios, el conocimiento se ha plasmado en diferentes soportes. En los últimos siglos, el libro, manuscrito e impreso, ha sido el principal medio de conservación y difusor de las ideas. En el siglo XX se desarrollaron la película cinematográfica, la televisión y el video, como medios de divulgación. Actualmente vivimos en una época de transición, donde  los medios electrónicos vienen a potenciar la función de los impresos, al permitir la producción y transmisión de información de manera más rápida, fácil y atractiva.

Varios estudios han demostrado que mientras el oyente de audio o espectador de cine y televisión, percibe el mensaje sonoro al ritmo de 9000 palabras por hora, un lector medio lee 27000 palabras en el mismo tiempo. Si ese lector habituado a la técnica de leer recorriendo o en diagonal, selecciona lo que más le interesa puede triplicar su velocidad lectiva. Esto nos lleva a poder afirmar que la lectura sigue y continuará permaneciendo como el medio primordial de adquisición del conocimiento por la sencilla razón que es más eficaz que las nuevas técnicas audiovisuales. La información como generadora de cambios sociales, económicos, políticos y culturales, contribuye en todos estos aspectos de manera recurrente poniendo como eje la integración electrónica.

Un mundo sin libros

Con la invención de la computadora hace poco más de 50 años y su reciente transformación en especial en la comunicación y el entretenimiento, ha llevado a su ingreso desigual y parcial a la vida cotidiana de un número significativo de personas, con este uso se están generando nuevas formas de comunicación y de relación, que ha puesto en jaque algunas ideas sobre la comunicación y el conocimiento que se consideraban inamovibles. Los nuevos medios digitales han generado un nuevo discurso, “el libro va a desaparecer”, la idea se ha planteado por lo menos hace mas de 100 años, desde la época en que el cine comenzó a contar historias, desde entonces, cada que surge un nuevo medio de comunicación el fin inminente del libro se repite, actualmente el asunto se plantea con más fuerza, ya que los medios digitales plantean un cambio cualitativo en el manejo de la información, además de la utilización masiva por un gran número de usuarios hace necesaria la revaloración de los medios tradicionales de lectura, sin embargo es necesario concientizar que la digitalización de los libros va más allá de una simple transferencia de formato, o el cambio de una cultura como la escrita a un soporte digital, no se trata de una simple migración, sino del riesgo que implica una estructura de pensamiento que ha amparado durante siglos a buena parte de las culturas del mundo que se han proyectado a través de los impresos.

McLuhan, uno de los fundadores de los estudios sobre los medios de comunicación, fue uno de los grandes visionarios de la presente y futura sociedad de la información. McLuhan se encuentra con una contradicción cuando afirma “la imprenta volvió anticuada la escritura, pero actualmente se escribe mucho más que antes de la imprenta. El desuso no significa extinción.”

 Esta última frase se ha venido comprobando a lo largo del tiempo en los estudios de “evaluación de las colecciones”, que son realizados principalmente en bibliotecas universitarias, académicas y especializadas, donde se detecta el uso de los materiales impresos. En los resultados de estos estudios se puede apreciar que algunos libros dejan de usarse en un rango que va desde 6 meses, 1 año, 2, 3 y hasta 7 años, pero después de este tiempo se vuelven a utilizar.

André Maurois, biógrafo y crítico francés, pensaba que tenía que llegar un momento en que por su abundancia, las telecomunicaciones, junto con la tecnología, engendrarían monotonía y superficialidad, “cuando el ser humano vaya al encuentro de la soledad, volverá a la lectura. Cuando anhele profundidad volverá al libro.” Estas son frases que nos hacen reflexionar que un mundo sin libros, se vería como una nebulosa, algo obscuro y difícil de comprender y asimilar. ¿Cómo concebir un mundo sin libros?

Si la humanidad no tuviese libros, no tendríamos dioses, ni historia, ni ciencia, ni técnica, ni poesía, por eso los libros son los únicos instrumentos capaces de pulir y alimentar el espíritu, los libros hablan y hacen hablar, escuchan y dejan oír, orientan, aconsejan, enseñan. Thomas Bartholiu nos legó estas palabras: “sin libros, Dios está silencioso, la justicia dormida, las ciencias naturales paradas, la filosofía coja, las letras mudas y todas las cosas en vueltas como en unas heladas tinieblas.” (De libris legendis)

¿Será lo mismo leer en un libro que en una pantalla electrónica?

Ante esta interrogante hay quienes dicen que no y quienes dicen que si, la diferencia puede radicar en la esencia de la practica: los que saben leer y aquellos que navegan por una lectura pero que no lo hacen a fondo. Christine Rozen en su artículo “People of the Screen”, destaca que nunca será lo mismo leer un documento en línea que un impreso; sin embargo para los usuarios que gustan de las tecnologías, dicho argumento no representa ningún riesgo.

La lectura en un libro es secuencial y explota un discurso lógico-racional, conforma la visión integral del autor, de un pensamiento, de una manera de argumentar. La lectura es uno de los mejores maestros, que forma un pensamiento analítico y crítico; por esta razón incurre en la longitud neuronal, su estructura, sus interconexiones y la configuración del cerebro. A este factor se suma la posibilidad de escribir a mano, potencial que se está perdiendo a raíz de la llegada de la lectura digital, sobre todo en los espacios de estudio y profesionales; es una realidad que existe una profunda conexión entre el movimiento de la mano y la formación de neuronas, en la formación escolar la escritura fue la que nos llevo más tiempo en aprender, justo porque es una actividad donde los movimientos motrices se relacionan con la formación del lenguaje, el escrito dentro del cerebro y son precisamente estas actividades primordiales que los usuarios de las nuevas tecnologías tienden a abandonar: la escritura manual y la lectura en los impresos.

Rozen afirma que la lectura en una pantalla, es totalmente diferente a la de un libro, ya que en este, la lectura es secuencial, la pantalla tiene una distribución en F, en la cual la mirada intenta localizar los núcleos informativos más importantes, se extrae la información estratégica y no se considera el contexto general del libro ni mucho menos la visión íntegra del autor, además de que implica cambios de interactividad y navegación a fin de localizar información de manera muy rápida; nada más represivo que permanecer inmóvil-sin navegar una hora ante la lectura de textos planos originalmente concebidos para libros. Todo lo relacionado con la vida moderna, nos aleja de ese estado que es propicio para la lectura profunda, las nuevas generaciones crecidas entre la música, los medios audiovisuales, diversas pantallas: celulares, messenguer, facebook, mas el texto que deben obligadamente leer, poseen reflejos y capacidades combinatorias nuevas, pueden realizar acciones cognitiva multitarea y son multifuncionales.

Se crea una nueva brecha de los que leen y los que no, las clases menos favorecidas leen más libros que aquellos que cuentan con computadoras e internet en casa, esto sin olvidar que México es un país que no lee, como lo demuestran las cifras de la OCDE; los mismos estudiantes reconocen que sus prácticas de lecturas son diversas y volátiles, mezcladas unas con otras, en consecuencia tienen dificultades para recordar autores, conceptos y para crear conocimientos indispensables en la transformación de sus diversas realidades.

Se debe señalar que por un lado existen quienes defienden y endiosan a las nuevas tecnologías digitales y por otro el que habla del libro como un objeto perfecto, casi sagrado, ambos se equivocan al pensar que en el libro cabe todo y que la computadora puede hacerlo todo, más bien todo depende del gusto personal. Hay a quienes las nuevas tecnologías los atraen mucho, pero también a los que los asusta un poco

Podemos concluir que estamos ante un logro evolutivo, una respuesta neuronal ante las condiciones cambiantes del medio donde cada tecnología y/o lenguaje es una expresión de una cultura y un potencial para su transformación. Cada uno de los soportes que ha acompañado a la humanidad hasta el momento no debe de contemplarse como simples objetos de deshecho en peligro de extinción cada vez que llega uno nuevo, debe tratarse en todo caso como complementariedades.

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