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Antonio Attolini Lack (1931-2012)

Por Diego P. Gómez Arienzo, alumno de la Escuela Arquitectura

Me permito titular la siguiente reseña con el mismo encabezado del artículo publicado en el diario 24 horas por nuestro director de la Escuela de Arquitectura, el Arq. Vázquez del Mercado. En dicho artículo se expresa la profunda admiración y el marcado magnetismo que ejerció la vida del arquitecto Attolini -fallecido el 28 de febrero del año en curso- en nuestra generación de arquitectos, generación cuya actividad ha relegado las enseñanzas de la “vieja escuela” y las ha cambiado por una computadora “pensante” o sustituta del pensamiento universal. El Arq. Attolini fue y será de gran importancia para nuestra universidad, no sólo por la instauración de la Medalla Attolini o por su práctica docente en nuestro campus, sino por el inmenso legado que nos dejó como arquitecto, profesor, y amigo, con una huella palpable en nuestras vidas como estudiantes.

En el caso particular de muchos estudiantes de arquitectura, Attolini fue un catedrático excepcional e inolvidable. Generaciones más recientes experimentaron al Arq. Attolini ya aquejado por su difícil enfermedad. Sin embargo, la pasión que mostró hacia la arquitectura durante sus últimos años de vida siguió siendo ejemplar. Nunca se ausentó en las entregas de la Medalla Attolini, y siempre mostró el entusiasmo de un recién egresado.

El nombre Attolini es un sinónimo de calidad en el arte de construir. Es idílico pensar en las casas del Pedregal que fueron erigidas por el equipo del Arq. Attolini. Aquellas casas abiertas a la calle que paulatinamente han sido sustituidas por murallas inquebrantables, elementos que hacen al Pedregal cada vez más agresivo. Incluso las casas del mismo arquitecto han sido víctimas de “implantes” que demeritan la obra en su totalidad. No obstante, perdurarán por mucho tiempo obras excepcionales como la iglesia La Santa Cruz del Pedregal, sin duda, un hito attoliniano del fervor religioso.

Sólo queda mencionar que la enseñanza más importante del Arq. Attolini fue probablemente la siguiente, al igual que escribe el Arq. Vázquez del Mercado: “…sólo hay una forma de construir: …Bien”. Así pues, esperemos que la Ermita de la Paz, proyectada para nuestro campus, sea un fiel testimonio póstumo del cariño por el arte de la “buena construcción”.

Categorías:Arquitectura
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