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Mujeres en el siglo XXI

Por Valeria López, Coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos, miembro del sistema nacional de investigadores SNI, para el diario La Razón.

En 1971 Esther Vilar publicó un libro muy famoso llamado El varón domado, en el que sostenía que la supuesta dominación femenina era, más bien, una estrategia de supervivencia económica.

Las mujeres “sojuzgadas” se situaban en una posición de comodidad existencial en la cual los hijos eran la garantía de manutención. El libro sostenía que había mujeres que disfrutaban ser el cordón umbilical del hombre.

El varón domado era interpretado como un hombre quien era controlado a base de chantajes morales o sexuales y que tranquilizaba a billetazos su conciencia.

Una caricatura de las relaciones humanas en la que las mujeres eran flojas y chantajistas mientras que los hombres eran, simplemente, estúpidos.

En el juego de la dominación es difícil saber quién es quién, pues, como sabemos, no hay víctima sin victimario. A mayor capacidad intelectual más sublime, discreta y velada puede ser la dominación —tanto de hombres como de mujeres.

Verdad a medias o media verdad; la realidad es que en los primeros años del siglo XXI el ardid no funciona más. La volatilidad del mercado de la carne escapa a fórmulas encorsetadas, pues las posibilidades de elección se han multiplicado; no así las oportunidades fácticas.

El mosaico de lo que significa ser mujer en el siglo XXI es tan amplio como contradictorio; las hay con burkas, dedicadas al hogar o dirigiendo el Banco Mundial. Algunas felices, otras resignadas.

Y aunque moleste a algunos lectores, hay afrentas que sólo ocurren a las mujeres por su condición de mujeres.

Sin embargo, no creo que en el código genético de los mexicanos esté el gen del machismo, pero todavía no se ha desactivado el “chip mental” de discriminación.

Las mujeres mexicanas tienen que justificar sus decisiones, todas; su circunstancia existencial o hasta sus preferencias políticas. Todo está por demostrarse cuando, en justicia, no tendría por qué ser así.

Un igual no tiene que justificar sus decisiones.

Pareciera que el ejercicio de la libertad femenina depende, todavía, de cuestiones tan aleatorias como la geografía: no es lo mismo ser mujer en Alemania que en Egipto.

Dado que el argumento vale lo mismo para prácticamente cualquiera de los grupos vulnerables creo que más que pelear por los derechos y oportunidades de un grupo específico, sería mejor plantear una cruzada internacional por la justicia social.

Dicha cruzada incluiría a los migrantes, a las mujeres, a los pobres… a todos los que han sido desalumbrados del espectro social y que deben volver al camino de la libertad y la dignidad.

Categorías:Derechos Humanos
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