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Simplicidad: factor para regulaciones

Texto publicado como Columna Invitada en CNN Expansión, por José Luis González, aspirante al Doctorado en Administración de la Universidad Anáhuac México Sur.

“Repensar, rediseñar y reconstruir”, fue el lema del la Cumbre Económica Mundial 2010 en Davos: repensando modelos de negocios, financieros y de riesgos; rediseñando instituciones, políticas y regulaciones; y reconstruyendo la confianza. El propósito de éste fue impulsar la cooperación global como catalizador para presionar desafíos y evitar riesgos en el futuro, lo que implica que todos colaboremos como una verdadera comunidad.

Desde el 2009, en ese Foro Económico Mundial ya se ha venido hablado sobre la necesidad de establecer un proceso (entonces anual) para ayudar a diseñar los sistemas e instituciones que el mundo necesita para realmente cooperar y para confortar los retos globales de un modo mucho más proactivo.

El año pasado, el fundador y presidente ejecutivo del World Economic Forum, Klaus Schwab, comentó que resulta imprescindible formar mejor el valor ético base de los negocios. Agregó que la utilidad es el mayor conductor de los negocios, pero que está claro que la utilidad no debe obtenerse a cualquier costo, y que la autoindulgencia no puede reemplazar a la remuneración competitiva razonable.

En esta crisis hemos visto cómo la voracidad de los mercados financieros por altos rendimientos hace que ejecutivos financieros de todo el mundo se olviden de cuestiones que han sido factores de riesgo clave en el manejo del capital de los ahorradores.

Hoy en día, la ya tan mostrada incapacidad para la autorregulación de parte de las instituciones financieras, derivada de los problemas que tiene la sociedad para regularse a sí misma, sugiere que es imperativo asegurarnos de evitar en el futuro los excesos que nos llevaron a la crisis actual.

Es cierto, la regulación incrementa costos tanto a las instituciones financieras como a los gobiernos, pero en lo que se forman los valores éticos idealizados por Schwab, es esa regulación la que establecerá una obligatoriedad para seguir lineamientos que acoten los riesgos. Esto será benéfico para todas las partes ya que obligará a revisiones más minuciosas de los riesgos implicados, evitando posibles quiebras futuras de instituciones financieras, posibles desfalcos a ahorradores e inversionistas, y eventuales crisis económicas, como la que vivimos hoy día.

En el marco del Foro Económico Mundial 2010 en Davos, Brian Moynihan, CEO de Bank of America, agregó que los banqueros están preocupados en que demasiada regulación limite el crecimiento económico. La resistencia de los banqueros hacia la regulación se deriva de que ellos tienen una mayor tolerancia al riesgo, en parte posiblemente, porque sus inversiones se fondean con el llamado “other people’s money“.

En este sentido, Jack Ehnes, CEO de State Teachers’ Retirement System, el segundo fondo público de pensiones más grande de los Estados Unidos, aclara que se habrá de responder a la pregunta de cómo desarrollar una regulación adecuada en tiempos en los que hay tantas fricciones en los mercados.

Otros ejecutivos entrevistados luego de la reunión de CEOs de bancos en Davos coinciden en que la regulación es inevitable. Parece claro que la regulación sana además de inevitable, es necesaria, y que tal vez los bancos tendrán que conformarse con menores expectativas de rendimientos.

La respuesta parece ser que sí… sí hay que regular, pero no en exceso. No podemos olvidarnos de considerar que el control tiene una fuerte correlación directa con la burocracia. Una regulación excesiva y tortuosa podría alimentar procesos burocráticos que, además de alentar a la corrupción, afecten a la productividad y eficiencia de las instituciones financieras, perturbando su capacidad para otorgar los créditos tan socorridos para el desarrollo económico.

Es por lo anterior, que debemos cuidar que cualquier regulación impuesta sea aplicable y verificable en términos prácticos. La obligatoriedad en el cumplimiento de las leyes es crucial. Las reglas que no pueden ser correctamente verificadas, controladas y sancionadas tienden a ser pasadas por alto: existen instituciones que no las acatan y los gobiernos no exigen cabalmente su cumplimiento (o lo hacen a medias) por implicar un seguimiento en extremo complejo.

Basta con echar un vistazo a lo sucedido con la ley Sarbanes Oxley en Estados Unidos. Es el ejemplo perfecto del inconveniente de que los gobiernos sobre-legislen los problemas. Ante un problema, el Congreso en los Estados Unidos sintió la obligación de pasar algún tipo de legislación para dar la impresión de que se está atacando al problema; esa legislación sólo se enfocó en los síntomas y no en las causas.

En consecuencia, fueron varias las compañías que se deslistaron de las Bolsas de valores norteamericanas por no haber sido capaces de cumplir con la regulación y las que permanecieron, siguen la regulación como la interpretan; algunas de las primeras buscaron otros mercados de capitales fuera de los Estados Unidos y las segundas, incurrieron en costos excesivos y en un riesgo que antes no tenían, el de incumplir.

Adicionalmente, las regulaciones complejas también dejan espacio a la interpretación que, con base en su gran poder, algunas instituciones financieras piensan que se pueden flexibilizar.

Quienes abusen del sistema financiero deben de sufrir las consecuencias. Habrá que cuidar que ya no vuelvan las prácticas de enfrentar riesgos excesivos, aliviados con la posibilidad de un rescate del gobierno en caso de que las cosas salgan mal. Resulta sumamente injusto que se utilicen recursos del erario para rescatar a instituciones con mandos irresponsables. Por ello, en el preámbulo del Foro Económico Mundial 2010 en Davos, Suiza, Barack Obama ha mostrado su inquietud por asegurarse de que Wall Street devuelva a los contribuyentes lo que recibieron por el rescate y , poner fin a los abusos y excesos que casi colapsaron al sistema financiero del mundo.

Derivado de ello, el presidente de los Estados Unidos anunció una serie de restricciones para las actividades de alto riesgo de los bancos.

Es por lo anterior que debemos pensar en lo que queremos controlar y debemos regular eso. Debemos establecer mecanismos de control simples, que no impliquen grandes orquestaciones que sólo enriquezcan a consultores independientes. Así como la frase de Monterroso “lo bueno y breve, doblemente bueno”, lo simple con controles simples, es doblemente valioso.

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