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Encuentro Interdisciplinario sobre Objeción de Conciencia

Texto extraído de la publicación Dux Inveritate de la Universidad Anáhuac México Sur, por la Mtra. María Eugenia Guzmán, Coordinadora de la Facultad de Filosofía

El Instituto Mora y la Universidad Anáhuac México Sur a través del Centro Anáhuac Sur de Derechos Humanos llevaron a cabo el Primer Encuentro Interdisciplinario sobre Objeción de Conciencia para detonar una serie de reflexiones en torno a esta  figura controversial y actual y abrir el debate a propuestas viables a solucionar las necesidades sociales, jurídicas y éticas que apremian a nuestra sociedad en el tema de los Derechos humanos.

La Objeción de Conciencia es un tema delicado y difícil que involucra principios tan importantes como la libertad religiosa, la vigencia, la vigencia y obligatoriedad de la ley y la obligación que tiene toda persona a seguir su conciencia.  La objeción de conciencia parte de lo más íntimo de la persona y pudiera oponerse en ocasiones al orden jurídico que debe regir una sociedad, el cual no debe romperse pues está en riesgo de trastocar el bien común y la paz social.

La objeción de conciencia se define, en un primer momento, como la negación de una persona concreta o de un determinado grupo social al observar una conducta ordenada por la ley, alegando para ello motivos de conciencia.  Es preciso considerar que la conciencia es un atributo del individuo y que el juicio sobre la bondad o maldad de una acción puede diferir entre personas.  De hecho, esta percepción diversa se encuentra muy presente hoy en la sociedad.  Así mientras un  individuo muestra una posición casi indiferente frente a cuestiones morales, otro reacciona de manera extremadamente sensible y escrupulosa.

La objeción de conciencia se presenta, por tanto, como la oposición entre la ley y las convicciones personales de aquél que se niega a cumplirla.  Considerado así, parecería, en primera instancia que el problema de la objeción de conciencia no tiene solución, razón por la cual resulta de capital importancia reflexionar y dialogar sobre el tema.

Haremos relato de las principales ideas que se expusieron, de los puntos que se debatieron y de los temas que quedan en la mesa  para su profundización.

El  debate sobre la figura de Objeción de conciencia inició con una fundamentación filosófica y jurídica de ella.  Se reflexionó sobre la validez ética de la objeción de conciencia haciendo hincapié en que ésta debe asentarse en una fundamentación antropológica basada en el respeto a la persona y a su dignidad.  La  conciencia no puede ser vista más que en la relación:  individualidad  –  colectividad.  El bien individual y el bien colectivo guardan una relación íntima ya que el individuo no puede definirse sin su relación con la sociedad. La expresión moral del individuo se realiza entre la Ley y la conciencia demostrando que hay un vínculo ético-jurídico. Es el Estado quien tiene el poder de regular la conducta del individuo y por lo tanto, de sancionar. El individuo al objetar una ley que va en contra de su más profunda obediencia interior, no se opone a la norma jurídica sino a la violencia de ésta.  En esta reflexión filosófica se enfatiza la relación ética del individuo y la colectividad por la justicia. 

La Objeción de Conciencia a la luz del Derecho debe partir de una ciencia jurídica basada en la filosofía.  Debe desprenderse de la reflexión del hombre en la comunidad.  Su obrar toca varios ámbitos normativos como el orden religioso, el jurídico, el social y el moral.  Sin  embargo, la conducta de la persona es unidad de todos estos ámbitos, que aunque cada ciencia estudia el acontecimiento desde su propio objeto de estudio, representa una unidad.  Su hacer y su obrar son ámbitos de la persona que deben tener unidad y congruencia.  Ahora bien, el dato preponderante que el Derecho juzga es primeramente externo y secundariamente interno.  Su interior lo despliega en el obrar. Al ser el acto humano un principio de responsabilidad, la Conciencia y la Libertad se ponen en juego.   El Derecho, quien juzga el obrar del individuo, es uno, sin embargo, debe recurrir a la historicidad jurídica, es decir, a la aplicación del derecho en tiempo y lugar, caso por caso, ya que la ley es sólo un instrumento, más no es el Derecho.  No puede aplicarse la norma por la norma, la línea a seguir sería por la filosofía, la filosofía del derecho, el derecho natural, el derecho positivo y finalmente la aplicación de métodos jurídicos.

La Objeción de conciencia plantea una tensión entre la justicia y la libertad. ¿Hasta dónde puede llegar el Estado y hasta dónde la persona?  Al aplicar la ley universal a casos particulares, ¿cómo se ajusta la Libertad ante la Ley?  ¿Cuándo puede un individuo estar por encima de la ley?  Si bien es cierto, la objeción de conciencia se basa en el ejercicio de la libertad individual, ésta tiene un impacto social que tiene consecuencias y que no se debe desdeñar y es el Estado quien lo regula.  Se debe respetar la libertad más intrínseca del ser humano al objetar, pero con un ejercicio de retribución al Estado, dándole a éste el lugar que le corresponde.

En cuanto a la objeción de conciencia y el estado de derecho, hay Estados que reconocen la objeción de conciencia, y otros que no le han dado cabida, como es el caso mexicano. En las democracias modernas el orden jurídico debe dar protección a la libertad de religión y pensamiento y la objeción de conciencia fortalece el estado de derecho porque resguarda al individuo.  La tolerancia religiosa no sólo hay que tolerarla sino promoverla. Aquí se abre un gran campo por trabajar.  Hay que abrir el debate para que la objeción de conciencia sea reconocido en el orden jurídico.  En cuanto al debate internacional  se planteó la perspectiva del constructivismo social en la que la realidad no existe per se, sino que es un constructo social, la aprendemos por las interacciones que se tiene.  Por lo tanto la realidad es un producto construido. La propuesta que se plantea desde esa perspectiva es el constructivismo educacional donde se construya el reconocimiento de los intereses de los Estados, se ordene el ambiente internacional a través de los tratados internacionales y se construya socialmente una conciencia internacional para no violentar un tratado internacional.

En el aspecto sociológico, la objeción de conciencia debe estar observada no sólo para grupos minoritarios, sino también para los grupos mayoritarios.  El Estado debe respetar la libertad. Las leyes deben regular la convivencia apelando a los casos particulares definiendo las fronteras entre el espacio público y privado.  Las leyes, al ser un reflejo de las sociedades que las construyen, tienen que estar abiertas a la heterogeneidad y no sólo eso,  sino  entablar un diálogo concluyente creando condiciones e instituciones que la soporten.

La libertad religiosa y la objeción de conciencia son conceptos que no sólo se entrelazan sino que son indisociables.  El derecho a la libertad religiosa es una inmunidad de coacción de profesar creencias en público y privado, individual o colectivo que se funda en su misma naturaleza, creyentes o no.  El hombre se cuestiona sobre el fundamento y el sentido de la vida aunque no sea creyente.  Sin embargo, históricamente ha sido desconocida por el abuso del derecho.  La libertad religiosa se encarna en el Estado que puede ser hostil, neutro, no promotor del derecho de libertad religiosa.  Podemos hablar también de una laicidad positiva donde se garantizan los Derechos humanos y la libertad religiosa y una “laicidad inteligente” donde el Estado y la Iglesia están “condenados” a entenderse.

Desde la perspectiva de la Comisión de los Derechos Humanos en el DF, es en la segunda mitad del siglo XX que se rompe el paradigma de los Derechos humanos que se dan como una alternativa al autoritarismo del Estado.  Son derechos que se construyen en relación con víctimas de este autoritarismo como los derechos sociales o derechos de solidaridad.  Hay un cambio en la relación Estado – Ciudadanía donde éstos últimos ya no serán vistos como súbditos del Estado. Se iniciará el proceso de reconocer la idea de la diversidad y se planteará la necesidad de los Derechos Humanos  como un eje de unidad dentro de la diversidad, asumiendo la multiplicidad moral y religiosa. 

 

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