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El bien público y el bien privado no son mutuamente excluyentes

Texto Extraído de la publicación Dux Inveritate de la Universidad Anáhuac México Sur, por el Dr. Francisco Porras Sánchez, Profesor Investigador Asociado C, Adscrito al área de Cooperación Internacional para el Desarrollo del Instituto Mora, Investigador Nacional Nivel I

Muchos de los argumentos que buscan justificar la absoluta separación entre las creencias privadas y las políticas públicas presuponen una relación dicotómica entre el bien público y el bien privado. Desde este punto de vista, el bien privado del ciudadano o funcionario se conceptualiza como opuesto al bien público, ya que el primero se identifica con el interés de grupos no-mayoritarios o no-representativos. En realidad esta visión es muy simplista, ya que el bien privado (incluyendo la creencia privada) es parte fundamental del sistema de producción del bien público.

Tradicionalmente el bien público se ha definido como algo más que la suma de los bienes privados. Si cada uno de los 20 miembros de una cooperativa, por ejemplo, tuviera mil pesos, y decidiera ponerlos en una bolsa común, el bien público resultante no sólo serían los 20,000 pesos de la bolsa, sino también la mayor capacidad de crédito de la cooperativa (porque los fondos son mayores), y la mayor estabilidad financiera. Estos dos últimos atributos son un agregado cualitativo a los recursos monetarios, que son la suma de las partes individuales.

Según Kraft y Furlong (2006), los bienes privados son consumidos individualmente de tal manera que las demás personas pueden ser excluidas (por ejemplo, comprar una casa o un automóvil, asistir al cine, viajar); pero, en estricto sentido, los bienes públicos se consumen en conjunto, porque no son divisibles, y no aceptan exclusiones. El tener una calle iluminada es un caso típico de bien público. El que un gobierno local pueda iluminar sus calles implica que es capaz de proveer el servicio con el ingreso que le dan los impuestos o con deuda; sin embargo, es posible que no todos los habitantes de la calle iluminada en cuestión sean contribuyentes cumplidos. Es más, es posible que alguno de ellos no sea capaz de pagar su propio servicio de luz; pero cada vez que llega a su casa se beneficia de tener una calle iluminada.

La iluminación pública es indivisible porque, una vez que está presente con el mismo nivel de calidad, no es posible seccionar sus efectos espacialmente; y no acepta exclusiones porque las ventajas de la iluminación (mayor seguridad, por ejemplo) pueden ser recibidas por cualquiera que transite por la calle, ya sea que viva ahí o no, e independientemente de si paga sus impuestos. En la misma categoría están la salud pública, la seguridad pública, el desarrollo económico, el Estado de Derecho, el acceso a una educación de calidad, las redes de agua potable, la pavimentación, etcétera. El bien público se produce con bienes privados (en este caso, los ingresos que permiten el pago de los impuestos), pero siempre añade algo a ellos, al posibilitar que otros bienes privados se produzcan. El bien público es el conjunto de condiciones estructurales que posibilitan la adquisición de los bienes privados necesarios para obtener niveles aceptables de calidad de vida.

Por otro lado, si bien es posible definir al bien público como estructura, también puede verse como un bien privado que se ha colocado como objetivo de un programa gubernamental. A mediados del siglo XVI, por ejemplo, el tener una enfermedad altamente infecciosa y terminal podía ser considerado como un problema privado. Pero una enfermedad infecciosa y terminal en el siglo XXI es generalmente vista como una amenaza a la estabilidad sociopolítica y económica de los Estados, por lo que su tratamiento se considera parte de las prioridades de los gobiernos.

Como argumenta Bardach (1999), el diseño de las políticas públicas puede verse como el proceso por el cual se define qué problemas privados se tratará de resolver con recursos públicos. Dado que no existe La Salud de manera sustancial (al menos en el ámbito público), sino solamente personas sanas, el objetivo de la política pública es lograr el mayor número posible de personas sanas. El bien público no excluye al bien privado, porque la política trata de qué bien privado entrará en la agenda pública. Desde esta óptica, las propuestas de los partidos son bienes e intereses privados y de grupo, hasta que la acción arbitradora de las instituciones del Estado las convierte en interés público.

Categorías:Derechos Humanos
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