Inicio > Psicología > Entender el bullying

Entender el bullying

Por Carlos Becerra Rebelo, profesor de la Escuela de Psicología. Universidad Anáhuac México Sur.

La escuela representa mucho más que una fuente de conocimiento o de formación académica, es un espacio de desarrollo de ideas, valores, cultura y relaciones interpersonales. Como tal, representa la oportunidad de que el niño explore las pautas y componentes que sentarán las bases de su adaptación en ambientes externos al hogar.

Cuando dicha adaptación no marcha bien, el niño comienza a mostrar señales que pueden observarse si se está atento y cercano a sus experiencias cotidianas, tales síntomas pueden ser: irritabilidad o enojo constante sin causa aparente, episodios de ansiedad o tristeza relacionados a temas escolares, baja de rendimiento académico sin causal que lo explique, somatizaciones (dolor de cabeza, erupciones cutáneas, problemas estomacales, etc.), pesadillas, pérdidas de apetito, y, sobre todo, renuencia a asistir al colegio, pretextando con situaciones variadas o haciendo berrinche para oponerse a la salida de casa.

Cuando esto sucede, es importante descartar el maltrato o intimidación entre compañeros o  bullying, que lejos de pensarse como una conducta pasajera o calificarla como “cosas de niños”, hoy en día se ha convertido en un problema psicosocial de efectos graves a corto y largo plazo en la vida de los que participan en éste. Una opción muy recomendable es acudir con un Psicólogo experto en el tema, quien es el indicado para descartar o diagnosticar la situación de bullying.

El bullying es una forma de violencia que se da en la escuela y que se expresa a través de diferentes conductas que ejercen unos contra otros, en forma intencionada y repetitiva. Dicha violencia no solo se limita al maltrato o agresión física, sino también en aspectos como ridiculizar, humillar, amenazar o aislar a un compañero de alguna actividad, burlarse, esconderle objetos u obligarlo a realizar conductas en contra de su voluntad so pena de represalias.

Se pueden identificar tres participantes en el fenómeno del bullying, cada uno con un rol y consecuencias específicas del acto violento: el agresor, el violentado y los observadores. Aunque la mayor parte de los esfuerzos se han centrado en el apoyo al niño que es agredido, no se debe descartar la necesidad de intervenir en el maltratador y en los testigos, pues su salud psicológica y proceso de adaptación social se encuentran también en juego.

Características del bullying

Considerar que el bullying siempre ha existido puede tener una parte de cierto, pues los niños compiten y buscan aprobación social muchas veces a costa del maltrato de sus pares, y esto ha sido parte del ambiente escolar por muchas generaciones atrás. Sin embargo, asumir que por esta razón la violencia escolar es un juego sin consecuencias graves, es un cabal error. En la actualidad, la competencia social y los estilos de crianza permisivos han potencializado que algunos niños utilicen la agresión como una estrategia de adaptación escolar, incrementando la hostigación, coerción, chantaje, acoso y maltrato a grados tales de provocar en los niños asediados enfermedades psicológicas, físicas, ausentismo escolar o incluso el suicido.

El bullying es intencional, existe un dolo y premeditación, con esto no se considera oportuna la etiquetación del maltratador, pero si puntualizar que hay una decisión tomada por parte del agresor que requiere un castigo.

El maltrato es constante, se da un patrón en el cuál la dinámica de violencia es parecida día tras día, el niño maltratado asume una postura de sumisión y espera el maltrato como parte de su agenda escolar. Con esto es importante subrayar que una conducta aislada de agresión de un niño hacia otro no convierte dicha situación en un evento de bullying.

El bullying tiene como elemento un desequilibrio de poder: el maltratador tiene de su parte mayor fuerza física, económica, supera en número a su víctima o cuenta con recursos psicológicos que lo colocan en una postura de control. Por su parte, el maltratado asume su desventaja pero no la dimensiona, es decir, no la ve objetivamente, realiza una atribución globalizada: “yo soy débil”, “no puedo hacer nada”, “no me puedo defender”, llegando incluso a cumplir con la actitud de desesperanza aprendida: “no puedo hacer nada para salir de este problema”.

La violencia escolar es crónica, tiende al aumento de agresiones en frecuencia e intensidad. El bully (como suele llamarse al niño que maltrata) percibe el control que tiene sobre el niño violentado y le es difícil medir el alcance o consecuencia de su conducta, degenerando en una escalada de violencia que puede desembocar en consecuencias irreparables.

Tipos de violencia encontrados en el bullying

Las formas de “bullear” se ha ido diversificando, incluso a partir de los avances tecnológicos y sociales. Se considera la siguiente tabla como referencia de esta tipología:

VIOLENCIA EJEMPLO
Física Golpear, jalar el cabello, dar un coscorrón, patear, poner el pie para derribar, destruir artículos de su propiedad, etc.
Verbal Insultar, poner apodos (que no agraden al compañero y/o sean ofensivos en cualquier aspecto)[i][ii], burla, discriminación, etc.
Sexual Acoso sexual, tocar áreas genitales para generar molestia, hacer comentarios ofensivos sobre su identidad sexual, etc.
Psicológico Excluir, aislar del grupo, esconderle cosas para generar malestar emocional, etc.
Cyberbullying Utilizar la tecnología para acosar, molestar, amenazar, subir fotografías a la web en situaciones molestas, soeces u ofensivas para la imagen del niño, etc.

De acuerdo a esta tipología, es necesario mantener informados a los adultos vinculados al colegio sobre las formas y presentaciones de la violencia escolar, ya que está puede tornarse de manera abierta, clara o tan sutil que puede ser matizada y confundida por la dinámica común del comportamiento infantil.

Acciones contra el bullying

Es indudable que desde cualquier trinchera se pueden iniciar acciones preventivas o remediales contra la violencia escolar entre pares, desde la familia, las instituciones sociales y políticas, las universidades, pero es sin duda la escuela, el escenario mismo del problema, de donde pueden partir las acciones más oportunas.

El primer paso debe ser la sensibilización de los docentes hacia su papel de agente de cambio contra el bullying. Que asuman la responsabilidad y se involucren en la resolución del problema será el paso que facilite el resto de las acciones. A partir de esto, el profesor puede enseñar estrategias de solución de conflicto a los alumnos, fomentando la comunicación asertiva en clase, proponiendo situaciones cotidianas que serían resueltas por los mismos alumnos con ayuda del docente. Los adultos que conforman la plantilla del colegio fungen como modelos de conducta pacifica para los alumnos, por lo que mostrar diálogo, respeto y calma entre el personal del colegio aporta en ocasiones mucho más que cualquier discurso.

Entre las acciones y prácticas que promueve el docente debe aplicar ejercicios que desarrollen la tolerancia, la aceptación, la colaboración entre pares y la expresión emocional, generando patrones alternativos a los que se correlacionan con el bullying, el egoísmo, la competencia, la comunicación agresiva o pasiva y por supuesto la intolerancia.

Es necesario establecer reglamentos de conducta y de respecto homogéneos a toda la escuela. Diseñar un reglamento por salón favorece aprendizajes contradictorios que dejan cuarteaduras por las que se cuela la conducta agresiva; el mensaje debe ser claro respecto a las medidas que serán tomadas ante un comportamiento agresivo en cualquiera de sus formas.

La indiferencia del docente y la falta de confrontación del agresor suelen ser dos de los factores mantenedores más importantes del bullying, por lo que las acciones a tomar deben ir dirigidas al dialogo directo con el maltratador, en donde se le responsabilice de su comportamiento, se explique la nulidad de sus argumentos para la agresión (que probablemente los proferirá) y donde no solo se aplique la consecuencia acordada, sino que además se trabaje junto con él en las alternativas posibles para resolver el conflicto de una manera positiva; es entonces en donde se involucra al agredido en el proceso, para integrarlo a la nueva forma de comunicación con el antes agresor.

Es imperioso destacar que una vez detectado el bullying dentro de un colegio, buscar la asesoría de un experto en el tema se convierte en la estrategia idónea como elección preventiva de posibles consecuencias de gravedad para todos aquellos que forman parte no solo de la escuela, sino de las familias y de la comunidad a la que se pertenece.


[i] En ocasiones, los apodos son parte de la membrecía social de los alumnos bien adaptados, incluso, son parte del estatus de un niño popular, y aunque sería preferible no hacer uso de estos, es necesario entender que a veces forman parte del proceso de sociabilización del niño. 
 
Categorías:Psicología
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: