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La Y ya no es griega

Por Irene Limón, Profesora de español

La Real Academia Española tiene la obligación, según sus estatutos, de “establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección” de la lengua española. Su objetivo prioritario es el de velar por la unidad del idioma para que los “cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de los hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”.

Este ideal que se han planteado la Real Academia Española y las 22 academias ha fructificado en varias obras monumentales que se han publicado en los últimos años, como el Diccionario panhispánico de dudas, la Nueva gramática de la lengua española, el Diccionario de americanismos, y , ahora, la Ortografía de la lengua española.

La ortografía es la columna vertebral para la unidad de la lengua porque, aunque las palabras se pronuncien de distinta forma por las variables geográficas, culturales o sociales, la representación gráfica es la misma. Por esta razón, la nueva edición de la Ortografía es tan importante, ya que la labor de todas las academias ha producido una obra coherente, exhaustiva, razonada y moderna, además de didáctica, porque presenta los problemas y su explicación desde el fonema, el uso de cada letra, los acentos, la puntuación, el uso de mayúsculas y minúsculas, las abreviaturas y la ortografía de los numerales, todo ello en orden y con explicaciones claras y minuciosas en las que se incluyen las excepciones.

Estos cambios han provocado muchas controversias, pero, en realidad, algunas de las modificaciones empezaron a darse desde hace algunos años, aunque hasta ahora se han hecho oficiales. Desde hace mucho que en los diccionarios los dígrafos ch y ll desaparecieron como letras en el orden alfabético pero aparecen en el lugar que les corresponde dentro de las grafías c y l. Es decir, chabacanería está después de ceviche y llaga, de liza. Desde la aparición de la Ortografía en 1999, se regula la desaparición de la tilde en los monosílabos: fue, fui, dio, vio, fie, fe, frio, guion, truhan, Sion, ruin, etc., sin embargo, era admisible el acento gráfico si quien escribe algunas de estas, percibía el hiato porque pronunciaba huí, guión, fié, Sión como palabras bisílabas. Por supuesto que esta regla conducía a la confusión porque es subjetiva y arbitraria. 

Otros cambios son más novedosos o menos conocidos, muchos de ellos en la escritura de extranjerismos,  que las academias dividen en crudos y adaptados. Es obligatorio poner en cursivas o entre comillas los llamados crudos, que son los que se escriben con la ortografía de la lengua de la que provienen. El fonema /sh/ no existe en español, por eso debemos escribir sushi, shorts, flash y show. Las palabras latinas que se emplean para nombrar realidades del mundo antiguo como trivium, quadriviumtabulae, frigidarium o caldarium  se consideran extranjerismos crudos, por lo tanto deben escribirse con cursivas, pero las palabras incorporadas en una época más o menos reciente y que ya no tienen vinculación con el mundo romano ya están incorporadas a la lengua: accésit, álbum, déficit, superávit, exvoto, exlibris, cuórum ( no quórum)y muchas otras. La k y la w, esta última ahora se denomina doble uve,  que no se consideraban propiamente letras del español ya que entraron a la lengua vía el préstamo, ahora están permitidas para acomodarse a las pautas de nuestra lengua.  Ya se permiten palabras como sándwich, waterpolo, web, wéstern, Hawaiano, kiwi, kuwaití, wiski, y bikini, kayak, vikingo, yak, páprika, karaoke y muchas otras que se debían escribir con cursivas.

Los extranjerismos como banjo, junior o manager, que se pronuncian en inglés con el fonema /y/, si deseamos adaptarlos al español, es posible escribirlos de dos maneras: se sustituyen la j y la g por la ye de tal forma que escribimos banyo, yúnior y mánayer, o bien, conservamos la escritura original, pero decimos banjo, júnior y mánager con el sonido que les corresponde en nuestro alfabeto. La ye solamente se puede escribir como letra final si le precede una vocal, como en convoy, maguey y voy. Si se desea adaptar palabras con ye final precedidas de consonante debe sustituirse por i: ferri, poni, sexi, penalti; pero de la misma forma,  palabras como bonsái y samurái  es preferible escribirlas bonsay y samuray.

Como es claro, hay muchísimas minucias que se pueden comentar respecto a las reglas que se han hecho oficiales en la publicación de esta Ortografía de la lengua española. Tendremos que estudiarlas con mucho cuidado y paciencia; lo que es indiscutible es que por fin tenemos una obra que muestra el panorama completo de nuestra lengua y nos da las pautas para que todos los hablantes de países hispanohablantes se unifiquen y así puedan entenderse sin importar de qué parte del globo terráqueo provengan.

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