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Alegría

P. Jaime Bordons Closa, L.C., Vicerrector de Formación Integral

Hace un tiempo, visitando un hospital, atendí una señora que padecía un cáncer terminal, me llamaba la atención lo alegre que la escuchaba, cuando los dos sabíamos perfectamente que nos volveríamos a ver en el cielo, no en la tierra.

No puedo olvidar aquellos ojos medio abiertos que me miraban desde la cama, aquel rostro sereno que lucía, aquella sonrisa amplia que me regalaba mientras le hablaba de Dios y del Cielo.

¿De dónde le nacía esa alegría que ni el dolor de la enfermedad, ni la certeza de la partida, ni la separación de los seres queridos, eran capaces de opacarla?

¿Ser alegre es sinónimo de ser humorista? ¿La persona alegre es la que es capaz de contar historias de las que todos nos reímos? ¿Divertido y alegre, es lo mismo?

La alegría, creo que debe surgir de aquello que decía Tomás de Kempis: “Ten buena conciencia y tendrás siempre alegría”.

Ahí quedó el tema, y no volví a pensar en ello hasta que hace unos días, preparando una predicación para legionarios, me encontré con estos párrafos en un documento de la Santa Sede:

“La alegría de vivir, aun en medio de las dificultades del camino humano y espiritual y de las tristezas cotidianas, forma ya parte del Reino. Esta alegría es fruto del Espíritu Santo y abarca la sencillez de la existencia, el tejido banal de lo cotidiano. Una fraternidad sin alegría es una fraternidad que se apaga. Muy pronto sus miembros se verán tentados de buscar en otra parte lo que no pueden encontrar en su casa. Una fraternidad donde abunda la alegría es un verdadero don de lo Alto a los hermanos que saben pedirlo y que saben aceptarse y se comprometen en la vida fraterna confiando en la acción del Espíritu. Se cumplen, de este modo, las palabras del salmo: «Ved qué delicia y qué hermosura es vivir los hermanos unidos…»

“Saber celebrar fiesta juntos, concederse momentos personales y comunitarios de distensión, tomar distancia de vez en cuando del propio trabajo, gozar con las alegrías del hermano, prestar atención solícita a las necesidades de los hermanos y hermanas, entregarse generosamente al trabajo apostólico, afrontar con misericordia las situaciones, salir al encuentro del futuro con la esperanza de hallar siempre y en todas partes al Señor: todo esto alimenta la serenidad, la paz y la alegría…”

Estoy seguro que la alegría, así entendida, no solamente es fruto de un temperamento gracioso, ni de un continuo sumar momentos de broma, ni de un recetario de chistes.

Me parece que ésa es nuestra tarea como Anáhuac. Vivir en la alegría, ser una comunidad educativa donde al entrar se perciba la alegría.

Es decir, la alegría, es una conquista que se alcanza con “la alegría de vivir” unos con otros cada día, pese a todos los “momentos de dificultad” que pudieron surgir en el trabajo, sin caer en la tentación del desánimo al no alcanzar un objetivo, dándonos cuenta que en lugar de debilitarnos, son un momento espléndido para unirnos más; hacer de “las tristezas cotidianas” el mejor momento para expresarnos nuestra sincera amistad; una comunidad donde disfrutamos “la sencillez de la existencia, el tejido banal de lo cotidiano”; donde “la alegría nunca se apaga” porque se la pedimos “al Espíritu Santo”; una familia en la que sabemos “aceptarnos unos a otros” tal y como somos, ayudándonos a mejorar en lo relevante, pero sin pretender hacer a los demás a nuestro gusto; donde nos “comprometemos con el bien común”, conscientes que ése es el bien verdadero para todos.

Una comunidad donde nos distanciarnos algunos momentos de nuestro desempeño diario para “celebrar juntos” un cumpleaños, llorar la pérdida de un ser querido, alegrarnos por el nacimiento de un hijo o felicitar por la noticia de una boda; una comunidad que sabe darse el lujo de reír con el que se alegra y llorar con el que sufre. Una comunidad que sale al encuentro del que se equivoca, que habla bien de todos, escucha al que necesita hablar o enseña al que no sabe.

Una comunidad en la que los unos rezamos por los otros, y gracias a eso, en todos encontramos a Dios en el día a día de nuestras vidas.

Así siento hoy en mi corazón a la Legión de Cristo, así siento hoy también a esta universidad.

En unos momentos voy a celebrar la Santa Misa y ya decidí que le pediré a Dios para todos ustedes esta gracia, la alegría.

Categorías:Varios
  1. gerardo jimenez
    febrero 28, 2011 a las 9:09 pm

    no se si llegue mi comentario soy un alumno que se acaba de titular este 23 de febrero , no conocia al vicerrector, de verdad he quedado asombrado de lo bien que habla..

    me inspira y sus insPiraciones trascienden en mi

    de hecho en la misa de la titulacion fue donde me encanto su mensaje y queria ver si habria una copia para tenerlo pero veo que hace publicaiones , he leido varias gracias
    y que ese espiritu santo que lleva cresca y cresca y llegue a muchas personas QDLB Y OJALA PUDIERA MADARME SU CORREO

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