Inicio > Varios > Encaramados sobre hombros de gigantes: la familia, puente a la cultura

Encaramados sobre hombros de gigantes: la familia, puente a la cultura

Por: Ma. Eugenia Cárdenas, Coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos. Agosto, 2010.

Nadie nos preguntó si queríamos vivir. Sin embargo, aquí estamos. Nacimos ¡sin manual de instrucciones! (ni garantía adjunta). La vida está abierta, es una página en blanco, cada quien es responsable de escribir su propia historia. ¿Todas las vidas tienen un final feliz? No. Podemos conducir nuestra biografía al éxito o al fracaso, trascender o vegetar en la mediocridad. ¿De qué depende?  No es lo mismo caminar en la verdad que en la mentira. No es lo mismo tender al bien auténtico que sumergirse en el mal. No es lo mismo esforzarse, crecer, realizarse que estancarse en la comodidad y superficialidad. Todos queremos ser felices. ¿Cómo? La felicidad no depende sólo de unas buenas vacaciones en un crucero. Hay muchas inquietudes, muchas preguntas que responder.

Sin embargo, no estamos solos, nacemos en una familia y en una cultura determinada. No hay familia perfecta, tampoco la cultura lo es, pero son dos grandes realidades que nos reciben, influyen y enriquecen. Lo que es más asombroso, no sólo somos agentes pasivos, sino activos; es decir tanto la familia como la cultura se dejan influir por nosotros. “Somos enanos encaramados a hombros de gigantes; de esta manera vemos más y más lejos que ellos, no porque nuestra vista sea más aguda, sino porque ellos nos elevan con toda su altura gigantesca”, decía el gran Bernardo de Chartres.

La familia es donde la persona nace, crece y se desarrolla. En este ámbito se experimenta por primera vez el aprecio o el rechazo hacia la propia persona. Es la plataforma insustituible donde la persona se lanza al desarrollo integral o queda mutilada por heridas profundas. La familia es la primera ventana al mundo, desde donde se transmite la cosmovisión, las actitudes fundamentales para afrontar la vida, la orientación ética, los valores a tomar en cuenta y muchas cosas más. Es el elemento natural y fundamental de la sociedad[1]. “No es solo una unidad jurídica, social y económica, sino una comunidad de amor y de solidaridad insustituible para la transmisión de valores y el desarrollo de sus miembros y de la sociedad”[2].

Desde la perspectiva existencial, la médula de la familia es el amor. El hombre y la mujer están llamados al amor, y el ámbito natural es la familia. La familia es la escuela, la universidad del amor. Y el amor no es azúcar, sentimiento y miel. El amor es donación, es entrega, es buscar la felicidad y el bien del otro. Una familia sin amor será hotel, restaurante, cuartel, posada, todo menos la comunidad íntima de personas que deben ser, que permite que se perfeccionen hacia adentro (como esposos, como padres, como hijos) y hacia fuera (sirviendo a los demás) construyendo la sociedad.

La familia necesita un sustento económico, por lo tanto requiere que sus miembros trabajen, pero no es su única necesidad. No hay que olvidar ni descuidar las necesidades afectivas, relacionales y formativas. Y aquí se puede reconocer como un vehículo privilegiado para afrontar estas necesidades la cultura. La familia puede y debe ser la gran promotora de cultura. No es recepción acrítica, es confirmación, modificación, y desarrollo solidario. En la convivencia ordinaria los hijos aprenden a mirar al mundo, aprenden a apreciar lo verdaderamente valioso, aprenden a admirar la realidad y la sinfonía de respuestas con las que el ser humano vive cada día. La cultura contribuye a la estabilidad y a la creatividad, afirma la propia identidad y abre los horizontes de la libertad. A través de las tradiciones, la magia de los sentidos, la riqueza de sabores, colores, sonidos se profundiza en el interior de la persona y se ensancha el alma. “Hay razones del corazón que la razón no entiende” (Pascal). La cultura, a través del arte, de la música, de la literatura, de la pintura y de algunos ritos familiares, entre otras muchas manifestaciones, nos ayuda a responder preguntas de fondo que dan orientación a la vida.

El adulto que goza de la música, generalmente empezó a saborearla desde su niñez. El adulto que aprecia la poesía, por lo general se familiarizó con ella a través del ejemplo natural de alguien con quien convivió en casa. Y no es que no se pueda abrir el alma más tarde, sino que como sucede con el aprendizaje de un segundo idioma, entre más joven se es, mayor facilidad se experimenta en aprenderlo, y si se tiene con quien hablarlo en el hogar es todavía mejor.

Lo que se piensa sobre uno mismo, sobre los demás, sobre el mundo, sobre Dios, determina el actuar. Estas ideas y valores se ven reflejados en una cultura consecuente. Según Luis Garza se puede entender la cultura como “el conjunto de acciones, reacciones, pensamientos y concepciones de un grupo de personas que llega a formar cierta clase de subconsciente colectivo (…); no solamente es lo que sucede, sino también el modo como la gente evalúa lo que sucede”[3]. La cultura es la mezcla de identidad, creatividad, pasión e ilusión. Amadeo Cencini define el estilo (y se puede aplicar perfectamente a la cultura) como “la expresión del interior de una persona… la impronta de lo que uno es en lo que hace”[4].

Es necesario aprender a transmitir y compartir el gusto por la cultura en la familia. Aprender a mirar, dejarse sorprender, saber disfrutar de la belleza de la cultura. El papel de la familia no es indiferente, puede ser de gran ayuda gustando juntos las experiencias culturales o permitir que sus integrantes se pierdan de mucho mientras que alguien aparezca y les muestre la grandeza de este mundo. La belleza es camino seguro a la verdad, al bien y a la unidad. En pocas palabras: la cultura es camino de plenitud. Plenitud que no se transmite por decreto, ni por imposición. Es cuestión de ejemplo, de tiempo, de dedicación en dosis adecuadas.

¿Cómo pasar de la teoría a la práctica? Algunas experiencias que han funcionado en varias familias son las siguientes:

–          Si los papás leen, los hijos incursionarán en la lectura, quizá buscando en un inicio qué es lo que tiene de atractivo. Conozco un caso donde el niño de seis años afirma: “El juguete preferido de mi papá son los libros”.

–          Quince o treinta minutos antes de dormir. Si son muy pequeños ayuda mucho contarles un cuento, si ya saben leer que ellos elijan su propio libro. Es conveniente que sea apropiado para su edad, de lo contrario resultará aburrido o demasiado complejo, llevando a abandonar la lectura.

–          Visiten una librería sin prisas, para que puedan conocer las opciones, ojear los libros y quizá comprar alguno. Cuando el niño elige personalmente el libro, lo aprecia más y su interés es mucho mayor.

–          Que la música sea un invitado habitual a tu casa. Conviene escuchar distintos autores y géneros. También se puede aprovechar el tiempo en el coche; de ida los papás eligen, de regreso, los hijos.

–          Acudir a un concierto en vivo. A una obra de teatro o a cualquier otro tipo de espectáculo pertinente. En la Ciudad de México hay desde “cuentacuentos” para los más chicos, jazz o saxofón para los jóvenes y grandes orquestas para todas las edades.

–          Aprender a tocar un instrumento musical. Al menos conocer los distintos instrumentos y saber reconocer los sonidos y su multiplicidad de combinaciones.

–          Elegir un país y escuchar durante una semana la música que lo distingue de entre los demás. No tiene que ser tradicional, puede ser de autores contemporáneos, clásicos o populares. Este ejercicio les abre los horizontes y despierta la curiosidad.

–          Visitar exposiciones sin querer verlo todo. Es mejor quedarse con ganas de regresar que empachado de tanta cultura. Quizá los papás puedan ofrecerse a comprarles la postal con el cuadro que más les haya gustado; podrán ponerla en su cuarto o utilizarla como separador de libros.

–          Si a algún miembro de la familia le interesó un autor, ayudarlo a investigar más sobre el mismo: quién era, dónde vivía, cómo vivía, cuándo empezó a pintar (o tocar, o escribir=, etc.

–          Desde temprana edad se le puede regalar a cada hijo un cuaderno especial en blanco, para que ellos se expresen. Pueden dibujar, inventar cuentos, escribir poemas, pegar fotografías de lugares que quieren conocer y describir platillos que les encantaron, entre otras miles ideas.

–          De cara a la gastronomía, se pueden presentar distintos platos y sabores de manera atractiva y novedosa, incluso con historias relacionadas al plato. Esto aumentará el interés por conocerlo. Si no se atreven a probarlo, es mejor no obligarlos; si nos ven comerlo con gusto, tarde o temprano harán la prueba.

La lista puede ser interminable. Lo importante es descubrir qué despierta el interés y la creatividad de cada familia. Nadie ama lo que no conoce, y nadie transmite lo que no vive. La cultura brinda mayor calidad de vida. Un gran regalo que se puede dar a la familia es, sin duda, enriquecerla con el gran patrimonio de la cultura universal.


[1] Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 16.3.

[2] Carta de los Derechos de la Familia, párrafo 5 del preámbulo.

[3] Garza, Luis. Apuntes de la conferencia La batalla por el alma del mundo, dictada en la Universidad Anáhuac México Sur.

[4] Cencini, A. (2002). La formación permanente. Madrid: San Pablo. Pág.157.

Categorías:Varios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: