Archivo

Archivo para la Categoría "Derechos Humanos"

Por qué México no crece

Por Valeria López, coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos para el diario La Razón.

El economista Paul Krugman se encuentra en México y no ha dudado en señalar las causas por las que nuestro país no despega: violencia y educación.

Por si fuera poco, la pobreza aumenta en el mundo. Aquí unos datos.

Desde 2008 la diferencia entre ricos y pobres se ha disparado y no hay alternativas a la vista.

El 75 por ciento de los ingresos de un hogar vienen del salario. Así, el 10 por ciento más pudiente de la población gana como promedio 9.6 veces más que el 10 por ciento más desfavorecido.

Los ricos no se avergüenzan de sus excesos mientras que los pobres lo único que ven aumentar es su miseria. La vida de las personas cambiaría considerablemente si se agregara un cero a su ingreso mensual o, al menos, hubiera programas sociales de calidad.

Además de las oportunidades de educación, salud y empleo, es necesario repensar el estilo de vida; mientras los sueños sociales de las clases que son capaces de reactivar la economía se traduzcan en idílicos romances de estilo y derroche, será difícil que el capital social se oriente hacia programas que efectivamente reduzcan la pobreza. La brecha entre los ricos y los pobres ha aumentado treinta veces en la última década.

En México, las cosas no van mejor. Los ricos mexicanos —legales o ilegales— han visto crecer sus fortunas a costa de la vida y los sueños del resto de sus compatriotas. Y las fuerzas del gobierno no dan para detener ni a unos ni a otros.

Por ello, no sorprende que sea precisamente nuestro país el modelo emblemático que propone Terry Eagleton en el libro Por qué Marx tenía razón (Península, 2011).

Reducir el índice de pobreza y del desempleo presupone disminuir otro índice fundamental: el del egoísmo y el de la ambición política. Reclama creatividad y compromiso.

Además, seamos claros, la pobreza se combate principalmente con empleo. Y para ello es necesario que el país se encuentre en condiciones de paz y que los ciudadanos tengan un buen nivel de educación.

En ese sentido, Krugman fue taxativo cuando dijo que no habla de la educación universitaria sino de la básica: que los niños mexicanos tengan las habilidades de pensamiento necesarias para hacerse de un camino en la vida.

Leer, aprender, comprender, criticar pero en paz. Esa es la fórmula que dejó el Premio Nobel para nuestro país.

Que haya personas capacitadas y proyectos qué trabajar, que haya futuro, que haya patria.

Los candidatos deberían hacer propuestas específicas y novedosas en las que cambien la tríada de la miseria por la trifecta ganadora: que México sea el gran país que puede ser.

politicaltriage.razon@gmail.com

Categorías:Derechos Humanos

No ceder ante el terror

Por Valeria López, Coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos para el diario La Razón

En el origen del pacto social se encuentra el tema de la violencia. Como quería Hobbes, cedemos ciertas libertades para obtener ciertas seguridades. La primera, la vida.

Por ello los casos de violencia dirigida afectan tanto la estabilidad social. Más aún, dañan la cohesión social y lastiman —profundamente— a la sociedad.

El ataque de ayer a la escuela judía en Toulouse es inadmisible. No hay motivo alguno que justifique la violencia en contra de los niños; mucho menos la violencia por convicciones religiosas.

La primera libertad es la de conciencia y habremos de defenderla por todas las vías.

La escuela, el lugar de nuestros recuerdos seguros de la infancia, se ha convertido en un punto de debilidad que aprovechan los terroristas; ya para secuestrar, ya para asesinar. Sólo hay un adjetivo para describir esto: abominable.

Pero coincido con Sarkozy: el Estado no puede ceder frente al terror. Y esto reclama un impecable ejercicio de búsqueda y deslinde de responsabilidades. Como cualquier ciudadano espero la dureza de la ley y la justicia del Estado para encontrar a los culpables, castigarlos y detener —definitivamente— este modus operandi que tanto daño hace a las familias, a las comunidades.

El gobierno mexicano no ha terminado de entender que gran parte del reclamo social frente a la guerra contra el narco se refiere a las víctimas colaterales.

No es creíble pensar que haya 60 mil sicarios.

Y no es posible perder de vista que todos ellos —delincuentes y no delincuentes— son miembros de una familia cuyo deceso representa una pérdida para un grupo.

La muerte de los caídos en la guerra contra el narco es nuclear —pues afecta a familias implicadas o no con el crimen organizado— y expansiva —pues siempre daña a alguien más.

Y así como los ciudadanos franceses confían y esperan que el Estado responda con eficacia frente a la muerte de los niños y el profesor del colegio Ozar Hatorah, los mexicanos necesitamos volver a creer en nuestro Estado.

Calderón no ha cedido frente al terror, pero tampoco ha logrado contundencia en su lucha. Pareciera que apuesta para perder.

La credibilidad del régimen calderonista —que nació con bastantes cuestionamientos— pende de un hilo desgarrado: o la estrategia da frutos o se condena al fracaso histórico.

El fantasma de la violencia afecta tanto el clima electoral francés como el mexicano. Lo sabemos todos. Es indispensable tener previstos escenarios difíciles el día de las elecciones; que el Estado sea eficiente —al menos— en salvaguardar la democracia.

politicaltriage.razon@gmail.com

Categorías:Derechos Humanos

Se cocina el G-20

Por Valeria López, coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos para el diario La Razón.

Este fin de semana se reúnen en México importantes personalidades de la política mundial para sugerir los temas que el G20 habrá de abordar en la reunión del próximo Junio.

Estarán Felipe González –expresidente de España-, Fernando Henrique Cardoso –expresidente de Brasil-, Francis Fukuyama –filósofo de talla internacional-, Tony Blair –exprimer ministro del Reino Unido-, entre otros.

Me congratulo por la presencia del expresidente Zedillo quien conoce a México desde las entrañas del poder: extraordinario economista, demócrata y prestigiado analista internacional. Su talento sumará a favor de México en la reunión.

Han sido convocados por el Instituto Nicolas Berggruen –organización independiente y no-partidista, un “think tank” y consultoría dedicada al estudio comparativo y diseño de sistemas de gestión adaptados al siglo 21.

Así, se reunirán con las más altas personalidades mexicanas: Carlos Fuentes, Carlos Slim, Manuel Arango, Andrés Manuel López Obrador, Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto, Gabriel Quadri y el Presidente Calderón.

Políticos, intelectuales, candidatos, todos tienen algo que oír y que decir a los líderes más importantes de nuestros días. La tan alicaída política exterior mexicana podría recuperar un poco de vuelo si aprovecha esta oportunidad.

Hay dos coyunturas por las que esta reunión puede ser benéfica para nuestra política internacional; la primera, el anunciado declive económico que presenta la economía de Brasil; hay que decirlo, los días de Lula ya pasaron, la borrachera de éxito se acabó. No en vano Foreign Affairs insiste en este número sobre los indicadores de la inminente reducción económica por la que atraviesa la admnistración de Dilma Roussef.

Así, se abre una oportunidad internacional para recuperar el liderazgo de la zona.

La segunda, el cambio presidencial en México. En menos de dos meses, los mexicanos tendremos un nuevo presidente y esto hace que las miradas del mundo volteén con nuevos ánimos hacia nuestro país.

Para refrescar la imagen internacional de México es necesario que en esta reunión el país se posicione como un interlocutor, un mediador, y un creador de la agenda internacional.

Así, lo que logre la Cancillería con estas reuniones será en beneficio del próximo Presidente pero, sobretodo, del país.

La catorceava economía del mundo tiene todas las condiciones para despegar y crecer tanto como sus ciudadanos se merecen. Por ello, la buena labor política nacional e internacional es indispensable para maniobrar a favor de los ciudadanos de a pie.

Categorías:Derechos Humanos

Los viejos y los candidatos

Por Valeria López, coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos para el diario La Razón.

Comparto la opinión de Isabel Turrent, quien ha dicho que las propuestas de los candidatos están por debajo de las necesidades del país. Pareciera que el marketing se impone al diseño real de políticas que definan el destino de los mexicanos.

Todos los candidatos han dicho que “harán las reformas estructurales que la nación necesita”; todos “crearán más empleos y abatirán la pobreza”; frases vacías que parecen redactadas por el equipo de Miss Universo que por un equipo de políticos profesionales; ¡buenos deseos sancochados en jerga política!

Y es que los mexicanos no podemos darnos el lujo de perder un día de nuestras vidas en politiquería estética cuando lo que necesitamos son caminos viables para hacer la vida.

Por ejemplo, los presidenciables han “hablado” sobre la pobreza, sobre reformas estructurales, pero un tema fundamental que no ha sido resuelto es el de la vejez.

En nuestros días —los de la gran recesión— es tan riesgoso ser joven como ser viejo, pues, nos guste o no, los vaivenes macro económicos marcan la vida de los ciudadanos de a pie, como usted y como yo.

Las cifras para México son espeluznantes: la esperanza de vida aumenta mientras que la calidad de vida desciende. Los viejos mexicanos son un problema más que algunos han querido resolver a billetazos —pocos, por cierto— cuando es un asunto de fondo.

Todos seremos, algún día, adultos mayores. Y ¿cuál será nuestro destino? ¿Tendremos cobertura de salud? ¿Podremos valernos por nosotros mismos con un plan de pensiones? O estamos condenando a la siguiente generación a cargar con el peso de alguien que ha dejado de ser productivo.

Desafortunadamente el calderonismo no supo dar respuesta a los adultos mayores mexicanos. Y los candidatos, tampoco.

Y si la política pública mundial para la vejez sigue como hasta ahora, más nos convendría a los mexicanos incorporar Hoteles Happy Ending: aquellos en los que las personas mayores ponen cómodamente fin a sus días en un Resort que los acompaña en el momento final.

Lo que es inadmisible es la doble moral: satanizar la eutanasia cuando los gobiernos de derecha no han hecho nada para honrar a los mexicanos mayores. Pues eso es lo que los viejos son: el tesoro de sabiduría de la nación, testigos del pasado y proyectistas del futuro.

El mundo avanza rápidamente y los mexicanos seguimos quedándonos atrás; confío en que los candidatos encuentren el modo de “vender” su candidatura aunado de políticas específicas y viables que encaucen la vida de los ciudadanos. México lo merece.

politicaltriage.razon@gmail.com

Categorías:Derechos Humanos

México desdibujado

Por Valeria López, Coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos, para el periódico La Razón

Todavía la década pasada, México se encontraba al frente de la política latinoamericana. Nuestro país marcaba el tono y el ritmo del continente —ya como negociador, ya como líder económico, ya como Estado confiable. Esto, ponía a los mexicanos en una posición privilegiada para negociar con el resto del mundo. Lo mismo españoles, canadienses que turcos sabían que el picaporte de la puerta para Latinoamérica era México. Ya no más.

Hoy, esa posición la tiene Brasil que lo mismo tendrá Mundial de fútbol que Olimpiadas. La comunidad internacional reconoce su destreza política y económica y abre canales turísticos que generarán, seguramente, mayor riqueza.

Y aunque las cifras de pobreza, deuda o criminalidad no son tan dispares, la política internacional mexicana ha pagado vértigos de conducción social de los últimos años.

México ya no ve lo duro sino lo tupido. El aumento de la pobreza, la sombra de la violencia, las interminables querellas políticas pero, sobre todo, la falta de unidad nacional, de auténtico sentido patriota, de visión de Estado imposibilitan la maniobra política.

Me parece que la diferencia que produjo este cambio es clara: la conducción política brasileña funciona; la mexicana, no.

Y un elemento clave es la situación educativa. En México, la investigación y la cultura son percibidas, todavía, como una concesión, como un mal tolerado: “hay que invertir tanto porcentaje del PIB en investigación científica porque los indicadores de la OCDE lo reclaman; pero sólo el mínimo” o “aumentaremos presupuesto si y sólo si nos sobra después de considerar la decoración navideña de la ciudad”. Tremendo error.

Así como hubo un tiempo en que los políticos norteamericanos pensaban que el calentamiento global era una estratagema de los científicos para conseguir fondos; del mismo modo, los políticos mexicanos hoy piensan que cuando los académicos insistimos en que invertir en educación e investigación es la llave de bóveda de la política estamos, realmente, presentando una justificación para aumentarnos el sueldo.

Pero la séptima economía del mundo, Brasil, ve las cosas diferente.

Dilma Rousseff pretende importar a miles de científicos extranjeros, al tiempo que capacitará a miles de sus estudiantes en el exterior.

Antes, Brasil invertía el 1,11% del PIB en investigación y desarrollo científico, la nueva política pretende alcanzar el 2% para 2014.

Invertir en investigación es garantizar el futuro. Así las cosas, Brasil solidifica su posición mundial… México, mientras tanto, sigue desdibujado.

politicaltriage.razon@gmail.com

Categorías:Derechos Humanos

Benedicto XVI en América

Por Valeria López, coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos, para el periódico La Razón

Dos paradas escogió el papa Benedicto XVI para esta visita a América: México y Cuba. Escenarios política y religiosos distintos, pero con un punto de encuentro común: ambos necesitados de esperanza y de rumbo.

Para los cubanos y para los mexicanos, los últimos días, han sido duros y con un destino poco claro. Para Cuba, una dictadura caduca, pero que no cede y, para México, una democracia incipiente, han creado las condiciones suficientes para desesperar hasta al más ingenuo de los habitantes.

La Iglesia está en la historia aunque sea transhistórica. Y por ello no puede ser ajena a las condiciones específicas de sus fieles. El papa Benedicto XVI lo sabe y ha querido acompañar a los católicos mexicanos y a los católicos cubanos en esta visita.

Más allá de las especulaciones políticas, la deferencia es importante para buena parte de los ciudadanos de ambos pueblos.

En pleno siglo XXI, es difícil negar el derecho a la libertad religiosa.

Sin estruendo y sin grandes vociferaciones, no hubo dispendio mediático, el papa Benedicto XVI fue contundente en su visita a México.

El país se encuentra desgarrado por la violencia pero no hay que olvidar que el bien siempre puede más que el mal. El Papa instó a los mexicanos a no perder la esperanza; y el Santo Padre tiene razón.

En medio de los días ensangrentados y violentos que acompañan al país, no hay mucho espacio para el optimismo pero —en realidad— es lo único que nos queda. Confiar en que el bien social terminará por acompañar a las libertades de los ciudadanos mexicanos —fieles o no—.

Porque hay que aceptarlo: lo que no pueden ni los medios ni los políticos mexicanos, el Papa lo consigue. Reunió en el mismo sitio a los cuatro precandidatos mexicanos a la presidencia de la república.

La visita a Cuba comenzó con una provocación: nada más al pisar la isla, el Papa se refirió a los presos cubanos. Tema sensible para el mundo pero más para Raúl Castro, quien ha continuado, en términos generales, con los métodos y las estrategias de su hermano Fidel.

¿Qué extrañé de esta visita? Un par de reuniones; una con la disidencia cubana y otra con los agraviados por la pederastia.

No como respuesta a las exigencias de los medios —que cotidianamente olvidan que no son fiscales— sino como un signo que sirva de guía a los católicos.

Los fieles necesitamos oír, nuevamente, de viva voz del Papa su postura, sus condolencias, sus disculpas o su perspectiva: ¡lo que sea! Pero este vacío de silencio da pie a especulaciones y dudas que ensombrecen una visita que debió ser toda alegría.

politicaltriage.razon@gmail.com

Categorías:Derechos Humanos

Naciones Unidas 56 CSW

La Profa. María Eugenia Cárdenas participó en la sesión para dar seguimiento a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en la Organización de las Naciones Unidas, junta a 6000 mujeres de todo el mundo, que se reunieron para discutir temas como:  Empoderamiento de la mujer rural, acceso a recursos, violencia, mortalidad materna, pobreza, niñas, sida, derechos reproductivos, brecha de género, cambio climático, todo bajo el gran paraguas del estado laico.

Éstas son algunas de sus intervenciones sobre el tema ”Empoderamiento de la Mujer Rural”

Categorías:Derechos Humanos

Mujeres en el siglo XXI

Por Valeria López, Coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos, miembro del sistema nacional de investigadores SNI, para el diario La Razón.

En 1971 Esther Vilar publicó un libro muy famoso llamado El varón domado, en el que sostenía que la supuesta dominación femenina era, más bien, una estrategia de supervivencia económica.

Las mujeres “sojuzgadas” se situaban en una posición de comodidad existencial en la cual los hijos eran la garantía de manutención. El libro sostenía que había mujeres que disfrutaban ser el cordón umbilical del hombre.

El varón domado era interpretado como un hombre quien era controlado a base de chantajes morales o sexuales y que tranquilizaba a billetazos su conciencia.

Una caricatura de las relaciones humanas en la que las mujeres eran flojas y chantajistas mientras que los hombres eran, simplemente, estúpidos.

En el juego de la dominación es difícil saber quién es quién, pues, como sabemos, no hay víctima sin victimario. A mayor capacidad intelectual más sublime, discreta y velada puede ser la dominación —tanto de hombres como de mujeres.

Verdad a medias o media verdad; la realidad es que en los primeros años del siglo XXI el ardid no funciona más. La volatilidad del mercado de la carne escapa a fórmulas encorsetadas, pues las posibilidades de elección se han multiplicado; no así las oportunidades fácticas.

El mosaico de lo que significa ser mujer en el siglo XXI es tan amplio como contradictorio; las hay con burkas, dedicadas al hogar o dirigiendo el Banco Mundial. Algunas felices, otras resignadas.

Y aunque moleste a algunos lectores, hay afrentas que sólo ocurren a las mujeres por su condición de mujeres.

Sin embargo, no creo que en el código genético de los mexicanos esté el gen del machismo, pero todavía no se ha desactivado el “chip mental” de discriminación.

Las mujeres mexicanas tienen que justificar sus decisiones, todas; su circunstancia existencial o hasta sus preferencias políticas. Todo está por demostrarse cuando, en justicia, no tendría por qué ser así.

Un igual no tiene que justificar sus decisiones.

Pareciera que el ejercicio de la libertad femenina depende, todavía, de cuestiones tan aleatorias como la geografía: no es lo mismo ser mujer en Alemania que en Egipto.

Dado que el argumento vale lo mismo para prácticamente cualquiera de los grupos vulnerables creo que más que pelear por los derechos y oportunidades de un grupo específico, sería mejor plantear una cruzada internacional por la justicia social.

Dicha cruzada incluiría a los migrantes, a las mujeres, a los pobres… a todos los que han sido desalumbrados del espectro social y que deben volver al camino de la libertad y la dignidad.

Categorías:Derechos Humanos

Analogía y Derecho

Por Germán Barrueta Romero, Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac México Sur.

I.  Introducción

En el ámbito del Derecho, el término analogía se emplea fundamentalmente en dos sentidos. Por un lado, los estudios filosóficos sobre el Derecho han destacado que el derecho es un concepto análogo, es decir, que derecho se predica de varias realidades en parte en el mismo sentido y en parte en sentido diverso. Así, cuando hablamos del “Derecho” mexicano nos referimos al conjunto de leyes que rigen nuestro país. Pero también decimos que tenemos “derecho” al agua, y es claro que en este caso no nos referimos a las leyes, ya que en nuestro país el derecho al agua ni siquiera está previsto en ellas.

Por el otro lado, el término analogía se utiliza en el sentido de técnica de interpretación y aplicación del Derecho. Cuando una situación jurídica concreta es poco conocida pero es semejante —análoga— a otra cuyo régimen jurídico está mejor determinado, es jurídicamente válido aplicar por analogía este régimen a aquélla situación.

En los siguientes apartados abordaré muy brevemente estos dos sentidos de la analogía.

II.  La analogía y el ser del Derecho[1]

En su primer sentido la analogía llega al ser mismo del Derecho. En efecto, la pregunta que se hace es ¿qué es el derecho? Por poco que reflexionemos, nos daremos cuenta que al utilizar el término derecho lo hacemos para referirnos a varias realidades. Ya vimos dos de ellas. Esta característica hace del derecho un concepto análogo.

Ahora bien, se considera que el derecho es un concepto con analogía de atribución extrínseca. Esto es, que el significado del derecho se atribuye a varias realidades, pero sólo en una de ellas ese significado pertenece a su esencia. En las demás realidades, ese significado lo adquieren sólo por relación al primer analogado, o analogado principal.

Por lo general, derecho se predica en forma análoga de las siguientes realidades: la norma o derecho objetivo; la facultad o derecho subjetivo; el ideal ético de justicia y la ciencia del derecho. Si el derecho es, en efecto, un concepto con analogía de atribución extrínseca, una de aquellas realidades debe ser el analogado principal y las otras los analogados secundarios.

Actualmente, prevalece la opinión de que el analogado principal sería la norma jurídica, es decir, la Ley. No obstante, en algún otro momento histórico ese papel le correspondió a lo justo objetivo, el ius, como lo llamaron los antiguos romanos.

Pero no se vaya a pensar que asignar el papel de analogado principal a una de esas realidades denominadas derecho es sólo un malabarismo intelectual, o que no tiene consecuencias prácticas. Por el contrario, si asignamos ese papel a la Ley se corre el riesgo de supeditar a ésta —como en efecto ya aconteció— las demás realidades, entre ellas, nada menos, que la potestad moral de la persona sobre lo suyo.

Por ello, me adhiero a la postura de Efraín González Luna, quien considera que el analogado principal del derecho es la facultad o derecho subjetivo de la persona sobre lo suyo. De esta concepción resulta una magnífica definición del Derecho: “El derecho es determinada manera de existir como persona en sociedad, a partir de la naturaleza capaz de desarrollarse y obligada a hacerlo en una convivencia justa, mediante el ejercicio responsable de los derechos subjetivos y el cumplimiento del derecho objetivo, bajo la inspiración de la justicia”.[2]

III.-  La analogía y la interpretación del Derecho

En un segundo sentido, la analogía se emplea en el ámbito jurídico en el orden del conocer. Se trata de encontrar la regla aplicable a una determinada situación jurídica poco conocida o desconocida de plano. La analogía se predica ahora no ya del derecho, sino de la realidad misma: la realidad es compleja, pero no completamente diversa; también es análoga. Gracias a esta cualidad, la regla que ha servido para solucionar jurídicamente una situación determinada, también podrá servir para solucionar otras distintas, aunque no totalmente distintas.

Así, por ejemplo, un tribunal administrativo resolvió que debe acudirse a la analogía para determinar el breve tiempo de respuesta a una solicitud fundada en el derecho de petición, consagrado en el artículo 8° constitucional, ya que éste es omiso al respecto.[3]

En conclusión, diríamos que la analogía cumple dos funciones de suma importancia en el Derecho. Primero, nos sirve para distinguir y jerarquizar adecuadamente las distintas realidades llamadas derecho. Y segundo, la utilizamos como una herramienta en la labor judicial de aplicación e interpretación del Derecho.


[1]  Cf. González Luna Morfín, Efraín, “Analogía, ser del Derecho y ser de la Sociedad”, Jurídica, anuario del departamento de derecho de la Universidad Iberoamericana, México, número 6, julio 1974, pp. 275-350.

[2]  Ibídem, p. 295.

[3] El derecho de petición consagrado en el artículo 8o. constitucional implica la obligación de las autoridades de hacer recaer -a una petición escrita, pacífica y respetuosa- un acuerdo también por escrito que debe hacerse saber en breve término al peticionario. Por tanto, si no existe regulación expresa sobre el particular, debe acudirse a una disposición que asemeje material y sustancialmente la función de resolver una solicitud de tal naturaleza y el dictado de su resolución, es decir, ante esa laguna debe operar la integración análoga, de modo que se hagan. Las negritas son nuestras. Tesis I.4°.A.507, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, 9ª Época, t. XXIII, enero de 2006, p. 2361.

 

Categorías:Derechos Humanos Etiquetas:

Necesidad y sentido de una fundamentación de los derechos humanos

Texto extraído de la publicación Dux Inveritate de la Universidad Anáhuac México Sur por el Dr. Mauricio Beuchot Investigador titular C del Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM; Investigador del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel III.

A veces se ha considerado que los derechos humanos no necesitan fundamentación filosófica, máxime que ya están positivados desde 1948, por la ONU. E, incluso, siguen siéndolo, según van surgiendo las nuevas generaciones de estos derechos (derechos políticos, sociales, culturales, etc.). Pero queda la exigencia filosófica, sobre todo si se tiene una noción de filosofía que sea más exigente que la meramente pragmática o pragmatista. Es decir, si en nuestra filosofía tenemos una exigencia de la ontología o de la antropología filosófica. Todo va a depender de la filosofía que profesemos, y a mí me interesa una filosofía en la que haya la exigencia ontológica y antropológico-filosófica, y por ello me detendré a explorar dicha fundamentación.

Según una larga tradición, la fundamentación filosófica de los derechos humanos se da desde la ontología y, más propiamente, desde la antropología filosófica o filosofía del hombre. Es la tradición iusnaturalista. Ya no se la ve como antes, en tiempos de crudo positivismo, por la crisis del propio iuspositivismo. El fundamento de los derechos humanos es la naturaleza humana. Se ha pretendido, con Kant, que lo sea la dignidad humana, y es lo más aceptado hoy en día, pero se reduce a la naturaleza humana, porque se tiene dignidad humana si se tiene la naturaleza humana. O se ha querido basar en las necesidades humanas, pero ellas vuelven a basarse en la naturaleza humana, porque son necesidades de aquellos seres que tengan dicha naturaleza.

La crisis del iuspositivismo, en este caso, se ve en que la objeción más fuerte que oponían a la fundamentación iusnaturalista de los derechos humanos era la acusación de incurrir en la famosa falacia naturalista, pero después de investigaciones lógicas y semióticas muy acuciosas que se han hecho recientemente, ya no se considera así.[1]

La falacia naturalista, en D. Hume y G. E. Moore, consistía en sostener que no hay reglas lógicas para pasar del ser al deber ser, o de la descripción a la prescripción, o de la descripción a la valoración. Pero esto sucedía, claro está, en la lógica positivista, que siempre ha tratado de excluir contenidos axiológicos y ontológicos, por parecerle molestos. Y claro que son molestos, pero imprescindibles.

Hay notables respuestas a esa acusación, para hacer ver que no se incurre en falacia naturalista al estudiar al ser humano para ver qué derechos le corresponden o le convienen. Kalinowski lo hizo en la lógica formal, señalando que, según las reglas de la silogística, la conclusión sigue a la parte más débil; por lo tanto, si tenemos premisas aléticas o epistémicas y premisas axiológicas, la conclusión tiene que ser axiológica, porque las premisas axiológicas son las más débiles en sentido epistemológico. Otros, dentro de la silogística, dijeron que en realidad aquí no se trata del silogismo teórico, sino del silogismo práctico, y que en este último puede haber premisas axiológicas y, por lo mismo, la conclusión tiene que ser axiológica. Searle fue más allá, hasta la estructura del enunciado, a la semántica-pragmática, y señaló que en muchos enunciados descriptivos hay un contenido ilocucionario valorativo, y que lo que se hace es explicitarlo, sin que haya falacia alguna. Y Putnam ha hecho ver que los que acusan a otros de cometer falacia naturalista ellos mismos cometen falacia naturalista, porque proviene de actitudes valorativas (lo cual es algo muy elegante dialécticamente: una reductio). E inclusive Ulises Moulines habla de una falacia antinaturalista, que es la que cometen los que hablan de falacia naturalista, y la discusión se va al nivel de las meta-falacias.[2]

En fin, ya ha dejado de verse como falaz el paso de la naturaleza del hombre a los derechos humanos. Y aquí lo más importante es que la misma hermenéutica ya lo había hecho. Tenemos el testimonio de Paul Ricoeur, para quien la hermenéutica no sólo permite pasar del estudio del hombre al estudio de su derecho, sino que lo exige.[3] Ese paso se ve más garantizado en una hermenéutica analógica, ya que es por una analogía o razonamiento analógico que pasamos del estudio del hombre a los derechos que le competen. Como pasamos del reconocimiento de nuestros derechos al reconocimiento de los de los demás, y esto es como reconocer la naturaleza humana en los otros, por analogía con nosotros mismos.

En todo caso, no desechamos la fundamentación filosófica de los derechos humanos, y hasta tenemos la exigencia de que sea una fundamentación no tan débil, en la línea de la ontología y de la antropología filosófica o filosofía del hombre. La idea es que tenemos que estudiar al ser humano, tratar de precisar lo más posible cuál es la naturaleza humana, o la condición humana, para poder encontrar qué derechos surgen de ella, lo cual es la idea que se tiene de los derechos humanos, que pertenecen al hombre por el hecho de ser hombre, esto es, de tener naturaleza humana.


[1] M. Beuchot, Derechos humanos, iuspositivismo y iusnaturalismo, México: UNAM, 1995, pp. 137 ss.

[2] M. Beuchot – J. Saldaña, Derechos humanos y naturaleza humana, México: UNAM, 2000, pp. 29-47.

[3] P. Ricoeur, Lo justo, Madrid: Caparrós, 1999, pp. 28-29.

Categorías:Derechos Humanos
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.