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Museos (I)
Por el Arq. Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas.
El museo representa una tipología diversa que merece especial atención en el panorama arquitectónico de nuestros días. Diversa porque, amén de que en arquitectura es común hablar de edificios de diferente género y escala, los museos (ya) son a su vez de diferentes géneros y escalas. De arte en sus diferentes acepciones: arte moderno, arte contemporáneo, arte abstracto, arte popular… De historia, de antropología, de ciencias naturales, interactivos, o temáticos como los museos de sitios arqueológicos, del Agua, de la Estampa, de la Policía, del Desierto, el Museo de Cera, el Museo de la Luz, del Café, de las Aves, y muchos etcéteras.
El número 57 de la revista Arquine (otoño del 2011) se dedica a los museos con una selección de gran calidad como ya es habitual en la publicación, y sobre todo con textos que animan esta reflexión. En su editorial “Museos Mutantes” Miquel Adriá distingue con claridad el estatus de los museos hoy, en tanto nuevos centros culturales que han tenido que reinventarse como promotores de una cultura que se orienta hacia el consumo, trascendiendo cierto concepto clásico de “contenedor” de colecciones permanentes.
Por su parte, Josep Maria Montaner, en su texto “Los Museos a principios del siglo XXI” que preludia la sección de proyectos de la revista, presenta un buen panorama desde la relación del museo con el contexto urbano y con el público, partiendo del Museo Pompidou como precursor del “museo de influencia social”, y definiendo dos grandes modelos derivados del cambio de siglo: el Guggenheim de Bilbao de Frank Gehry, y la Tate Modern (Londres) de Herzog y de Meuron.
En el primer caso, el edificio escultura o escultórico de Gehry, derivó en un fenómeno -el “fenómeno Guggenheim de Bilbao”- que revitalizó a la ciudad hasta lo insospechado. El caso de la Tate Modern, que igualmente inyecta vida (revitaliza) a una zona de Londres, se hizo a partir del gran reciclaje de la antigua central eléctrica de Bankside. Montaner, siguiendo con su texto, propone cuatro puntos que resultan efectivos para definir al museo actual: Su forma, su relación con el público, su relación con la ciudad, y su carácter de “anti-museo”, aludiendo a ejemplos desinhibidos, quizás más bien de arte, en cuanto a experimentos de búsquedas diversas…
El museo en realidad es una tipología multi-potencial, es decir que tiene muchas posibilidades que trascienden a su esencia y a su vocación. Una, posiblemente de las primeras, es la urbana. Independientemente de los ejemplos citados arriba, los museos están muy asociados como referentes de cualquier ciudad, inclusive en casos como el nuestro, en donde algunos de los más representativos están en el Bosque de Chapultepec –Antropología, Tamayo y Arte Moderno- similar a lo que ocurre en Nueva York con el Metropolitan Museum y el Museum of Natural History, localizados en el Central Park, o el De Young (de Herzog y de Meuron) y el California Academic Institute (de Renzo Piano) en el Golden Gate Park de San Francisco.
Independientemente a estos ejemplos, están en las mismas ciudades el Museo Nacional de Arte (MUNAL), el Museo de San Ildefonso (adaptado por Ricardo Legorreta) o el Museo de la Ciudad de México (por mencionar solo algunos), el MoMA de Nueva York (de Yoshio Taniguchi) o el MoMa de San Francisco (de Mario Botta), todos incrustados en sus respectivas y céntricas zonas metropolitanas. Aunque puede resultar evidente por los casos antes mencionados, resulta inevitable destacar la importancia urbana que el museo tiene como generador de espacio público, y como pieza que comunica a la ciudad con sus habitantes. Se trata de una responsabilidad en el sentido de que el edificio responde a esa necesidad. Los museos de sitio inclusive, alejados de las ciudades, están ineludiblemente asociados a las zonas arqueológicas a las que sirven. No son urbanos pero me atrevería a decir que tienen esa tendencia.
Los viejos y los candidatos
Por Valeria López, coordinadora del Centro Anáhuac Sur en Derechos Humanos para el diario La Razón.
Comparto la opinión de Isabel Turrent, quien ha dicho que las propuestas de los candidatos están por debajo de las necesidades del país. Pareciera que el marketing se impone al diseño real de políticas que definan el destino de los mexicanos.
Todos los candidatos han dicho que “harán las reformas estructurales que la nación necesita”; todos “crearán más empleos y abatirán la pobreza”; frases vacías que parecen redactadas por el equipo de Miss Universo que por un equipo de políticos profesionales; ¡buenos deseos sancochados en jerga política!
Y es que los mexicanos no podemos darnos el lujo de perder un día de nuestras vidas en politiquería estética cuando lo que necesitamos son caminos viables para hacer la vida.
Por ejemplo, los presidenciables han “hablado” sobre la pobreza, sobre reformas estructurales, pero un tema fundamental que no ha sido resuelto es el de la vejez.
En nuestros días —los de la gran recesión— es tan riesgoso ser joven como ser viejo, pues, nos guste o no, los vaivenes macro económicos marcan la vida de los ciudadanos de a pie, como usted y como yo.
Las cifras para México son espeluznantes: la esperanza de vida aumenta mientras que la calidad de vida desciende. Los viejos mexicanos son un problema más que algunos han querido resolver a billetazos —pocos, por cierto— cuando es un asunto de fondo.
Todos seremos, algún día, adultos mayores. Y ¿cuál será nuestro destino? ¿Tendremos cobertura de salud? ¿Podremos valernos por nosotros mismos con un plan de pensiones? O estamos condenando a la siguiente generación a cargar con el peso de alguien que ha dejado de ser productivo.
Desafortunadamente el calderonismo no supo dar respuesta a los adultos mayores mexicanos. Y los candidatos, tampoco.
Y si la política pública mundial para la vejez sigue como hasta ahora, más nos convendría a los mexicanos incorporar Hoteles Happy Ending: aquellos en los que las personas mayores ponen cómodamente fin a sus días en un Resort que los acompaña en el momento final.
Lo que es inadmisible es la doble moral: satanizar la eutanasia cuando los gobiernos de derecha no han hecho nada para honrar a los mexicanos mayores. Pues eso es lo que los viejos son: el tesoro de sabiduría de la nación, testigos del pasado y proyectistas del futuro.
El mundo avanza rápidamente y los mexicanos seguimos quedándonos atrás; confío en que los candidatos encuentren el modo de “vender” su candidatura aunado de políticas específicas y viables que encaucen la vida de los ciudadanos. México lo merece.
politicaltriage.razon@gmail.com
Chiapas
Por el Arq. Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas.
Conocimos Chiapas (qué oportunidad) durante la pasada semana mayor, y sedado por su magnetismo y hospitalidad, comparto lo vivido.
San Cristóbal de las Casas fue la sede que adoptamos para movernos, y el Domingo de Ramos fue buena ocasión para conocerla desde la plaza de su Catedral. Lo primero que llama la atención es la belleza de la ciudad colonial, colorida, rodeada de montañas no muy altas, de amable trazo ortogonal donde predominan construcciones de un solo nivel con techos de teja. Destaca la intensidad de la vida peatonal presente en los principales “andadores”. Visitamos muchos lugares pero el museo Na Bolom, el parador de San Juan de Dios, la galería Eklektik, el Hotel Casa del Alma o el Hotel B¨o (de Muro Rojo, notable por su arquitectura y diseño contemporáneos), son de mención ineludible. Pronto advertimos que el diseño textil o el café son fortalezas del Estado y del País. Hicimos una ruta de iglesias llegando a un “plato fuerte” que es el ex Convento y Templo de Santo Domingo, una de las más bellas iglesias del Estado, de cierto estilo barroco que reviste su fachada y que ostenta motivos y diseños indígenas realizados en argamasa, algo impresionante.
San Juan Chamula, a unos 10 km. de San Cristóbal es habitado principalmente por Tzotziles. Se trata de un sitio que conserva las culturas y costumbres prehispánicas mezcladas con el cristianismo evangelizado por los Dominicos. El sitio de mayor interés es el interior de la iglesia, en el que se desarrollan oficios y rituales que poco tienen que ver con la liturgia católica. El ambiente interior es intenso, místico, sin bancas, con música y cantos desconcertantes, velas, hierbas, posh (aguardiente)…una atmósfera surrealista pero extrañamente sublime. Muy cerca se encuentra su panteón con el vestigio de una iglesia que resulta singular escenario de ceremonias funerarias.
Zinacantán es otra población-a unos 10 Km de San Juan Chamula-, también habitada por Tzotziles, en la que se percibe una atmosfera diferente (históricamente diplomáticos y negociadores), coloreada por mujeres ataviadas con los textiles que producen. Una alegría.
Amatenango del Valle, (rumbo a Comitán), es un poblado que produce cerámica de barro extraordinaria con unos locales comerciales a pie de carretera notables por su diseño. Queda camino a la Cascada de “El Chiflón” donde tuvimos el primer contacto con la majestuosidad de la naturaleza Chiapaneca.
Comitán, (en dirección sur hacia la frontera con Guatemala) es la tercera ciudad más importante del estado, cuna de Rosario Castellanos o de Belisario Domínguez, e independientemente de su arquitectura colonial, su gastronomía ocupó nuestra atención mayormente, que sabores.
El cañón del sumidero a 5 kms de Tuxtla Gutiérrez, de belleza imponente, remata en Chiapa de Corzo, con un ex Convento (de doble patio) y Templo Dominicos de gran belleza también, además de su muy famosa fuente de tabique que siempre nos remite a la arquitectura contemporánea de Carlos Mijares. El calor se atenúa tomando un delicioso “pozol”, bebida hecha de maíz y cacao…
Toniná, a unos 85 Km de San Cristóbal, y 10 Km del zapatista Ocosingo (hacia la Selva Lacandona), es un centro ceremonial maya de gran escala con abundantes restos arqueológicos. Lo apreciamos más gracias a la fabulosa obra de teatro “Palenque Rojo” que vimos previamente en San Cristóbal de las Casas. Excelente.
Tecpatán, a unos 90 km de Tuxtla Gutiérrez, hacia Veracruz, representó una peregrinación que nos recompensó sobradamente con el muy espectacular ex Convento Dominico, que conserva ostensiblemente su majestuosidad. Vaya patrimonio.
Tuxtla Gutiérrez, finalmente, una ciudad moderna –en franco crecimiento- que nos sorprendió con un espléndido zoológico o con el centro de convenciones de Abraham Zabludovsky.
Hasta aquí por espacio, pero no sin agradecer y reconocer la infinita hospitalidad del maestro Jaime Valls, Rector de la Universidad Autónoma de Chiapas, y de su apreciable familia. Gran paseo!
Comparto croquis de viaje.
jorge@vazquezdelmercado.com.mx | @JorgeVdM_Arq


Arquitectura religiosa
Por el Arq. Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura para el diario 24 Horas.
Fue en la Universidad, durante el séptimo semestre, cuando abordamos un proyecto para la Catedral de Atlacomulco, en el Estado de México. Allí tuvimos la suerte de conocer personalmente a Carlos Mijares (autor de la Parroquia de Ciudad Hidalgo y de una capillita magistral en el panteón de Jungapeo, ambas en Michoacán y de tabique) que amablemente nos recibió para orientarnos en nuestro proyecto de arquitectura religiosa. Nos dio una lección en cuanto a la “capacidad de la nave”, que nos preocupaba particularmente: “no importa si es una peregrinación, o si sólo hay una persona en la iglesia, debe provocar devoción y recogimiento por igual”, tan magistral lección podría ser la conclusión de la columna, pero revisemos más.
Independientemente de espléndidos ejemplos contemporáneos a nuestro alcance (en la Ciudad de México), como la Capilla de las Capuchinas en Tlalpan, de Luis Barragán; la Iglesia de la Santa Cruza en el Pedregal, de Antonio Attolini Lack; la Capilla de nuestra Señora de la Soledad, “el Altillo”, en Coyoacán, de Enrique de la Mora y Félix Candela; la Parroquia de la Divina Providencia en la Colonia del Valle, de Honorato Carrasco con Amaury Pérez; o la Iglesia de San Ignacio de Loyola en Polanco, de Juan Sordo Madaleno con Álvaro Ysita…conseguimos un librito naranja que en la portada rezaba Que Labor la del Pastor de Belén y que, aunque parecía de catecismo, resultó ser un gran documento para entender como deben diseñarse las iglesias después del Concilio Vaticano II (concluido por Paulo VI en 1965). Allí se explica espléndidamente el programa arquitectónico de una iglesia. Se trata de una obra de fray Gabriel Chávez de la Mora (Guadalajara, Jalisco 1929), arquitecto y monje Benedictino “gran jefe” de la arquitectura religiosa y del arte sacro de nuestro país.
Fray Gabriel es el primer egresado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara en 1955, año en el que ingresa al Monasterio Benedictino de Santa María de la Resurrección (Ahuacatitlán, Cuernavaca) donde proyecta y construye la primera capilla en Latinoamérica con el altar de frente, en 1957, anticipándose al Concilio Vaticano II. Además de la característica poco común de su doble vocación –arquitecto y monje-, fray Gabriel se coloca desde sus inicios como personaje de búsqueda, no simplemente como un contestatario que se opone a lo establecido, sino como una promesa de inagotable talento y visión.
A finales de los años 50 comienza la producción del trabajo artesanal que realiza en los Talleres Emaús, que desarrollaban productos artesanales y artísticos de notable calidad (plata, fierro y serigrafía), y que alcanzaron una demanda y reconocimiento tales, que llegaron a la realización numismática de las medallas que se otorgaron a los atletas en los juegos olímpicos de México1968.
Su obra arquitectónica ya es sumamente reconocida: El Monasterio Benedicto del Tepeyac (1968), hoy abadía del Tepeyac en Cuautitlán Izcalli, Estado de México; la famosísima Capilla Ecuménica de la Paz, en Las Brisas, Acapulco –una obra maestra que se reconoce en toda la bahía a través de su monumental cruz-; la Basílica de Guadalupe en colaboración con Pedro Ramírez Vázquez y José Luis Benllure; las intervenciones en las catedrales de Cuernavaca o de Zamora, o más recientemente el teatro San Benito Abad, una obra civil con la que obtiene la Medalla de Oro en la bienal de Arquitectura Jalisciense en 2001, que lo reafirma como arquitecto capaz de resolver proyectos de cualquier género y escala.
Toda su obra –arquitectura, iconografía, pintura, mobiliario, escultura, ajuares litúrgicos, cruces, cirios pascuales, sagrarios, confesionarios, orfebrería, cálices, ostensorios, insignias, vitrales, mosaicos, fierro colado, heráldica, logotipos, caligrafía y tipografías– se acomodó y cayó en su lugar con la magnífica exposición 55 años de arquitectura, que tuvo lugar en el Palacio de Bellas Artes a principios de 2010, año en el que recibió la Medalla Antonio Attolini por la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac México Sur.
@JorgeVdM_Arq